Persépolis: el palacio de los reyes del mundo

Persépolis («la ciudad de los persas» en griego) fue la capital ceremonial del Imperio Aqueménida, la construcción más ambiciosa del mundo antiguo entre las pirámides de Egipto y el Partenón de Atenas. Edificada por Darío I a partir del 518 a.C. en una terraza artificial de 125.000 metros cuadrados al pie del monte Rahmat, en el suroeste del actual Irán, Persépolis no era tanto una ciudad como un escenario monumental diseñado para un único propósito: impresionar a los embajadores de las naciones sometidas y recordarles que el Rey de Reyes gobernaba el mundo entero.

Persépolis: el Palacio de los Reyes del Mundo
Persépolis: el Palacio de los Reyes del Mundo

La terraza y la Escalinata de las Naciones

El visitante accedía a Persépolis por una doble escalinata monumental tan ancha y de peldaños tan bajos que podía subirse a caballo. Esta escalinata conducía a la Puerta de Todas las Naciones, construida por Jerjes I, flanqueada por colosos alados de piedra con cabeza de toro (lamassu) de cinco metros de altura. Las inscripciones en la puerta, escritas en persa antiguo, elamita y babilonio, declaraban: «Yo soy Jerjes, el Gran Rey, Rey de Reyes».

Los relieves de las escalinatas de la Apadana (sala de audiencias) son la obra maestra artística de Persépolis. Representan procesiones de delegados de las 23 naciones del imperio, cada uno con su vestimenta característica y sus tributos: los medos con caballos, los babilonios con toros y telas, los indios con oro, los etíopes con un okapi, los lidios con copas de oro. Los relieves son un catálogo etnográfico de una precisión asombrosa: los investigadores pueden identificar cada nación por su vestimenta, peinado y ofrendas.

La Apadana: el trono del mundo

La Apadana era el corazón de Persépolis: una sala hipóstila de 3.600 metros cuadrados con 72 columnas de 20 metros de altura coronadas por capiteles con toros arrodillados. Podía albergar a 10.000 personas. Las columnas eran tan delgadas en proporción a su altura que los ingenieros modernos se preguntan cómo los persas lograron que soportaran el peso del techo de madera de cedro importada del Líbano. La respuesta parece estar en la precisión del labrado y en el sistema de encaje de las piezas, que distribuía las fuerzas de forma óptima.

Darío construyó también el Tachara (palacio privado), revestido de piedra caliza negra pulida hasta parecer espejo, y el Tesoro, donde se almacenaba la riqueza tributaria del imperio. Las excavaciones del Instituto Oriental de Chicago en la década de 1930, dirigidas por Ernst Herzfeld y Erich Schmidt, revelaron más de 30.000 tablillas administrativas en elamita que documentan los salarios de los trabajadores de Persépolis: hombres y mujeres libres, pagados con raciones de grano, cerveza y vino según su especialización. No eran esclavos sino obreros remunerados, un detalle que contradice la imagen griega del despotismo persa.

Alejandro y la destrucción

En enero del 330 a.C., Alejandro Magno conquistó Persépolis tras derrotar a Darío III. Permitió a sus tropas saquear la ciudad durante varios días y luego incendió la Apadana y los palacios principales. Las fuentes antiguas discrepan sobre si el incendio fue un acto premeditado de venganza por la destrucción persa de la Acrópolis de Atenas en 480 a.C. (versión de Arriano) o el resultado de una borrachera en la que la cortesana ateniense Taís convenció a Alejandro de prender fuego al palacio (versión de Diodoro y Plutarco). Cualquiera que fuera la causa, el fuego destruyó los techos de madera, derribó las columnas y fundió los objetos de metal. Las marcas de fuego son todavía visibles en la piedra.

Persépolis nunca fue reconstruida. Sus ruinas permanecieron visibles durante siglos, visitadas por viajeros que las describieron con asombro. El sitio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979 y es el monumento más visitado de Irán. Los iraníes lo consideran un símbolo de la grandeza de su civilización, anterior al Islam por más de un milenio.

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Datos complementarios

La terraza artificial sobre la que se alza Persépolis mide aproximadamente 455 por 300 metros, y su construcción se prolongó durante más de sesenta años bajo tres reyes: Darío I, Jerjes I y Artajerjes I. Los capiteles de las columnas del Apadana estaban rematados con toros bicéfalos arrodillados, un motivo escultórico característico del arte aqueménida.

Las tablillas administrativas halladas en la llamada Fortaleza de Persépolis documentan que los trabajadores — hombres y mujeres libres — eran pagados con raciones de grano, cerveza y vino y en algunos casos con salarios comparables entre sexos, desmintiendo la imagen griega del despotismo persa que presentaba todo trabajo imperial como esclavitud.

Entre los trabajadores figuraban artesanos traídos desde todo el imperio: griegos jonios, fenicios, egipcios, babilonios y persas colaboraron en la construcción, lo que convierte a Persépolis en un ejemplo temprano de proyecto arquitectónico multicultural.

La fiesta del Nawruz (el Año Nuevo persa, en el equinoccio de primavera) era el gran acontecimiento ceremonial de Persépolis: los reyes y embajadores de todos los pueblos del imperio acudían a rendir homenaje al Gran Rey y presentar sus tributos anuales. El Nawruz sigue siendo hoy la fiesta más importante en Irán y en buena parte de Asia Central, lo que convierte a Persépolis en el escenario original de una tradición aún viva.