Mesoamérica: sureste de México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador
La civilización maya se extendió por la península de Yucatán, las tierras altas de Guatemala, Belice, el oeste de Honduras y el este de El Salvador, abarcando selvas tropicales, mesetas volcánicas y costas caribeñas.
- Ciudades principales: Tikal, Palenque, Copán, Chichén Itzá, Calakmul, Uxmal.
- Regiones: Tierras Bajas del norte (Yucatán), Tierras Bajas del sur (Petén) y Tierras Altas (Guatemala).
- Países actuales: México (Chiapas, Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Tabasco), Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador.
c. 2000 a.C. – 1697 d.C. (casi 4.000 años)
La civilización maya desarrolló uno de los sistemas matemáticos más avanzados del mundo antiguo: usaban el concepto del cero de forma independiente a cualquier otra cultura, calculaban el año solar con mayor precisión que el calendario juliano europeo de su época, y construyeron pirámides monumentales en la densa selva mesoamericana sin uso de metales ni ruedas. En su apogeo, el mundo maya albergaba a más de 2 millones de personas organizadas en decenas de ciudades-estado rivales y aliadas.
Los mayas habitaron la región mesoamericana durante más de tres milenios, desde aproximadamente 2000 a.C. hasta la conquista española en el siglo XVI. Su territorio abarcaba lo que hoy son el sur de México (Yucatán, Chiapas, Tabasco, Campeche y Quintana Roo), Guatemala, Belice, el oeste de Honduras y el noroeste de El Salvador. Nunca fueron un imperio unificado, sino una red de ciudades-estado con lengua, escritura y cosmovisión compartidas.
Sobre Mayas
Dioses, rituales y cosmología de los mayas
Artículos sobre Mayas
¿Dónde se ubicaron los Mayas?
El territorio maya se extendía por tres zonas geográficas diferenciadas. Las Tierras Altas del sur, en Guatemala y Chiapas, con volcanes y valles fértiles donde prosperaron ciudades como Kaminaljuyú y Copán. Las Tierras Bajas del centro, en la selva tropical del Petén guatemalteco y sur de México, donde se alzaron las grandes metrópolis del período Clásico: Tikal, Palenque, Calakmul, Caracol y Yaxchilán. Y las Tierras Bajas del norte, en la Península del Yucatán, zona más árida donde florecieron Chichén Itzá, Uxmal, Mayapán y Cobá. Todos estos centros urbanos estaban conectados por redes de sacbés (calzadas blancas) que cruzaban la selva.
Historia de los Mayas
La historia maya se divide en tres grandes períodos. El Preclásico (c. 2000 a.C.–250 d.C.) vio la consolidación de las aldeas agrícolas en ciudades, la aparición de la escritura jeroglífica y el surgimiento de grandes centros como El Mirador. El período Clásico (250–900 d.C.) fue la edad de oro: las ciudades mayas alcanzaron su máximo esplendor, con monumentales pirámides, palacios, juegos de pelota y complejos sistemas de canalización. Tikal y Calakmul lideraron dos grandes bloques de alianzas que dominaron la política maya durante siglos. Hacia el siglo IX, un colapso generalizado —combinación de sequías, guerras, agotamiento ambiental y crisis política— llevó al abandono de las grandes ciudades del sur. El período Posclásico (900–1524 d.C.) vio el resurgimiento de la cultura maya en el Yucatán, con Chichén Itzá y Mayapán como centros dominantes, hasta la llegada de los conquistadores españoles.
Legado de los Mayas
Los mayas crearon uno de los sistemas de escritura más complejos del mundo antiguo: los jeroglíficos mayas, descifrados en buena parte a partir de los años 1970, revelan una historia política, dinástica y astronómica de extraordinaria riqueza. Su calendario ritual de 260 días (tzolkin) y el solar de 365 días (haab) se combinaban en la Rueda Calendárica, un ciclo de 52 años de asombrosa precisión. En matemáticas, el concepto independiente del cero fue una revolución intelectual. Hoy, más de 6 millones de personas siguen hablando lenguas mayas en México, Guatemala y Belice, manteniendo viva una de las tradiciones culturales más longevas de América. Las pirámides de Chichén Itzá, Tikal y Palenque son Patrimonio de la Humanidad y destinos turísticos de primer orden mundial.
Los tres grandes períodos de la historia maya
La civilización maya se divide en tres grandes períodos con características muy distintas. El Período Preclásico (c. 2000 a.C. – 250 d.C.) vio el surgimiento gradual de la cultura maya a partir de las culturas olmecas y las primeras ciudades-estado con arquitectura monumental. Ya en los siglos finales del Preclásico (Preclásico Tardío, 400 a.C. – 250 d.C.), sitios como El Mirador en Guatemala alcanzaron dimensiones extraordinarias con pirámides de más de 70 metros de altura. El Período Clásico (250-900 d.C.) es la época de máximo esplendor maya: Tikal, Palenque, Copán, Calakmul, Caracol y decenas de otras ciudades florecieron con su arquitectura monumental, sus estelas jeroglíficas con fechas exactas del calendario Cuenta Larga, sus desarrollos matemáticos y astronómicos, y sus dinastías reales elaboradamente documentadas. Pero a finales del Clásico (siglos VIII-IX), estas grandes ciudades del sur fueron abandonadas en uno de los misterios históricos más intrigantes —el llamado colapso maya, probablemente causado por sequías prolongadas, conflictos bélicos y colapso ecológico—. El Período Posclásico (900-1521 d.C.) vio el traslado del centro cultural al norte de Yucatán, con Chichén Itzá y Mayapán como nuevos centros influenciados por los toltecas. Cuando los españoles llegaron en el siglo XVI, todavía había reinos mayas independientes que resistirían hasta 1697.
El desciframiento de la escritura maya
Durante 400 años, desde la conquista española hasta mediados del siglo XX, los jeroglíficos mayas fueron un enigma impenetrable. Los misioneros del siglo XVI —especialmente el obispo Diego de Landa de Yucatán— habían quemado la mayoría de los códices prehispánicos considerándolos obra del diablo, y los pocos que sobrevivieron parecían imposibles de leer. La clave del desciframiento fue el alfabeto de Landa, un intento fracasado del propio obispo de transcribir los jeroglíficos según el alfabeto latino, que resultó malinterpretado durante siglos. En 1952 el epigrafista ruso Yuri Knorozov demostró que los jeroglíficos mayas eran una escritura mixta logosilábica (combinación de signos que representan palabras enteras y signos que representan sílabas), similar al japonés moderno. Su hipótesis fue inicialmente rechazada en Occidente por razones políticas de la Guerra Fría, pero en los años 60 y 70 los trabajos de Heinrich Berlin, Tatiana Proskouriakoff, David Kelley y Linda Schele confirmaron y ampliaron sus descubrimientos. Para finales del siglo XX, la mayoría de los textos mayas conocidos podían ser leídos. El resultado fue espectacular: las estelas y los dinteles revelaron genealogías reales, fechas exactas de nacimientos, ascensos al trono, guerras, matrimonios dinásticos y alianzas entre ciudades. La historia maya dejó de ser un misterio mudo y se convirtió en la única civilización precolombina con historia documentada por sus propios escritos.
