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Cartago

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Población~700.000 solo en la capital
Extensión~1 millón km² (máximo)
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Aníbal cruzó los Alpes con 37 elefantes de guerra y derrotó a Roma en la mayor batalla de la Antigüedad: Cannae (216 a.C.).

Dónde

Túnez y el Mediterráneo occidental

Cartago, fundada por colonos fenicios de Tiro, se convirtió en la potencia dominante del Mediterráneo occidental, controlando las costas del norte de África, Cerdeña, Sicilia occidental y el sur de Hispania.

  • Capital: Cartago (actual Túnez), puerto comercial con 400.000 habitantes en su apogeo.
  • Territorios: actual Túnez, Libia occidental, Argelia oriental, Cerdeña, Ibiza, oeste de Sicilia, sur de Hispania.
  • Rivalidad: Roma y Cartago lucharon por el control del Mediterráneo en las tres Guerras Púnicas.
Duración

814 – 146 a.C. (~670 años)

Fenicia🏛️ CartagoGuerras PúnicasDestrucción romana
Antes
Colonos de Tiro fundan Cartago (814 a.C. según la tradición); la leyenda de la reina Dido.
Después
Roma destruye Cartago en 146 a.C.; Escipión Emiliano arrasa la ciudad y siembra sal sobre sus ruinas.

Cartago fue la ciudad más rica del mundo mediterráneo durante siglos y el único poder capaz de desafiar a Roma por el dominio del mundo: el general cartaginés Aníbal Barca cruzó los Alpes con elefantes de guerra y durante quince años (218–203 a.C.) devastó Italia, derrotando a los romanos en batallas épicas como Trebia, Lago Trasimeno y Cannas, donde en un solo día mató a más de 50.000 legionarios romanos —la mayor derrota militar de Roma en toda su historia. Pese a todo, Roma sobrevivió y Cartago fue arrasada hasta los cimientos en 146 a.C., convirtiéndose en el símbolo definitivo de una civilización destruida.

Cartago (Qart Hadasht en fenicio, «la ciudad nueva») fue fundada por colonos fenicios de Tiro, según la tradición en 814 a.C., en el actual Túnez, cerca de la moderna ciudad de Túnez. Desde allí construyó un imperio comercial y naval que dominó el Mediterráneo occidental durante siglos, incluyendo el norte de África, Sicilia, Cerdeña, Córcega y partes de la Península Ibérica, hasta su destrucción definitiva por Roma en la Tercera Guerra Púnica.

Sobre Cartago

Artículos sobre Cartago

¿Dónde se ubicó Cartago?

La ciudad de Cartago se hallaba en la costa noreste del actual Túnez, en una península que se adentra en el Mediterráneo cerca del actual Túnez capital, con el golfo de Cartago al norte y el lago de Túnez al sur. Su posición era estratégica: a solo 140 km de Sicilia, controlaba el paso entre el Mediterráneo oriental y el occidental. El territorio cartaginés (llamado el «país» o Africa Propria) se extendía por el norte de Túnez y el noreste de Argelia. Pero el imperio colonial cartaginés era mucho más vasto: abarcaba toda la costa norteafricana desde Libia hasta Marruecos, las islas de Cerdeña, Córcega y la mitad occidental de Sicilia, las islas maltesas y el sur y sureste de la Península Ibérica (con centros como Qart Hadasht/Cartagena y Gádir/Cádiz). La flota de guerra cartaginesa, con sus quinquerremes, dominaba el Mediterráneo occidental y vigilaba el estrecho de Gibraltar.

Vista aérea de las ruinas de Cartago
Vista aérea del área de Cartago (actual Túnez). Fuente: Wikimedia Commons

Historia de Cartago

Fundada por colonos tirios (fenicios) hacia 814 a.C., Cartago creció hasta convertirse en la ciudad más grande y rica del Mediterráneo occidental. En los siglos VI–V a.C. estableció tratados comerciales con Roma y expandió su control sobre Sicilia y el norte de África. El explorador Hannón (c. 500 a.C.) realizó una expedición a lo largo de la costa oeste de África, posiblemente llegando hasta Camerún o Guinea. La primera Guerra Púnica (264–241 a.C.) enfrentó a Cartago con Roma por el control de Sicilia, y Cartago la perdió, cediendo también Cerdeña y Córcega. La Segunda Guerra Púnica (218–201 a.C.) fue protagonizada por Aníbal Barca, que cruzó los Alpes y durante 15 años mantuvo a Roma al borde del colapso, pero fue finalmente derrotado en Zama (202 a.C.) por Escipión Africano. La Tercera Guerra Púnica (149–146 a.C.) terminó con el asedio y destrucción total de Cartago: la ciudad fue arrasada, su población vendida como esclava y su territorio convertido en la provincia romana de Africa. La famosa frase «Delenda est Carthago» (Cartago debe ser destruida), que el senador Catón el Viejo repetía al final de cada discurso, resume el temor y el odio que Roma sentía por su eterno rival.

Legado de Cartago

A pesar de su destrucción, el legado de Cartago es significativo. La civilización púnica (como se conoce la cultura cartaginesa) dejó su huella en toda el norte de África y el Mediterráneo occidental: la lengua púnica sobrevivió en el norte de África hasta al menos el siglo V d.C., cuando San Agustín (él mismo de origen bereber) la menciona como hablada por los campesinos. La figura de Aníbal Barca sigue siendo considerada uno de los mayores estrategas militares de toda la historia. Las técnicas agrícolas cartaginesas fueron tan avanzadas que Roma tradujo el tratado agronómico de Magón al latín para uso de sus propios agricultores. La ciudad de Cartago fue refundada como colonia romana y se convirtió en la tercera ciudad más grande del Imperio, un activo centro cultural del que emergieron figuras como Tertuliano, San Cipriano y el propio San Agustín. Las ruinas de la antigua Cartago, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, siguen siendo uno de los grandes sitios arqueológicos del mundo mediterráneo.

Las Guerras Púnicas y el choque con Roma

El destino de Cartago estuvo marcado durante casi todo su último siglo por el conflicto con Roma. Las Guerras Púnicas —tres conflictos entre 264 y 146 a.C.— enfrentaron a las dos grandes potencias del Mediterráneo occidental. La Primera Guerra Púnica (264-241 a.C.) fue el conflicto más largo sin interrupción de la Antigüedad: 23 años por el control de Sicilia, durante los cuales Roma tuvo que inventarse una flota desde cero. Terminó con la pérdida cartaginesa de Sicilia, la primera provincia romana fuera de Italia. La Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.) fue la más dramática: el joven general cartaginés Aníbal Barca cruzó los Alpes con elefantes, apareció en Italia por sorpresa y aniquiló tres ejércitos romanos (Trebia, Trasimeno, Cannas). Durante 15 años, Aníbal recorrió Italia invicto, pero no pudo tomar Roma ni romper la confederación italiana. Fue finalmente derrotado en 202 a.C. por Escipión el Africano en la batalla de Zama, cerca de la propia Cartago. La Tercera Guerra Púnica (149-146 a.C.) fue un asedio puramente destructivo: las legiones romanas, impulsadas por Catón el Viejo con su famoso «Carthago delenda est», asediaron la ciudad durante tres años y finalmente la arrasaron hasta los cimientos, vendiendo a los 50.000 supervivientes como esclavos. La Cartago fenicio-púnica dejó de existir.

La civilización púnica: más allá de los estereotipos

Durante dos milenios, la imagen de Cartago ha estado dominada por la propaganda romana: bárbaros comerciantes codiciosos, sacrificadores de niños, traicioneros punica fides. Esta imagen fue heredada acríticamente por la tradición occidental. La arqueología moderna y los estudios recientes están matizando considerablemente esta visión. Cartago fue ante todo una gran ciudad comercial cosmopolita, cuya red mercantil se extendía desde el Levante fenicio hasta Britania (a donde iban sus mercaderes a comprar estaño). Su sistema político era una república oligárquica con magistrados electos, senado y asamblea popular —el filósofo griego Aristóteles, en su Política, la elogió como uno de los ejemplos de buena constitución, comparable a las mejores griegas—. Su literatura, perdida casi totalmente en la destrucción del 146 a.C. y en los saqueos posteriores, incluía tratados agronómicos como el de Magón que fueron tan respetados que el propio Senado romano ordenó conservarlos y traducirlos al latín después de destruir la ciudad. Su religión era compleja y sofisticada, aunque los sacrificios infantiles del mulk —parcialmente confirmados por la arqueología de los tofets— siguen siendo una característica siniestra. El estudio moderno de Cartago, libre de los prejuicios romanos, revela una civilización rica, culta y poderosa que mereció su lugar como rival de Roma por el dominio del Mediterráneo.

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