Tokugawa Ieyasu: el shōgun que unificó Japón y cerró el país 250 años

El 21 de octubre de 1600, en un valle brumoso del centro de Japón llamado Sekigahara, dos ejércitos de más de 80.000 hombres cada uno se enfrentaron bajo la lluvia. La batalla duró apenas seis horas. Cuando el humo se disipó, un daimyo cincuentón, obeso y paciente que hasta ese día llevaba 55 años jugando a la política con la prudencia de un campesino astuto había ganado el control efectivo de Japón. Se llamaba Tokugawa Ieyasu, fundaría el shogunato Tokugawa en 1603 y su dinastía gobernaría el archipiélago hasta 1868: 265 años de paz interior, aislamiento internacional y transformación social sin precedentes en la historia de Asia oriental.

Retrato De Tokugawa Ieyasu
Retrato De Tokugawa Ieyasu

Hay un proverbio japonés que resume a los tres unificadores del siglo XVI: «Nobunaga amasa el arroz, Hideyoshi hornea el pastel, y Ieyasu se lo come». Oda Nobunaga empezó la unificación, Toyotomi Hideyoshi la consolidó, y Tokugawa Ieyasu —que había sido rehén, aliado y vasallo de ambos— recogió los frutos cuando ambos estaban muertos. No hay mejor síntesis de cómo funciona la paciencia en la alta política japonesa.

Del rehén niño al señor de Mikawa

Ieyasu nació el 31 de enero de 1543 en el castillo de Okazaki, en la provincia de Mikawa, con el nombre de Matsudaira Takechiyo. Era hijo de un pequeño daimyo atrapado entre dos potencias rivales, los Imagawa al este y los Oda al oeste. Con seis años fue enviado como rehén —práctica habitual en Japón para garantizar lealtad— al clan Imagawa, pero los Oda lo secuestraron en el camino y pasó dos años prisionero en Nagoya. Luego volvió a los Imagawa, donde creció educado como samurái en la corte de Sunpu. Se decía que jugaba al ajedrez japonés (shōgi) y que cazaba con halcones, una afición que conservaría hasta el final de su vida.

En 1560, cuando el joven Oda Nobunaga derrotó y mató a Imagawa Yoshimoto en la batalla de Okehazama, Ieyasu —con 17 años— aprovechó para romper con los Imagawa, recuperar su castillo de Okazaki y aliarse con Nobunaga. Esa alianza, que duraría 22 años hasta la muerte de Nobunaga en 1582, fue la base de todo lo que vendría. Ieyasu consolidó Mikawa, cambió su apellido a Tokugawa para invocar un linaje nobiliario prestigioso y se convirtió en uno de los vasallos más fieles del unificador.

Sobreviviendo a Nobunaga y a Hideyoshi

Cuando Nobunaga fue traicionado y se suicidó en Honnō-ji en 1582, el generalísimo Toyotomi Hideyoshi —un campesino brillante convertido en samurái— asumió el liderazgo de la unificación. Ieyasu no se opuso: prefirió negociar, ceder territorio y esperar. En 1590, Hideyoshi le ofreció un trato venenosamente astuto: cederle las enormes y conflictivas ocho provincias del Kantō, alrededor de una aldea pesquera llamada Edo, a cambio de renunciar a Mikawa y sus provincias tradicionales. Ieyasu aceptó sin rechistar.

Fue la decisión más afortunada de su vida. El Kantō era enorme, fértil y estaba lejos de Kioto, lo que le permitió construir una base de poder autónoma fuera del control directo de Hideyoshi. Durante los 10 años siguientes, mientras Hideyoshi se desgastaba en sus dos invasiones fracasadas de Corea (1592 y 1597), Ieyasu fortificó Edo —la futura Tokio—, desarrolló la agricultura del Kantō, rellenó pantanos con la tierra de los cerros y creó la infraestructura de la ciudad que 400 años más tarde sería la mayor aglomeración urbana del mundo.

Sekigahara: la batalla que decidió 250 años

Hideyoshi murió en 1598 dejando un heredero de cinco años, Toyotomi Hideyori, y un consejo de cinco regentes del que Ieyasu era el más poderoso. En cuanto Hideyoshi cerró los ojos, los regentes se dividieron en dos bandos: Ieyasu y sus aliados del este (el «Ejército del Este») contra Ishida Mitsunari y los fieles al hijo de Hideyoshi (el «Ejército del Oeste»). El choque llegó el 21 de octubre de 1600 en el paso de Sekigahara, en la provincia de Mino.

El Ejército del Oeste contaba con unos 80.000-120.000 hombres, el del Este con cifras parecidas. Durante horas, la batalla pareció equilibrada. Entonces, hacia mediodía, el daimyo Kobayakawa Hideaki, que había sido sobornado en secreto por Ieyasu, abandonó su posición en una colina y atacó a sus supuestos aliados por el flanco. Otros tres contingentes occidentales siguieron su ejemplo. El frente del oeste se desmoronó. Ishida Mitsunari fue capturado días después y decapitado en Kioto. Sekigahara es considerada la batalla más decisiva de la historia de Japón: acabó con el linaje de Hideyoshi y abrió el camino para el shogunato Tokugawa.

1603: el título de shōgun y la nueva capital

En 1603, el emperador Go-Yōzei concedió a Ieyasu el título de sei-i taishōgun («gran general que somete a los bárbaros»), reactivando una dignidad medieval que llevaba vacante décadas. Ieyasu trasladó el centro efectivo de gobierno a Edo, manteniendo Kioto como capital imperial ceremonial. Inició la construcción del colosal castillo de Edo, diseñó una red de carreteras estatales (las Cinco Rutas, con el célebre Tōkaidō como eje) y empezó a imponer el sistema del sankin-kōtai, por el cual cada daimyo estaba obligado a pasar años alternos en Edo dejando a su familia allí como rehén —una forma elegante de control político.

Santuario Nikkō Tōshō-gū, mausoleo de Tokugawa Ieyasu
Santuario Nikkō Tōshō-gū, mausoleo del shōgun Tokugawa Ieyasu en Nikkō, Japón. Patrimonio de la Humanidad UNESCO. Wikimedia Commons — CC BY-SA.

En 1605, solo dos años después de recibir el título, Ieyasu abdicó formalmente a favor de su hijo Tokugawa Hidetada para asegurar la sucesión dinástica. Siguió gobernando en la sombra desde Sunpu hasta el final: el asunto pendiente era Toyotomi Hideyori, ya adulto y encerrado en el castillo de Osaka con su madre. En 1614 y 1615, Ieyasu le hizo dos asedios sucesivos. El castillo de Osaka cayó el 5 de junio de 1615 y Hideyori se suicidó junto a su familia. Con él desaparecía la última amenaza al dominio Tokugawa.

La clausura de Japón y los 265 años de paz

Ieyasu murió el 1 de junio de 1616, a los 73 años, en Sunpu, probablemente de cáncer. Sus restos fueron enterrados primero en el monte Kunō y luego trasladados, como él había dispuesto, al extraordinario santuario de Nikkō Tōshō-gū, una explosión dorada de madera lacada donde se le veneró como gongen, avatar búdico. El santuario, Patrimonio de la Humanidad desde 1999, sigue siendo uno de los monumentos más visitados de Japón.

La herencia política de Ieyasu se concretó en las décadas siguientes bajo sus sucesores: la consolidación del sakoku —la política de aislamiento que entre 1633 y 1854 prohibió a los japoneses salir del país y cerró los puertos a casi todos los extranjeros salvo una pequeña factoría holandesa en Dejima (Nagasaki)—, la persecución del cristianismo, la codificación de las clases sociales y el sistema del bakuhan. Japón vivió 265 años prácticamente sin guerras internas, un récord extraordinario en la historia universal, durante los cuales floreció una cultura urbana propia: el ukiyo-e, el kabuki, Bashō y el haiku, los comerciantes de Osaka, los barrios de placer y las escuelas de arte de Edo.

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Preguntas frecuentes sobre Tokugawa Ieyasu

¿Quién fue Tokugawa Ieyasu?

Un daimyo japonés nacido en 1543 que fundó el shogunato Tokugawa en 1603, el tercer y último gobierno militar feudal de Japón. Tras derrotar a sus rivales en la batalla de Sekigahara (1600), unificó el país y su dinastía gobernó desde Edo (la actual Tokio) durante 265 años, hasta la Restauración Meiji en 1868.

¿Qué fue la batalla de Sekigahara?

El choque militar decisivo del 21 de octubre de 1600 entre el Ejército del Este, liderado por Ieyasu, y el Ejército del Oeste, fiel al heredero de Toyotomi Hideyoshi. La traición a medio combate del daimyo Kobayakawa Hideaki, sobornado en secreto por Ieyasu, inclinó la balanza y decidió el control político de Japón para los siguientes 250 años.

¿Por qué eligió Edo como capital?

Cuando Hideyoshi lo obligó en 1590 a cambiar sus provincias tradicionales por el entonces remoto Kantō, Ieyasu fijó su base en Edo —una pequeña aldea pesquera— porque el alejamiento de Kioto le permitía construir un poder autónomo. Allí fortificó un castillo y desarrolló la infraestructura que más tarde convertiría a Edo en el centro efectivo de gobierno y en la futura Tokio.

¿Qué es el shōgun y qué poderes tenía?

El título completo, sei-i taishōgun («gran general que somete a los bárbaros»), era una dignidad que el emperador concedía al jefe militar que gobernaba de facto el país. El emperador conservaba su papel ceremonial en Kioto, pero el shōgun —desde su bakufu en Edo— dirigía la política, la guerra y las relaciones con los daimyos. Ieyasu recibió el título en 1603 y lo hizo hereditario.

¿Por qué se dice que Japón se «cerró» con los Tokugawa?

Porque sus sucesores, entre 1633 y 1639, promulgaron los edictos del sakoku que prohibieron a los japoneses salir del país, expulsaron a los misioneros cristianos y cerraron los puertos a casi todos los extranjeros salvo una pequeña factoría holandesa en Dejima (Nagasaki) y comerciantes chinos y coreanos restringidos. El aislamiento duró 215 años, hasta la llegada del comodoro Perry en 1854.

¿Dónde está enterrado?

En el santuario de Nikkō Tōshō-gū, al norte de Tokio, un complejo barroco de madera lacada con ornamentación dorada que sus sucesores construyeron para venerarlo como deidad. Está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1999 y sigue siendo uno de los monumentos más visitados de Japón.