Boudica: la reina celta que incendió la Britania romana

Boudica es la reina guerrera más famosa de la Antigüedad: una noble celta de la tribu de los icenos que en el año 60-61 d.C. lideró la mayor rebelión contra el dominio romano en Britania, arrasando tres ciudades —incluida Londinium, la futura Londres— y matando entre 70.000 y 80.000 personas según las fuentes romanas. Su historia es la de una mujer que fue brutalmente humillada por Roma y que respondió con una furia que estuvo a punto de expulsar a las legiones de la isla. Hoy, una estatua de Boudica en su carro de guerra se alza junto al Parlamento británico, a orillas del Támesis.

Boudica: la Reina Celta Que Incendió la Britania Romana
Boudica: la Reina Celta Que Incendió la Britania Romana

Los icenos y la provocación romana

Los icenos eran una tribu celta que habitaba la actual región de Norfolk y Suffolk, en el este de Inglaterra. Su rey, Prasutagus, esposo de Boudica, había mantenido una alianza con Roma como reino cliente: conservaba su autonomía a cambio de lealtad al emperador. Cuando Prasutagus murió hacia el año 60 d.C., dejó un testamento que dividía su reino entre sus dos hijas y el emperador Nerón, esperando que esta concesión garantizara la supervivencia del reino. Roma tenía otros planes.

Los funcionarios romanos ignoraron el testamento, anexaron el territorio iceno, confiscaron las propiedades de la nobleza tribal y trataron a los icenos como pueblo conquistado. Según Tácito, Boudica fue públicamente azotada y sus dos hijas violadas por soldados romanos. Los veteranos del ejército asentados en Camulodunum (Colchester) expulsaron a los britanos de sus tierras y los trataron como esclavos. La combinación de humillación personal, expropiación económica y abuso sexual creó una situación explosiva que solo necesitaba una chispa.

La rebelión: tres ciudades en llamas

Boudica reunió a los icenos y a sus vecinos los trinovantes, formando un ejército que las fuentes romanas cifran en más de 100.000 guerreros (probablemente exagerado, pero sin duda masivo). Su primer objetivo fue Camulodunum, la capital de la Britania romana, sede del Templo de Claudio y símbolo de la dominación romana. La ciudad, inexplicablemente sin murallas, fue tomada en dos días. Los defensores se refugiaron en el templo, que fue asaltado e incendiado. Los arqueólogos han encontrado una capa de ceniza y escombros quemados bajo el actual Colchester que confirma la destrucción total.

La Legión IX Hispana, enviada como refuerzo, fue emboscada y aniquilada parcialmente: solo la caballería logró escapar. Boudica marchó entonces sobre Londinium (Londres), un centro comercial floreciente de unos 30.000 habitantes. El gobernador Suetonio Paulino, que regresaba a marchas forzadas desde la campaña en Anglesey, llegó a Londres pero concluyó que la ciudad era indefendible y la evacuó. Boudica la incendió. La capa de ceniza roja (la «capa de Boudica») ha sido encontrada por los arqueólogos a tres metros bajo el nivel de las calles actuales de la City de Londres. Verulamium (St Albans) corrió la misma suerte.

La batalla final y la muerte de una reina

Suetonio Paulino eligió cuidadosamente el lugar de la batalla decisiva: un desfiladero con un bosque a la espalda que impedía el envolvimiento y canalizaba al ejército britano hacia el frente romano. Con unos 10.000 legionarios, Paulino enfrentó a un ejército celta que Dión Casio cifra en 230.000 (una cifra que incluía mujeres y niños que habían seguido al ejército en carros). Los britanos cargaron cuesta arriba contra la formación romana; los legionarios lanzaron sus jabalinas, formaron la tortuga y avanzaron en cuña.

La disciplina romana prevaleció. Los celtas, hacinados en el desfiladero, no podían usar su superioridad numérica. Cuando intentaron retirarse, los carros de sus propias familias, estacionados a la retaguardia, bloquearon la huida. La masacre fue espantosa: Tácito habla de 80.000 britanos muertos frente a 400 romanos (cifra esta última probablemente mínima). Boudica, según la tradición, se envenenó para evitar ser capturada. Dión Casio dice que enfermó y murió, y que recibió un entierro suntuoso. Su tumba nunca ha sido encontrada.

Del olvido al símbolo nacional

Boudica fue olvidada durante más de mil años hasta que los textos de Tácito y Dión Casio fueron redescubiertos en el Renacimiento. La era victoriana la convirtió en heroína nacional: el nombre Boudica (que significa «victoria» en celta) resonaba con el de la reina Victoria, y los británicos veían en ella un símbolo de resistencia contra la tiranía. Thomas Thornycroft esculpió la estatua de Boudica con sus hijas en un carro con cuchillas en las ruedas (un detalle históricamente dudoso) que se instaló junto al Puente de Westminster en 1902.

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