A pocos kilómetros de Persépolis, en el corazón del moderno Irán, un acantilado de piedra caliza rosada se alza como un libro abierto de la historia persa. En sus paredes están talladas las tumbas de cuatro grandes reyes aqueménidas —Darío I, Jerjes I, Artajerjes I y Darío II— y una serie de espectaculares relieves sasánidas que celebran las victorias de los reyes de Persia sobre los emperadores romanos. Este lugar, conocido como Naqsh-e Rostam («los retratos de Rostam», en referencia al héroe mitológico persa), es uno de los sitios arqueológicos más impresionantes del mundo antiguo y un testimonio monumental del poder imperial persa a lo largo de más de mil años de historia.

Ubicación y nombre: el significado de Naqsh-e Rostam
Naqsh-e Rostam se encuentra a unos seis kilómetros al noroeste de Persépolis, en la provincia iraní de Fars, la cuna histórica del pueblo persa. El nombre actual del sitio proviene de una interpretación medieval errónea: cuando los árabes conquistaron Persia en el siglo VII d.C., los habitantes locales olvidaron la identidad original de los reyes representados y atribuyeron las figuras a Rostam, el héroe invencible del Shahnameh (el libro épico persa compuesto por Ferdowsi hacia el año 1000). De ahí el nombre: «los retratos de Rostam». En realidad, ni los reyes aqueménidas ni los monarcas sasánidas tenían relación con Rostam, pero el nombre se mantuvo y aún se usa. Los persas antiguos probablemente llamaban al lugar por otro nombre que no ha llegado hasta nosotros.
Las cuatro tumbas aqueménidas: arquitectura y simbolismo
Las cuatro tumbas están talladas a gran altura en el acantilado, con sus fachadas formando una imponente cruz griega de casi 23 metros de alto. La forma cruciforme no es casual: simboliza los cuatro puntos cardinales del mundo que el rey persa gobernaba. La parte superior de cada cruz muestra al rey fallecido de pie frente a un altar de fuego, con el símbolo alado de Ahura Mazda (el dios supremo zoroástrico) flotando sobre él. Bajo el rey, se extiende un trono sostenido por 28 figuras que representan a los pueblos sometidos del imperio, cada uno con su vestimenta característica. La parte horizontal central de la cruz contiene una columnata estilizada con dos columnas de capitel doble-toro, imitando la fachada del palacio real. La puerta de acceso se encuentra en el centro: una abertura pequeña que conduce a la cámara funeraria interior, donde estaban depositados los sarcófagos reales. Los reyes creían que la tumba debía estar elevada sobre la tierra para acercarla al cielo y al dios Ahura Mazda.
La tumba de Darío I: iconografía del rey ideal
La tumba central, la más al oeste, es la del gran rey Darío I el Grande (522-486 a.C.), el arquitecto del Imperio Aqueménida. Lo sabemos con certeza porque una inscripción en persa antiguo, elamita y acadio (la llamada DNa) identifica al propietario con estas palabras grabadas en la piedra: «Yo soy Darío, el gran rey, rey de reyes, rey de países, hijo de Histaspes, un Aqueménida, persa, hijo de persa, ario, de estirpe aria». La iconografía de la fachada se convirtió en el modelo para todas las tumbas aqueménidas posteriores: los reyes que le sucedieron —Jerjes I (que ordenó la invasión de Grecia), Artajerjes I y Darío II— copiaron fielmente el diseño de la tumba de Darío, cambiando únicamente sus propios nombres y los relieves menores. Esta estandarización revela una ideología política deliberada: el rey persa no era un individuo, sino la encarnación del rey ideal, eterno e invariable.
Los relieves sasánidas: el triunfo de Shapur I sobre los emperadores romanos
Siete siglos después de los aqueménidas, la dinastía sasánida (224-651 d.C.) —que se consideraba heredera directa de los aqueménidas— eligió Naqsh-e Rostam como escenario para proclamar sus propias victorias. En el siglo III d.C., el rey sasánida Shapur I ordenó tallar en las paredes del mismo acantilado enormes relieves celebrando su triunfo sobre tres emperadores romanos consecutivos: Gordiano III, Felipe el Árabe y Valeriano. El relieve más famoso muestra a Shapur a caballo, mientras Felipe el Árabe se arrodilla ante él suplicando la paz y Valeriano aparece aprisionado por la muñeca. Es una de las escenas más humillantes jamás talladas contra el Imperio Romano. La batalla histórica en la que Valeriano fue capturado ocurrió en Edesa en el año 260 d.C., y es la única vez en la historia romana que un emperador fue tomado prisionero en combate y murió en cautiverio.
El Ka’ba-ye Zartosht: la torre misteriosa
Frente al acantilado, al pie de las tumbas reales, se alza una torre cuadrada de piedra de unos 12 metros de altura conocida como Ka’ba-ye Zartosht («el cubo de Zoroastro»), aunque no tiene relación con Zoroastro. Su función exacta sigue siendo objeto de debate entre los arqueólogos: algunos la consideran un templo del fuego zoroástrico, otros un mausoleo real alternativo, otros un archivo donde se guardaban documentos sagrados y, finalmente, algunos proponen que era una torre astronómica para las observaciones ceremoniales del calendario. Lo que sí se sabe con seguridad es que en el siglo III d.C. Shapur I ordenó grabar en sus paredes una larga inscripción en tres lenguas (persa medio, parto y griego) conocida como la Res Gestae Divi Saporis, «los hechos del divino Shapur», que registra en detalle sus campañas militares, sus esposas, hijos, nobles y las regiones conquistadas. Es uno de los textos epigráficos más importantes de la antigüedad persa.

Descubrimientos arqueológicos y estado de conservación
Naqsh-e Rostam fue conocido por los viajeros europeos desde el siglo XVII, pero la excavación científica comenzó a principios del siglo XX. Las tumbas han sufrido daños por terremotos, erosión y saqueos antiguos: las cámaras funerarias fueron vaciadas ya en época aqueménida tardía o helenística, probablemente por Alejandro Magno o sus sucesores. En los años 30 del siglo XX, el arqueólogo alemán Erich Schmidt, trabajando para el Oriental Institute de Chicago, realizó excavaciones y documentaciones exhaustivas del sitio. Hoy Naqsh-e Rostam forma parte del conjunto patrimonial de Persépolis, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979, y es uno de los destinos turísticos y arqueológicos más importantes de Irán. Cada año miles de visitantes recorren el acantilado para contemplar las tumbas de los reyes que, hace 2.500 años, gobernaron el mayor imperio del mundo conocido.
Significado histórico: Naqsh-e Rostam como símbolo del poder persa
Pocos lugares del mundo concentran en tan pocos metros cuadrados un arco narrativo histórico tan largo. Naqsh-e Rostam es simultáneamente la necrópolis de los reyes que crearon el Imperio Persa (siglo VI a.C.) y el escenario donde sus descendientes políticos —los sasánidas, siete siglos después— reclamaron su herencia humillando a los emperadores romanos. Ningún otro lugar del mundo antiguo combina con tal contundencia la iconografía imperial, la teología zoroástrica, la epigrafía trilingüe y el paisaje monumental. Para los persas modernos, es un punto de orgullo nacional y la prueba tangible de que Irán fue, antes que muchas otras naciones, el centro de un imperio universal. Las fotografías de las tumbas aparecen en los libros de texto iraníes, en los billetes de riales y en la iconografía oficial de la República Islámica, que —pese a su ideología religiosa islámica— reconoce Naqsh-e Rostam como parte del patrimonio nacional.
Curiosidades
- El nombre «Naqsh-e Rostam» es un error medieval: cuando los persas olvidaron que los relieves representaban a reyes históricos, los atribuyeron al héroe mitológico Rostam del Shahnameh.
- La tumba de Darío I incluye una inscripción trilingüe (persa antiguo, elamita y acadio) donde el rey se presenta a sí mismo como «hijo de persa, ario, de estirpe aria».
- En el año 260 d.C., el emperador romano Valeriano fue capturado vivo en la batalla de Edesa por el rey sasánida Shapur I. Es la única vez en la historia que un emperador romano murió en cautiverio enemigo, y Shapur lo celebró tallándolo en Naqsh-e Rostam.
- La torre Ka’ba-ye Zartosht contiene la inscripción Res Gestae Divi Saporis, el relato más completo que tenemos de las campañas militares persas contra Roma en el siglo III d.C., grabado en persa medio, parto y griego.
- Las cámaras funerarias de las cuatro tumbas aqueménidas fueron saqueadas probablemente por los soldados de Alejandro Magno durante su invasión de Persia en el 330 a.C., cuando quemó Persépolis en represalia por la destrucción de Atenas.
Preguntas frecuentes
¿Qué es Naqsh-e Rostam?
Naqsh-e Rostam es un sitio arqueológico en el sur de Irán, cerca de Persépolis, donde están talladas las tumbas de cuatro reyes aqueménidas (Darío I, Jerjes I, Artajerjes I y Darío II) junto con varios relieves sasánidas del siglo III d.C. Es uno de los monumentos más importantes de la antigua Persia.
¿Qué reyes están enterrados en Naqsh-e Rostam?
Las cuatro tumbas pertenecen a Darío I el Grande (522-486 a.C.), su hijo Jerjes I (486-465 a.C.), Artajerjes I (465-424 a.C.) y Darío II (423-404 a.C.). Solo la tumba de Darío I tiene una inscripción identificatoria clara; las otras se atribuyen por contexto y estilo.
¿Cómo son las tumbas aqueménidas?
Son fachadas monumentales en forma de cruz griega talladas en un acantilado vertical. En la parte superior aparece el rey ante un altar de fuego con el símbolo de Ahura Mazda; en la parte central, una columnata estilizada y una puerta pequeña que conduce a la cámara funeraria interior.
¿Qué es la torre Ka’ba-ye Zartosht?
Es una torre cuadrada de piedra de 12 metros frente a las tumbas aqueménidas, cuya función exacta sigue en debate (templo del fuego, archivo, torre astronómica). Contiene la famosa inscripción trilingüe Res Gestae Divi Saporis del rey sasánida Shapur I.
¿Quién fue Shapur I y qué hizo en Naqsh-e Rostam?
Shapur I fue un rey sasánida del siglo III d.C. que derrotó a tres emperadores romanos consecutivos. Ordenó tallar varios relieves en Naqsh-e Rostam mostrando a Valeriano arrodillado ante él y a Felipe el Árabe suplicando la paz, una de las imágenes más humillantes jamás talladas contra Roma.
