Buda: el príncipe que renunció a todo para encontrar la verdad

Siddhartha Gautama (c. 563-483 a.C.), conocido como Buda («el Despierto»), es una de las figuras más influyentes de la historia de la humanidad. Un príncipe que renunció a la riqueza, el poder y los placeres para buscar la respuesta al sufrimiento humano, y que encontró esa respuesta sentado bajo un árbol en el norte de la India hace veinticinco siglos. Su enseñanza no se basaba en la fe en un dios sino en la observación directa de la mente, una aproximación tan radicalmente empírica que algunos la consideran más una filosofía que una religión. Hoy, más de 500 millones de personas en todo el mundo se consideran budistas.

Buda: el Príncipe Que Renunció a Todo Para Encontrar la Verdad
Buda: el Príncipe Que Renunció a Todo Para Encontrar la Verdad

El príncipe en la jaula de oro

Siddhartha nació en Lumbini (actual Nepal) como heredero del clan Shakya, una aristocracia guerrera que gobernaba un pequeño territorio en las estribaciones del Himalaya. Según la tradición, su padre Suddhodana, alarmado por una profecía que decía que su hijo se convertiría en un gran rey o en un gran renunciante, decidió encerrarlo en un mundo de placer absoluto para evitar que viera el sufrimiento. Siddhartha creció rodeado de lujos, casado con la princesa Yasodhara y padre de un hijo, Rahula, sin conocer la enfermedad, la vejez ni la muerte.

La tradición budista narra que, a los 29 años, Siddhartha salió del palacio cuatro veces y vio por primera vez a un anciano, a un enfermo, a un cadáver y a un asceta errante. Estos «cuatro encuentros» le revelaron que el sufrimiento era universal e inevitable, y que existía un camino de búsqueda espiritual. Esa noche abandonó el palacio, a su esposa y a su hijo recién nacido, se cortó el cabello y se vistió con harapos. La «Gran Renuncia» es el momento fundacional del budismo.

Seis años de búsqueda: del ascetismo extremo al Camino Medio

Siddhartha pasó seis años como asceta errante, probando todas las prácticas espirituales disponibles en la India de su tiempo. Estudió con dos maestros de meditación, Alara Kalama y Uddaka Ramaputta, alcanzando los estados meditativos más elevados que enseñaban, pero concluyó que la meditación sola no resolvía el problema del sufrimiento. Se unió a un grupo de cinco ascetas y practicó mortificaciones extremas: ayunos prolongados hasta el punto de poder tocarse la columna vertebral a través del abdomen, retención de la respiración hasta perder el conocimiento, exposición al frío y al calor.

Tras años de austeridades que casi lo mataron, Siddhartha comprendió que el ascetismo extremo era tan inútil como el lujo extremo: ambos eran formas de obsesión que alejaban de la verdad. Aceptó un cuenco de arroz con leche ofrecido por una joven llamada Sujata, recuperó fuerzas y se sentó bajo una higuera (el famoso árbol Bodhi) en Bodh Gaya con la determinación de no levantarse hasta encontrar la respuesta. En la noche de luna llena del mes de Vesak, tras una noche de meditación profunda en la que, según la tradición, venció las tentaciones del demonio Mara, alcanzó el nirvana: la comprensión completa de la naturaleza del sufrimiento y el camino para su extinción.

Las Cuatro Nobles Verdades y el Noble Óctuple Sendero

La enseñanza central de Buda se resume en las Cuatro Nobles Verdades: la vida implica sufrimiento (dukkha); el sufrimiento tiene una causa, que es el deseo y el apego (tanha); es posible cesar el sufrimiento; y el camino para hacerlo es el Noble Óctuple Sendero. Este sendero prescribe la visión correcta, la intención correcta, el habla correcta, la acción correcta, el modo de vida correcto, el esfuerzo correcto, la atención correcta y la concentración correcta.

Lo revolucionario de la enseñanza de Buda era su empirismo radical. Buda no exigía fe ciega: invitaba a sus seguidores a verificar sus enseñanzas por experiencia propia. «No aceptéis nada por tradición, por autoridad, por escrituras, por razonamiento, ni porque un maestro lo diga. Cuando sepáis por vosotros mismos que algo es perjudicial, abandonadlo; cuando sepáis que algo es beneficioso, aceptadlo y vivid de acuerdo con ello.» Esta actitud lo distingue radicalmente de los fundadores de otras tradiciones religiosas.

Cuarenta y cinco años de enseñanza

Buda dedicó los últimos 45 años de su vida a enseñar, recorriendo a pie el noreste de la India con una comunidad creciente de monjes y monjas. Enseñó a reyes y a mendigos, a brahmanes y a intocables, a hombres y a mujeres sin distinción de casta ni sexo, una actitud revolucionaria en la India de su tiempo. Murió a los 80 años en Kushinagar, rodeado de sus discípulos, tras comer una comida que le causó una intoxicación. Sus últimas palabras fueron: «Todas las cosas compuestas son impermanentes. Trabajad diligentemente por vuestra salvación».

Descubre más sobre la India Antigua: sus imperios, su filosofía y las civilizaciones que moldearon Asia.

Explora también: Lao-Tse, la otra gran voz espiritual de Asia · la cultura japonesa feudal, transformada por el zen budista.