Kublai Kan (1215-1294) fue el nieto de Gengis Kan que logró lo que ningún conquistador había conseguido antes ni conseguiría después: gobernar China. Como Gran Kan del Imperio Mongol y fundador de la dinastía Yuan, Kublai reunió bajo su dominio un territorio que se extendía desde Corea hasta Hungría, la mayor extensión continua de tierra jamás controlada por un solo gobernante. Pero su verdadero logro fue más sutil que la conquista: transformarse de jefe nómada de las estepas en emperador chino, gobernando una de las civilizaciones más sofisticadas del mundo sin destruirla, y creando un estado cosmopolita donde mongoles, chinos, persas, árabes y europeos coexistían bajo una misma autoridad.

De príncipe mongol a emperador de China
Kublai era el cuarto hijo de Tolui y nieto de Gengis Kan, y desde joven mostró un interés por la cultura china que escandalizaba a los tradicionalistas mongoles. Mientras sus primos y hermanos preferían la vida de las estepas, Kublai se rodeó de consejeros chinos, budistas tibetanos e incluso sabios islámicos. Cuando fue proclamado Gran Kan en 1260, tras una guerra civil con su hermano Ariq Böke, su primera decisión fue trasladar la capital desde Karakorum, en las estepas de Mongolia, a Khanbaliq (Pekín), en el corazón de China.
La conquista del sur de China, gobernado por la dinastía Song, requirió casi veinte años de campañas (1267-1279) y fue la operación militar más compleja del siglo XIII. La batalla naval de Yamen (1279), donde la flota mongola destruyó a la armada Song, puso fin a tres siglos de gobierno Song y unificó China por primera vez bajo un gobernante no chino. El último emperador Song, un niño de ocho años, se ahogó en el mar cuando su último barco fue hundido.
La corte de Kublai: el lugar más cosmopolita del mundo
La corte de Kublai en Khanbaliq era posiblemente el lugar más diverso del planeta en el siglo XIII. El Gran Kan empleaba funcionarios chinos confucianos, financieros musulmanes de Asia Central, ingenieros persas, monjes tibetanos y lamas budistas, médicos árabes y misioneros cristianos nestorianos. Marco Polo, el mercader veneciano que afirmó haber pasado diecisiete años al servicio de Kublai (1275-1292), describió con asombro una corte donde coexistían todas las religiones y donde los méritos contaban más que el origen.
Kublai desarrolló políticas económicas innovadoras: introdujo el papel moneda como divisa oficial (la primera vez que un gobierno lo hacía a escala nacional), creó un sistema de correos que cubría todo el imperio con estaciones de relevo cada 40 kilómetros y promovió el comercio marítimo con el sudeste asiático, India y Persia. Sin embargo, su relación con los chinos era ambivalente: mantuvo la estructura administrativa china pero reservó los puestos más altos para mongoles y extranjeros, lo que generó resentimiento creciente.
Fracasos militares y declive
Los últimos años de Kublai estuvieron marcados por costosos fracasos militares. Sus dos intentos de invadir Japón (1274 y 1281) terminaron en desastre cuando tifones destruyeron las flotas mongolas; los japoneses llamaron a estas tormentas kamikaze («viento divino»), un término que resucitaría en la Segunda Guerra Mundial. Las expediciones contra Java (1293) y Vietnam (1285, 1288) también fracasaron. Kublai murió en 1294, a los 78 años, obeso, alcohólico y deprimido tras la muerte de su esposa favorita Chabi y de su heredero Zhenjin.
La dinastía Yuan sobrevivió a Kublai solo 74 años: en 1368, una rebelión campesina liderada por Zhu Yuanzhang expulsó a los mongoles y fundó la dinastía Ming. Los mongoles regresaron a las estepas, y China cerró sus fronteras al mundo. Pero el legado de Kublai perdura: Pekín como capital de China fue su decisión, y la idea de un estado chino multietnico tiene sus raíces en la experiencia Yuan.
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