Ares: el dios de la guerra más temido y menos querido del Olimpo
Hay una paradoja fascinante en Ares: siendo el dios de la guerra en la civilización más militarista del mundo antiguo, era también el dios menos apreciado del panteón olímpico. Los griegos le dedicaban pocos templos, apenas lo invocaban en batalla y lo representaban frecuentemente como un guerrero brutal, cobarde cuando le dolía y escandaloso en su vida privada. Su contraparte romana, Marte, gozaba de mucho mayor respeto. Esta diferencia dice mucho sobre cómo griegos y romanos entendían la guerra: para los griegos era una necesidad brutal que debía limitarse; para los romanos, el fundamento de su grandeza.

El origen y naturaleza de Ares: hijo de Zeus y Hera

Ares era hijo de Zeus y Hera, los dos dioses supremos del Olimpo, y hermano de Hefesto, Hebe, Enío e Ilitía. Pero incluso su propio padre lo despreciaba: Homero pone en boca de Zeus las palabras «Ares, eres el dios más odioso para mí de todos los que moran en el Olimpo; siempre te deleitas con la discordia, las guerras y las batallas» (Ilíada, canto V). Esta caracterización homérica establece el tono: Ares es el dios de la violencia descontrolada y el fervor guerrero sin estrategia. Algunas tradiciones posteriores, como las de Ovidio en los Fastos, sostienen que Hera concibió a Ares sin intervención de Zeus, tras tocar una flor mágica en la llanura de Olene — una versión paralela al nacimiento partenogenético de Atenea y que refuerza el vínculo especial entre Hera y su hijo guerrero.
Los griegos asociaban a Ares con un origen extranjero, concretamente tracio. Tracia — la región salvaje al norte de Grecia — era considerada tierra de guerreros feroces y poco civilizados, y encajaba perfectamente con la imagen del dios. En la Odisea Ares regresa a Tracia tras el escándalo con Afrodita, y varios santuarios tracios le rendían culto. Este origen «bárbaro» es parte de por qué los griegos mantuvieron siempre una distancia cautelosa con él: era el dios de algo que admitían necesario pero preferían atribuir a otros pueblos.
Los atributos y símbolos de Ares: lanza, casco y animales sagrados
Ares se representa habitualmente como un joven guerrero barbado (a veces imberbe) de complexión poderosa, portando los atributos de un hoplita completo: casco corintio o ático con penacho, coraza, escudo redondo y lanza. En ocasiones lleva también una antorcha encendida — símbolo del fuego que consume los campos conquistados — y viste una capa roja carmesí, el color de la sangre derramada en combate. Los artistas griegos lo pintaban casi siempre en actitud de ataque o cabalgando un carro de guerra tirado por caballos inmortales, con sus hijos Deimos y Fobos como aurigas.
Sus animales sagrados son el buitre y el perro: el buitre porque se congregaba sobre los campos de batalla para devorar cadáveres, y el perro por su ferocidad y su condición de animal que acompañaba a los soldados espartanos. También se le asociaba al jabalí, animal agresivo y tenaz, y en algunas regiones al gallo, por su temperamento combativo. Entre las plantas destaca la adelfa (venenosa y de flores rojas) y varias especies con espinas. En la astronomía y astrología, el planeta Marte lleva su nombre romano y su color rojizo ha sido asociado desde la antigüedad con la sangre y la guerra.
Ares y Afrodita: el escándalo del Olimpo

La historia de amor entre Ares y Afrodita es uno de los episodios más memorables y cómicos de la mitología griega. Afrodita estaba casada con Hefesto, el dios herrero y cojo, pero mantenía una relación con el apuesto Ares. Helios (el Sol), que todo lo ve, informó a Hefesto de la infidelidad. El dios herrero fabricó una red de hilos tan finos e invisibles como una tela de araña y los tendió sobre el lecho de su esposa.
Cuando Ares y Afrodita cayeron en la trampa, Hefesto llamó a todos los dioses del Olimpo para que los contemplaran en su vergüenza. Los dioses masculinos acudieron riendo; las diosas, pudorosas, declinaron la invitación. Poseidón finalmente medió y obtuvo la liberación de la pareja a cambio de una compensación para Hefesto. Homero relata el episodio en la Odisea (Canto VIII) como una historia que el aedo Demódoco canta para entretener a los feacios, con notable sentido del humor. De su unión con Afrodita nacieron Eros (el deseo que destruye), Anteros (el amor correspondido), Deimos (el Pavor), Fobos (el Miedo) y Harmonía, que acabaría casándose con Cadmo, fundador de Tebas — razón por la cual los tebanos se consideraban descendientes espirituales de Ares.
Ares frente a Atenea: guerra ciega contra guerra razonada
Ningún enfrentamiento divino explica mejor la visión griega de la guerra que el contraste entre Ares y Atenea. Ambos eran dioses de la guerra, pero representaban polos opuestos. Atenea encarnaba la guerra estratégica, defensiva y justa: la disciplina del hoplita en la falange, la planificación militar, la victoria con el mínimo derramamiento de sangre. Ares, en cambio, era el fervor guerrero descontrolado: el frenesí de la batalla, la carnicería, la violencia ciega que no distingue amigo de enemigo.
En el canto V de la Ilíada, Atenea guía la lanza del héroe Diomedes y hiere a Ares en el vientre. El dios de la guerra, aullando con la fuerza de diez mil guerreros, huye al Olimpo a quejarse. Zeus lo recibe con desprecio. Este episodio es programático: los griegos querían demostrar que la inteligencia militar (Atenea) siempre derrota a la violencia bruta (Ares). En Atenas, la ciudad de Atenea, apenas había santuarios a Ares; en Esparta, la polis más militarista, se le adoraba pero encadenado, para que la furia de la guerra no se volviera contra la propia ciudad. La preferencia de los griegos está clara: admiraban la guerra con mente fría, no con sangre caliente.
Ares y los demás olímpicos: Apolo, Poseidón y Hefesto
La relación de Ares con el resto del Olimpo rara vez era cordial. Con Apolo, el dios de la luz, la música y la profecía, había una oposición temática: Apolo encarnaba el orden, la razón y la armonía; Ares, el caos y la destrucción. En la Guerra de Troya ambos combatieron en el bando troyano, pero por motivos distintos — Apolo por apego religioso y Ares por su relación con Afrodita y su propia violencia —, y no se les suele mostrar colaborando.
Con Poseidón tuvo un conflicto central: Alirrotio, hijo del dios del mar, violó a Alcipe, hija de Ares. Ares mató al agresor, y Poseidón exigió juicio ante los dioses. El tribunal se reunió en la colina que hoy conocemos como Areópago («Colina de Ares») en Atenas, y absolvió a Ares. Este mito fundacional explica por qué el Areópago fue durante siglos el tribunal ateniense para los crímenes de sangre.
Con Hefesto, además del episodio de la red por la aventura con Afrodita, existía una oposición entre el guerrero violento y el artesano cojo — Hefesto era el dios que fabricaba las armas que Ares blandía, lo que daba al herrero una superioridad implícita: sin su forja no habría guerra. La relación entre ambos encarna la tensión griega entre la fuerza y el ingenio, con el ingenio ganando siempre en última instancia.
Las aventuras bélicas de Ares: victorias y humillaciones
En la Guerra de Troya, Ares tomó partido por los troyanos (motivado en parte por su relación con Afrodita, quien también favorecía a Troya). Sin embargo, su actuación no fue precisamente gloriosa. En la Ilíada, Ares es herido por el héroe griego Diomedes, quien contaba con el apoyo de Atenea. El dios de la guerra herido lanzó un grito como el de diez mil guerreros y huyó al Olimpo a quejarse con su padre Zeus, quien lo reprendió duramente.
En otro episodio, el gigante Efialtes y su hermano Oto (los Aloadas) capturaron a Ares y lo encerraron en una vasija de bronce durante trece meses. Solo la intervención de Hermes, a quien Eribea les informó del cautiverio, liberó al dios de la guerra. Este episodio ilustra perfectamente la ambivalencia griega hacia Ares: incluso el dios de la guerra puede ser humillado y capturado.
Los hijos de Ares: héroes y monstruos
Ares tuvo numerosa descendencia, a menudo de carácter violento. Además de sus hijos con Afrodita (Eros, Anteros, Deimos, Fobos y Harmonía), se le atribuyen como hijos el rey tracio Diomedes (no confundir con el héroe griego), quien alimentaba a sus yeguas con carne humana hasta que Heracles lo mató; el gigante Cicno, que mataba peregrinos en el camino a Delfos y construía un templo con sus cráneos; y Enomao, rey de Élide que mató a numerosos pretendientes de su hija Hipodamía. También se le consideraba padre mítico de las amazonas, lo que daba a las míticas guerreras una ascendencia divina acorde con su carácter. La descendencia de Ares tendía al exceso y la violencia descontrolada — un espejo de su carácter.
El culto de Ares: Areópago, Esparta, Tracia y Tebas

A diferencia de Apolo o Atenea, Ares tenía muy pocos centros de culto importantes en Grecia, pero los que tenía eran intensos y reveladores. En Esparta, la ciudad más militarista del mundo griego, se le adoraba — paradójicamente — encadenado: los espartanos ataban su estatua con cadenas para que la fuerza de la guerra no pudiera abandonar la ciudad. También se le ofrecían sacrificios antes de cada campaña militar, entre ellos perros jóvenes, algo extremadamente raro en el ritual griego. La ceremonia tenía un carácter casi chamánico.
En Tebas, Ares era considerado ancestro fundacional de la ciudad: su hija Harmonía se casó con Cadmo, el héroe que fundó Tebas tras matar al dragón sagrado de Ares. De los dientes de aquel dragón, sembrados en el suelo, nacieron los spartoi («hombres sembrados»), guerreros autóctonos cuya estirpe se consideraba origen de la nobleza tebana. En Atenas, el Areópago — la roca al noroeste de la Acrópolis — llevaba su nombre porque allí, según el mito, Ares fue juzgado por los dioses por haber matado a Alirrotio. Ares fue absuelto, y la colina se convirtió en sede del tribunal histórico ateniense para los crímenes de sangre. En Tracia, considerada la patria mítica del dios, se le rendía culto en santuarios de los que apenas quedan restos arqueológicos.
Ares en Roma: la transformación en Marte
Cuando los romanos asimilaron el panteón griego, Ares no fue traducido como una copia sino como una figura radicalmente transformada. Marte, su equivalente romano, era el segundo dios más importante del estado (sólo por detrás de Júpiter) y el padre mítico de Rómulo y Remo a través de la vestal Rea Silvia. Mientras Ares era un dios marginal, marginado incluso por su propio padre, Marte era el fundador espiritual de Roma.
Las diferencias son estructurales: Marte era también un dios agrícola asociado a la fertilidad de los campos y a los ciclos del año — el mes de marzo (Martius) lleva su nombre porque era cuando comenzaban las campañas militares después del invierno. Tenía grandes festivales como las Quinquatria y los Tubilustria, y su sacerdocio, los Salii, recorrían Roma con danzas rituales. Los romanos no veían contradicción en adorar a un dios que era a la vez guerrero y campesino: su imperio se sostenía sobre ambas bases. Ares griego era violencia sin justificación; Marte romano era violencia fundacional, imperial, cívica. La diferencia resume bien por qué Grecia y Roma produjeron culturas tan distintas pese a compartir dioses.
Sí, Ares es hijo de Zeus y Hera, el matrimonio real del Olimpo. Es hermano de Hefesto, Hebe, Ilitía y Enío. Una tradición posterior recogida por Ovidio sostiene que Hera lo concibió sin Zeus tocando una flor mágica, pero la versión canónica homérica lo presenta como hijo de ambos. Pese a ser hijo legítimo del rey de los dioses, Zeus lo odiaba abiertamente y se lo decía a la cara en la Ilíada.
Los animales sagrados de Ares son el buitre (asociado a los campos de batalla cubiertos de cadáveres), el perro (por su ferocidad y por acompañar a los soldados espartanos), el jabalí (animal agresivo) y en algunas regiones el gallo. Entre las plantas, la adelfa — venenosa y de flores rojas — le era especialmente consagrada.
Los griegos hacían una distinción crucial entre la guerra estratégica e inteligente (dominio de Atenea, diosa de la sabiduría guerrera) y la violencia brutal y descontrolada (dominio de Ares). Atenea era la patrona de la guerra planificada y defensiva; Ares representaba el instinto guerrero primitivo y la masacre indiscriminada. Los griegos admiraban la valentía inteligente, no la brutalidad sin sentido. Por eso Atenea tenía enormes templos en Atenas y Ares apenas adoradores formales.
Aunque Marte es el equivalente romano de Ares, su carácter difiere significativamente. Marte era el segundo dios más importante del panteón romano (después de Júpiter), padre mítico de Rómulo y fundador espiritual de Roma. Era adorado como protector de la ciudad, del ejército y de la agricultura, y el mes de marzo lleva su nombre. Los romanos le dedicaban grandes festivales militares y lo consideraban el padre de la nación. Ares, en cambio, era un dios periférico en Grecia, conocido más por sus fracasos que por sus victorias.
Los principales centros de culto de Ares eran Esparta, donde se le adoraba encadenado para que la guerra no abandonara la ciudad; Tebas, de cuya dinastía se consideraba ancestro mítico a través de Harmonía y Cadmo; Atenas, donde el Areópago lleva su nombre por haber sido juzgado allí por los dioses; y Tracia, considerada su patria espiritual. Pese a esto, Ares tenía menos templos formales que ningún otro olímpico mayor.
El Areópago («Colina de Ares») es una roca en Atenas, al noroeste de la Acrópolis, que fue el asiento del más antiguo tribunal de justicia ateniense, encargado especialmente de los juicios por homicidio. Según el mito, fue allí donde Ares fue juzgado por los dioses por matar a Alirrotio, hijo de Poseidón. Ares fue absuelto — el primer «no culpable» de la historia mitológica. El Areópago histórico juzgó a Sócrates y a San Pablo predicó allí según los Hechos de los Apóstoles.
Deimos (el «Terror» o «Pavor») y Fobos (el «Miedo» o «Pánico») eran los hijos gemelos de Ares y Afrodita. Acompañaban a su padre en batalla, sembrando el miedo entre los ejércitos enemigos. Fobos le da nombre a la palabra «fobia» y al satélite Fobos de Marte. Deimos le da nombre al satélite Deimos de Marte. En la Ilíada, Homero los describe unciendo los caballos del carro de guerra de Ares. Eran la personificación de los estados psicológicos que la guerra produce en los combatientes.
Fuentes
- World History Encyclopedia — Ares
- Encyclopædia Britannica — Ares, Greek Mythology
- Met Museum — Ares in ancient art
- Wikipedia — Ares
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