Tutmosis III (también conocido como Tuthmosis III o Thutmose III, r. 1479-1425 a.C.) fue el sexto rey de la XVIII Dinastía egipcia y uno de los mayores estrategas militares de la Antigüedad. Su nombre de trono, Tutmosis, significa «Thoth ha nacido», en referencia al dios de la escritura y la sabiduría. Durante su reinado emprendió 17 campañas militares que extendieron el Imperio egipcio desde el Éufrates al norte hasta la cuarta catarata del Nilo al sur, convirtiéndose en el mayor conquistador de la historia del Egipto faraónico.

Su ascenso al poder estuvo marcado por la regencia de su madrastra y tía Hatshepsut, quien gobernó Egipto como faraona durante aproximadamente 22 años mientras Tutmosis III permanecía nominalmente como corregente. Tras la muerte de Hatshepsut, Tutmosis III asumió el pleno poder y demostró sus capacidades excepcionales como líder militar y estadista. En sus últimos años intentó borrar sistemáticamente la memoria de Hatshepsut, aunque las razones exactas de este intento de damnatio memoriae siguen siendo debatidas por los egiptólogos.
La regencia de Hatshepsut y el ascenso al trono
Tutmosis III era hijo de Tutmosis II y de una esposa secundaria llamada Iset. Al morir su padre cuando era aún niño —probablemente en torno a los seis años—, su madrastra Hatshepsut, esposa principal de Tutmosis II e hija legítima de Tutmosis I, asumió el poder primero como regente y luego como faraona en pleno derecho, usando títulos y atributos masculinos tradicionales. Durante esos dos decenios, Tutmosis III nunca fue apartado de la sucesión: se le mantuvo como corregente oficial, se le representaba en ceremonias y se le entrenó militarmente.
Hatshepsut confió al joven Tutmosis el mando del ejército egipcio, decisión que explica su extraordinaria competencia militar posterior. Aprendió tácticas de caballería y carros, logística de campaña y mando de tropas desde la adolescencia. Cuando Hatshepsut murió alrededor del 1458 a.C., Tutmosis ya era un experimentado comandante militar de unos treinta años. Lejos de la imagen del heredero resentido esperando su turno, las evidencias sugieren una relación de colaboración durante la mayor parte de la corregencia, cuyo deterioro final —reflejado en la posterior destrucción de imágenes de Hatshepsut— se produjo décadas después de la muerte de la reina.
La Batalla de Meguido: primera gran victoria
En el primer año de su reinado independiente, Tutmosis III lideró una campaña contra una coalición de reyes cananeos encabezada por el rey de Qadesh, que se había rebelado aprovechando los años de relativa inactividad militar exterior bajo Hatshepsut. La Batalla de Meguido (c. 1457 a.C.) fue el resultado: Tutmosis eligió personalmente la ruta más peligrosa —el estrecho paso de Aruna— contra el consejo de todos sus generales, para sorprender al enemigo por el flanco menos esperado. La apuesta le salió perfecta: sus tropas emergieron del desfiladero antes de que los cananeos pudieran reaccionar.
La victoria en campo abierto fue aplastante, pero los enemigos se refugiaron en Meguido, ciudad amurallada sobre una colina. Siguió un asedio de siete meses que terminó con la rendición de 330 reyes y príncipes coaligados, cada uno obligado a enviar un hijo como rehén a la corte egipcia para asegurar su lealtad. Meguido es la primera batalla de la historia documentada con detalles tácticos precisos, conservados en los Anales del Templo de Karnak. Marcó el inicio de una serie ininterrumpida de campañas anuales que transformaron Egipto en el mayor imperio del mundo conocido de su época.
Las 17 campañas militares y la creación del Imperio
A lo largo de los siguientes veinte años, Tutmosis III condujo diecisiete campañas militares registradas cronológicamente en los Anales del Templo de Karnak, uno de los documentos históricos más detallados y valiosos del Egipto antiguo. Sus conquistas abarcaron Siria, Canaán, Nubia y llegaron hasta el río Éufrates, donde erigió una estela conmemorativa junto a la que años antes había dejado su abuelo Tutmosis I. La ciudad de Kadesh fue conquistada tras un asedio en la octava campaña; Alalakh, Kizzuwatna y Mitanni fueron reducidas a vasallos tributarios.
El sistema imperial de Tutmosis III no buscaba la ocupación militar directa sino la creación de una red de estados vasallos supervisados por gobernadores egipcios (los rabisu) y asegurada por guarniciones estratégicas. Los hijos de los reyes locales eran educados en la corte faraónica de Tebas y luego devueltos a sus territorios como vasallos leales culturalmente egiptizados. Reyes de regiones tan lejanas como Asiria, Babilonia, Hatti y Chipre enviaron regalos diplomáticos para mantener relaciones amistosas con el poderoso faraón. Los tributos anuales de oro nubio, maderas libanesas, vino cananeo y esclavos llegaban a niveles sin precedentes en las arcas de Amón en Karnak.
Construcciones y legado arquitectónico
Además de sus hazañas militares, Tutmosis III fue un prolífico constructor. Amplió el gran complejo templario de Karnak en Tebas con el «Festival Hall» (Akhmenu), un edificio único en la arquitectura egipcia por sus columnas que imitan los postes de las tiendas de campaña militares, en memoria de sus campañas. Erigió obeliscos —varios de los cuales fueron trasladados posteriormente a Roma (obelisco Lateranense, el más alto en pie del mundo), Estambul (Hipódromo) y Londres/Nueva York (las llamadas «Agujas de Cleopatra»)—. Construyó también templos en Nubia (Buhen, Semna, Amada), Sinaí y territorios sirios.
Su festival Sed (jubileo real) fue celebrado con magnificencia tras treinta años de reinado, y dejó una impronta arquitectónica duradera en todo el imperio. El templo de Amón en Karnak alcanzó bajo su reinado una escala sin precedentes: los «Anales» —inscripciones que narran las campañas año por año— fueron grabados en sus muros como tributo al dios que «concedía las victorias». Su tumba (KV34, descubierta en 1898) en el Valle de los Reyes es una de las más elaboradas de la XVIII Dinastía, decorada con una versión completa del Libro del Amduat, el texto funerario que describía el viaje nocturno del sol por el inframundo.
Administración, economía y diplomacia
Tutmosis III no fue solo un guerrero: fue un administrador de primer orden. Reformó la estructura del Estado egipcio, organizó el ejército como fuerza profesional permanente con carros ligeros (una innovación tecnológica del Nuevo Reino importada de los hicsos), estableció un calendario regular de campañas y desarrolló un sistema burocrático que permitió gestionar los enormes recursos del imperio. El escriba Amenemheb y el visir Rekhmire dejaron biografías en sus tumbas que describen con detalle el funcionamiento de la corte y el ejército en estos años.
En el plano económico, las campañas nubias aseguraron a Egipto el control de las minas de oro de Wawat y Kush, convirtiendo al faraón en el monarca más rico del Mediterráneo oriental. Los tributos sirios incluían productos de lujo —marfil, lapislázuli, elefantes, caballos—, y el comercio con Punt (las expediciones al Mar Rojo iniciadas por Hatshepsut continuaron) aportaba incienso y mirra. Diplomáticamente, Tutmosis III estableció matrimonios con princesas mitanias, sirias y minoicas, inaugurando la tradición de alianzas matrimoniales internacionales que continuarían sus sucesores hasta las célebres Cartas de Amarna de un siglo después.
Legado: el «Napoleón del Antiguo Egipto»
Los historiadores modernos han comparado a Tutmosis III con Napoleón Bonaparte y Alejandro Magno por su genio estratégico y la magnitud de sus conquistas. El egiptólogo estadounidense James Henry Breasted, a principios del siglo XX, popularizó el apelativo «el Napoleón de Egipto» señalando, incluso, un parecido físico: Tutmosis III era de baja estatura (apenas 1,60 m, según el análisis de su momia) pero de fuerte complexión. Sin embargo, a diferencia de estas figuras más tardías, Tutmosis fue también un hábil administrador que supo consolidar sus conquistas durante décadas mediante un sistema eficiente de gobernadores locales, intercambios comerciales, matrimonios diplomáticos y educación egipcia de las elites vasallas.
Murió a una edad avanzada —probablemente sesenta años o más— tras un reinado de casi 54 años (incluyendo corregencia), dejando un Egipto más poderoso y rico que nunca antes en su historia. Su imperio duraría más de un siglo, hasta debilitarse progresivamente bajo sus descendientes Amenhotep III y Akenatón. Su momia, descubierta en el escondrijo de Deir el-Bahari en 1881, muestra las marcas de una vida de esfuerzo militar. Hoy se conserva en el Museo Nacional de Civilización Egipcia de El Cairo. El legado de Tutmosis III convirtió a Egipto, por primera vez en su historia, en una potencia verdaderamente imperial con proyección internacional.
Tutmosis III fue el sexto faraón de la XVIII Dinastía egipcia (r. 1479-1425 a.C.), considerado el mayor conquistador militar de la historia egipcia. Extendió el Imperio hasta el Éufrates al norte y la cuarta catarata del Nilo al sur, y es conocido como «el Napoleón de Egipto».
La Batalla de Meguido (c. 1457 a.C.) fue la primera gran victoria militar de Tutmosis III contra una coalición de 330 reyes cananeos. Es la primera batalla documentada con detalle táctico preciso en la historia, gracias a los Anales de Karnak, y marcó el inicio del imperio egipcio en Asia.
Por su genio estratégico, sus 17 campañas militares exitosas y la magnitud de sus conquistas. El egiptólogo James Henry Breasted fue el primero en compararlo con Napoleón Bonaparte a principios del siglo XX, señalando también una cierta similitud física: ambos fueron comandantes de baja estatura y enorme capacidad de liderazgo.
Hatshepsut fue su madrastra y tía, y gobernó como faraona durante unos 22 años mientras Tutmosis III era corregente nominal. La relación fue inicialmente colaborativa; solo décadas después de su muerte Tutmosis III ordenó borrar su memoria de los monumentos, por razones que aún se debaten.
Realizó 17 campañas militares documentadas en los Anales de Karnak, llevando al ejército egipcio desde Canaán y Siria hasta el río Éufrates, y por el sur hasta la cuarta catarata del Nilo en Nubia.
Varios obeliscos erigidos por Tutmosis III fueron trasladados en época romana y moderna a diferentes ciudades: el Lateranense en Roma (el más alto en pie del mundo), el del Hipódromo de Estambul, y las llamadas «Agujas de Cleopatra» en Londres y Nueva York.
Su tumba (KV34) fue descubierta en 1898 en el Valle de los Reyes, y está decorada con una versión completa del Libro del Amduat. Su momia, hallada en el escondrijo de Deir el-Bahari en 1881, se conserva hoy en el Museo Nacional de Civilización Egipcia de El Cairo.
