Marte: el dios que fundó Roma
Mientras que los griegos apenas toleraban a Ares, los romanos veneraban a Marte con una devoción que no tenía paralelo en ningún otro pueblo del mundo antiguo. Marte era el segundo dios más importante del panteón romano, solo superado por Júpiter. Era el padre de Rómulo, el fundador de Roma, y por tanto el ancestro divino de todos los romanos. El mes de marzo (Martius) lleva su nombre y fue durante muchos siglos el primer mes del año romano. Los legionarios lo invocaban antes de cada batalla; los generales victoriosos lo honraban en triunfo. Sin Marte, Roma no existiría.

El origen de Marte: más antiguo que Roma
Las raíces del culto a Marte se remontan a antes de la fundación de Roma. Los pueblos itálicos del primer milenio a.C. adoraban a un dios de la guerra y la vegetación que protegía los campos y los ejércitos simultáneamente — una combinación que parece extraña hoy pero que tenía una lógica profunda en una sociedad agraria y guerrera. Marte era, en sus orígenes, el protector de los campos de cultivo contra las fuerzas hostiles, tanto humanas como naturales.
En el famoso calendario de Rómulo (el más antiguo calendario romano conocido, anterior al calendario republicano), el año comenzaba en marzo con una serie de festivales militares que preparaban simbólicamente a Roma para la campaña del verano. Los Equirria (carreras de caballos en honor a Marte) se celebraban los días 27 de febrero y 14 de marzo. Las Quinquatrus del 19 de marzo incluían la purificación de las armas y las armaduras que habían estado guardadas durante el invierno.
Marte y Rea Silvia: el padre de Rómulo y Remo
La historia del nacimiento de los fundadores de Roma involucra directamente a Marte. Numitor, rey de Alba Longa, fue depuesto por su hermano Amulio, quien para impedir que hubiera herederos masculinos obligó a la hija de Numitor, Rea Silvia, a convertirse en vestal (sacerdotisa de Vesta obligada al voto de castidad). Pero el dios Marte se enamoró de la hermosa vestal y la visitó mientras dormía en un bosque sagrado. Rea Silvia quedó embarazada y dio a luz dos gemelos: Rómulo y Remo.
Amulio ordenó ahogar a los gemelos en el Tíber, pero la cesta que los transportaba encalló en los pantanos al pie del Palatino. Una loba (animal sagrado de Marte) los amamantó en la cueva del Lupercal, y un pastor llamado Fáustulo los encontró y crió junto a su esposa Acca Larentia. Este mito fundacional convertía a cada romano en descendiente del dios de la guerra — una genealogía divina que ningún otro pueblo del mundo reclamaba con tal consistencia.
El Campo de Marte: el corazón militar de Roma
El Campus Martius (Campo de Marte) era originalmente un gran campo llano al norte de Roma, entre el Tíber y las colinas, dedicado al dios de la guerra. Era el lugar donde los ciudadanos romanos se entrenaban militarmente, donde los cónsules convocaban los ejércitos y donde los generales esperaban el triunfo (no podían cruzar el pomerium — la frontera sagrada de la ciudad — mientras comandaban tropas). Durante la República, el Campo de Marte era también el lugar donde los comicios elegían a los magistrados.
En la época imperial, el Campo de Marte se transformó en uno de los barrios más espectaculares de Roma, con el Panteón, el Ara Pacis, teatros, termas, estadios y templos. El nombre sobrevivió y hoy «Campo de Marte» denomina parques y plazas en docenas de ciudades europeas, incluyendo el famoso Champ-de-Mars de París donde se alza la Torre Eiffel.
Los rituales de Marte: Salios, lanzas sagradas y purificaciones
El culto de Marte tenía rituales únicos y espectaculares. Los Salios eran doce sacerdotes-guerreros que cada marzo recorrían procesionalmente las siete colinas de Roma danzando, cantando himnos arcaicos y golpeando sus escudos con sus lanzas. Custodiaban los doce escudos sagrados (ancilia), uno de los cuales había caído del cielo como garantía del poder de Roma según la leyenda. Los doce se conservaban como reliquias sagradas del Estado.
Las lanzas sagradas de Marte en el Regia (residencia del rex sacrorum) eran consultadas como presagio antes de cada guerra: si se movían solas, era señal de que Marte reclamaba guerra; si permanecían quietas, el presagio era de paz. Se cuenta que Julio César, antes de partir hacia su campaña en Galia, encontró las lanzas en movimiento — un buen presagio que anunciaba su victoria.
El planeta Marte y su legado
El planeta rojo lleva el nombre de Marte desde la antigüedad. Su color rojizo, asociado con la sangre y el fuego, lo hacía el candidato natural para el dios de la guerra. Los astrónomos babilonios ya lo llamaban «Nergal» (su dios de la guerra y la pestilencia) y los griegos lo llamaban «Pyroeis» (el ardiente). Los romanos simplemente lo llamaron Marte. Sus dos lunas, descubiertas en 1877, recibieron los nombres Fobos y Deimos — los hijos de Ares, hermanos gemelos del terror y el miedo en batalla.
Marte tenía un papel único en la identidad romana: era el padre mítico de Rómulo, el fundador de Roma, lo que convertía a todos los romanos en sus descendientes. Esta genealogía divina hacía de la guerra no solo una necesidad sino una vocación sagrada. Los griegos, más pluralistas, preferían la guerra inteligente de Atenea a la violencia bruta de Ares. Los romanos, como pueblo construido sobre la conquista y la disciplina militar, necesitaban un dios de la guerra que fuera respetable y fundacional, no simplemente brutal.
Los principales festivales de Marte se celebraban en marzo. Los Equirria (27 de febrero y 14 de marzo) eran carreras de caballos en el Campo de Marte. Las Quinquatrus (19 de marzo) incluían la purificación ritual de las armas. Los Tubilustria (23 de marzo) eran la consagración de las trompetas de guerra. En octubre, las Armilustria (19 de octubre) marcaban el fin de la campaña militar y la purificación de las armas antes de su almacenamiento invernal.
Los animales más asociados a Marte eran el lobo (que amamantó a Rómulo y Remo) y el pájaro carpintero (picus Martius), considerado el mensajero del dios y guardián de los niños abandonados. El caballo era también fundamental: los sacrificios de caballos a Marte eran especialmente importantes. El «Caballo de Octubre» (October Equus) era un caballo sacrificado el 15 de octubre tras las carreras del Campus Martius, en un ritual que mezclaba propiciación bélica y agrícola.
Sí, y es uno de los aspectos más sorprendentes de Marte. En sus orígenes itálicos pre-romanos, Marte era también un dios protector de los campos y la agricultura, que defendía las cosechas de las fuerzas hostiles (incluyendo las plagas y el mal tiempo). Los romanos rezaban a Marte para proteger sus tierras, sus ganados y sus límites territoriales. La oración agrícola de Catón el Viejo (siglo II a.C.) que invoca a Marte para proteger el campo es una de las más antiguas oraciones latinas que conservamos.
