En el año 480 a.C., el rey persa Jerjes I lanzó contra Grecia la expedición militar más grande jamás organizada en el mundo antiguo: un ejército de entre 200.000 y 300.000 hombres (las fuentes griegas exageraban hasta los dos millones) y una flota de más de 1.200 barcos. Su objetivo era vengar la derrota de su padre Darío en Maratón y someter definitivamente a las rebeldes ciudades griegas. La respuesta griega fue una coalición defensiva sin precedentes liderada por Esparta y Atenas. Las dos batallas decisivas de aquella campaña —Termópilas, el heroico sacrificio del rey espartano Leónidas y sus 300, y Salamina, el triunfo naval del estratega ateniense Temístocles— se convirtieron en los episodios más famosos de las Guerras Médicas y en los mitos fundadores de la identidad occidental frente a Oriente.

La preparación de Jerjes: diez años de planificación
Tras heredar el trono persa en 486 a.C., Jerjes I se tomó tiempo para preparar su venganza contra Grecia. Durante casi una década, el imperio movilizó recursos de todas sus provincias: se construyeron puentes de barcos sobre el Helesponto (el paso entre Asia y Europa), se almacenaron suministros a lo largo de toda la ruta por Tracia y Macedonia, se reunieron contingentes militares de todas las etnias sometidas al imperio. Heródoto describe con asombro el ejército de Jerjes: medos, persas, cisios, hircanos, asirios, bactrios, sacas, indios, árabes, etíopes, libios, tracios, frigios, lidios y docenas de otros pueblos, cada uno con su propio equipamiento y vestimenta. En primavera del 480 a.C., este enorme ejército cruzó el Helesponto por dos puentes de barcos que los ingenieros persas habían construido uniendo sus naves. Heródoto afirma que el cruce duró siete días y siete noches. La flota naval, compuesta principalmente por fenicios, egipcios, cilicios y jonios, acompañaba al ejército paralelamente por el mar Egeo.
La respuesta griega: coalición y estrategia
Las ciudades griegas, ante semejante amenaza, reaccionaron con una coalición defensiva que incluía a Esparta, Atenas, Corinto, Egina, Tegea y otras 27 ciudades menores. La mayoría eran peloponesias; muchas ciudades del norte de Grecia (Tesalia, Beocia excepto Platea y Tespias, Argos) se mantuvieron neutrales o colaboraron con Persia. El mando supremo en tierra correspondió al rey espartano Leónidas por razones de prestigio militar, y el mando naval al ateniense Temístocles y al espartano Euribíades. La estrategia griega fue defensiva: detener a los persas en un punto estrecho del territorio donde su superioridad numérica no podría desplegarse. Los griegos identificaron dos pasos estratégicos: Termópilas, un desfiladero estrecho entre el monte Calídromo y el mar, única ruta terrestre desde el norte hacia el Ática; y el estrecho de Artemisio, una franja marítima cerca de Termópilas donde la flota griega podía enfrentar a la persa en condiciones favorables. Leónidas marchó a Termópilas con 7.000 hoplitas, incluyendo 300 espartíatas personalmente seleccionados por él.
Termópilas: los 300 de Leónidas
En agosto del 480 a.C., el ejército de Jerjes llegó a Termópilas. El rey persa se asombró al encontrar el desfiladero defendido por solo unos miles de griegos, y creyó que se dispersarían ante su llegada. No lo hicieron. Durante dos días, los griegos rechazaron todos los asaltos persas: las legiones de infantería ligera se estrellaron contra la falange griega, más pesada y disciplinada; incluso los Inmortales, la guardia de élite persa, fueron repelidos. Las bajas persas fueron tan numerosas que Jerjes estaba al borde de la desesperación. La situación cambió cuando un traidor griego llamado Efialtes reveló al ejército persa un sendero que permitía rodear el desfiladero por las montañas. Los Inmortales usaron ese sendero durante la noche y amanecieron detrás de las posiciones griegas. Leónidas, comprendiendo que estaba rodeado, ordenó a la mayor parte del ejército retirarse para preservarlo, pero se quedó él mismo con los 300 espartíatas, 700 tespios voluntarios y algunos tebanos (estos últimos aparentemente obligados). En la mañana del tercer día, lucharon hasta el último hombre. Leónidas cayó defendiendo el paso, y los persas solo pudieron avanzar después de masacrar a todos los defensores.

Salamina: Temístocles y el engaño estratégico
Tras Termópilas, los persas avanzaron por Beocia hasta alcanzar el Ática. Atenas fue evacuada: mujeres, niños, ancianos y no combatientes fueron trasladados a Salamina, Egina y Trecén. Los persas entraron en la ciudad desierta, saquearon la acrópolis y quemaron los templos. Parecía el final de la resistencia griega. Pero el estratego ateniense Temístocles —cuya flota de 200 nuevos trirremes había sido financiada con los ingresos de las minas de plata de Laurión— insistió en dar batalla naval en el estrecho de Salamina, entre la isla y el Ática. Allí, el estrecho era tan angosto que la flota persa no podría desplegar su superioridad numérica. Temístocles envió incluso un mensajero secreto al campamento persa —aparentemente un traidor suyo llamado Sicino— para convencer a Jerjes de que atacara porque los griegos estaban a punto de huir. El rey persa, cayendo en la trampa, mandó entrar a su flota en el estrecho la mañana del 28 de septiembre del 480 a.C. La batalla fue un desastre para los persas: sus barcos, apretados en el angosto estrecho, chocaban entre sí y eran atacados por los trirremes griegos más maniobrables. Jerjes contempló la derrota desde un trono en el monte Egaleo.
Platea: el final de la invasión (479 a.C.)
Aunque Salamina destruyó la flota persa y obligó a Jerjes a regresar a Persia con una parte de su ejército, el peligro no había terminado. El general persa Mardonio se quedó en Grecia con unos 100.000 soldados escogidos, invernando en Tesalia. En primavera del 479 a.C., Mardonio avanzó de nuevo hacia el sur y los griegos, liderados ahora por el regente espartano Pausanias, movilizaron un ejército unificado de unos 40.000 hoplitas. Los dos ejércitos se enfrentaron en Platea, en el sur de Beocia. La batalla fue confusa y costosa, pero la disciplina de la infantería pesada griega prevaleció: Mardonio murió combatiendo y el ejército persa fue aniquilado. El mismo día —según la tradición— en el Egeo oriental, la flota griega unida destruyó los restos de la armada persa en la batalla de Mícala, completando el triunfo. Las Guerras Médicas habían terminado.
El legado: el triunfo del pequeño sobre el grande
Las batallas de Termópilas, Salamina y Platea cambiaron el curso de la historia. Grecia, pese a su tamaño minúsculo comparado con el Imperio Persa, había derrotado a la fuerza militar más grande jamás reunida en la antigüedad. El efecto psicológico y cultural fue incalculable: consolidó la identidad griega como un mundo libre frente al despotismo oriental, estimuló la confianza ateniense que desembocaría en el imperio marítimo y la Edad de Oro de Pericles, y proporcionó a la literatura occidental (desde Heródoto hasta Esquilo en Los Persas, hasta Herodiano, Plutarco y sus numerosos sucesores) uno de sus mitos fundacionales más duraderos. El sacrificio de Leónidas en Termópilas fue inmortalizado por el epigrama atribuido a Simónides: «Viajero, anuncia a los lacedemonios que aquí yacemos obedeciendo sus leyes». Dos mil quinientos años después, la frase sigue siendo el emblema del deber cumplido hasta la muerte.
Curiosidades
- El ejército de Jerjes cruzó el Helesponto (entre Asia y Europa) por dos puentes de barcos unidos con cuerdas de papiro y lino blanco. El cruce duró, según Heródoto, siete días y siete noches sin interrupción.
- Cuando Jerjes supo que los espartanos se peinaban el cabello antes de la batalla de Termópilas, preguntó si se estaban acicalando para morir. El exiliado espartano Demarato le explicó que era costumbre espartana embellecerse antes de arriesgar la vida en combate.
- El famoso epigrama de Termópilas atribuido a Simónides —«Viajero, anuncia a los lacedemonios que aquí yacemos obedeciendo sus leyes»— es una de las inscripciones más copiadas y parodiadas de la literatura occidental.
- La flota ateniense que venció en Salamina fue financiada con el botín inesperado de las minas de plata de Laurión en 483 a.C. Temístocles convenció a la asamblea de usar ese dinero para construir 200 trirremes en lugar de repartirlo entre los ciudadanos.
- Jerjes ordenó azotar el mar del Helesponto cuando una tormenta destruyó los primeros puentes de barcos que había mandado construir: los látigos golpearon simbólicamente las aguas y se arrojó una cadena de hierro sobre las olas para «aprisionarlas».
Preguntas frecuentes
¿Qué fueron las batallas de Termópilas y Salamina?
Fueron las dos batallas decisivas de la segunda guerra médica en 480 a.C. Termópilas fue un combate terrestre donde 7.000 griegos (con los 300 espartanos de Leónidas) contuvieron durante dos días al ejército persa de Jerjes I antes de ser rodeados. Salamina fue una batalla naval donde la flota griega, liderada por Temístocles, aniquiló a la persa en el angosto estrecho entre Salamina y el Ática.
¿Realmente eran solo 300 los espartanos en Termópilas?
Los 300 espartíatas (soldados ciudadanos de pleno derecho) eran la guardia personal de Leónidas. Pero en Termópilas había en total unos 7.000 griegos incluyendo tespios, tebanos y tropas auxiliares espartanas. La famosa «última resistencia» del tercer día la libraron los 300 espartanos más unos 700 tespios voluntarios y algunos tebanos.
¿Cómo ganó Temístocles la batalla de Salamina?
Forzando el combate en un estrecho tan angosto que la superioridad numérica persa resultaba inútil. Incluso envió un mensajero falso a Jerjes para convencerle de atacar inmediatamente. La flota persa, atrapada en el estrecho, fue desbaratada por los trirremes griegos más pequeños y maniobrables.
¿Qué pasó tras Salamina?
Jerjes regresó a Persia dejando al general Mardonio con unos 100.000 hombres para continuar la campaña. En 479 a.C., el ejército griego unificado derrotó a Mardonio en la batalla de Platea, y el mismo día la flota griega destruyó los restos persas en Mícala. Las Guerras Médicas terminaron con la victoria griega completa.
¿Por qué Termópilas es tan importante históricamente?
Porque representa el arquetipo del sacrificio por la libertad: un grupo reducido de guerreros que, conociendo el final seguro, lucha hasta la muerte para ganar tiempo estratégico. Independientemente de su valor militar concreto, Termópilas se convirtió en uno de los mitos fundadores de la identidad occidental y en símbolo eterno del deber cumplido.
