La Puerta de Ishtar: el azul de Babilonia que sobrevive en Berlín

Entre 1899 y 1917, el arqueólogo alemán Robert Koldewey excavó durante 18 años ininterrumpidos las ruinas de la antigua Babilonia, a unos 90 km al sur de Bagdad. Llegó buscando confirmar la existencia histórica de la ciudad bíblica de Nabucodonosor. Encontró, entre muchas otras cosas, miles de fragmentos de ladrillos vidriados en azul lapislázuli que habían caído del interior de una puerta monumental y yacían dispersos por un campo. Koldewey los embaló y los envió por ferrocarril y barco a Berlín. Dos décadas después, los ladrillos se reensamblaron como un rompecabezas gigante en el nuevo Pergamonmuseum de la isla de los Museos. El resultado es la reconstrucción arqueológica más famosa del mundo: la Puerta de Ishtar, construida en el 575 a.C. por Nabucodonosor II, recuperada del polvo mesopotámico y convertida en una de las salas más visitadas de Europa.

Puerta de Ishtar Reconstruida en Berlín
Puerta de Ishtar Reconstruida en Berlín

Con sus 14 metros de altura y sus 10 de ancho reconstruidos, ladrillos brillantes con leones, toros y dragones en relieve sobre fondo azul, la Puerta de Ishtar no es solo un monumento: es una declaración política fosilizada que Nabucodonosor lanzó a quien entrara en la capital de su imperio neobabilónico.

La octava puerta de Babilonia

Babilonia era una ciudad amurallada con ocho puertas monumentales, cada una dedicada a una divinidad del panteón mesopotámico. La Puerta de Ishtar era la octava y estaba dedicada a Ishtar, diosa del amor, la guerra y la fertilidad, la Inanna sumeria reformulada para el panteón babilónico. Se abría al norte de la ciudad y daba paso al espectacular Camino Procesional —llamado en acadio Aj-ibur-shapu, «que el enemigo no la cruce»—, una avenida de 250 metros enlosada en piedra caliza y flanqueada por muros igualmente decorados con ladrillos vidriados. Por esta ruta, cada año, durante el festival del Akitu (Año Nuevo), las estatuas de los dioses Marduk, Nabu e Ishtar eran llevadas en procesión desde sus templos urbanos hasta la Casa del Akitu, extramuros.

La puerta real no era una sola sino un sistema doble: una puerta frontal espectacular y, tras ella, otra interior, formando un corredor flanqueado por torres cuadrangulares y muros paralelos. El conjunto funcionaba como entrada ceremonial y como estructura defensiva: cualquier atacante que forzara la primera puerta quedaba atrapado entre dos líneas de fuego. La reconstrucción del Pergamonmuseum muestra únicamente la puerta frontal más pequeña de las dos: la trasera, mayor, simplemente no cabía en la sala cuando se hizo el montaje en los años 20.

Toros, leones y un dragón llamado mušḫuššu

Tres animales se reparten la decoración de la puerta y del Camino Procesional. El león simboliza a la propia Ishtar; los muros del Camino Procesional están decorados con 120 leones rojos y amarillos sobre fondo azul, caminando rítmicamente hacia el exterior como guardianes del paso. Sobre las paredes de la puerta propiamente dicha se alternan toros —emblema de Adad, dios del clima y la tormenta— y un animal fantástico llamado mušḫuššu («serpiente furiosa» en acadio), emblema de Marduk, patrón de Babilonia: un dragón esbelto con cuerpo de serpiente cubierto de escamas, patas delanteras de felino, patas traseras de ave rapaz, cuernos recurvados y lengua bífida.

Mušḫuššu, dragón de la Puerta de Ishtar
Mušḫuššu, el dragón sagrado de Marduk, tallado en ladrillos esmaltados de la Puerta de Ishtar. Combina cuerpo de serpiente, garras de león y patas traseras de águila. Wikimedia Commons — dominio público.

Los arqueólogos contaron en los fragmentos originales al menos 575 figuras animales en total entre la puerta y el camino, aunque solo una fracción se ha podido reconstruir porque muchos ladrillos estaban demasiado fragmentados o se habían perdido. Cada animal estaba compuesto por decenas de piezas modulares vidriadas individualmente en talleres especializados, cocidas en hornos y montadas en la pared como los azulejos de una fachada moderna. El azul profundo se obtenía con un esmalte rico en óxido de cobalto importado probablemente del oeste de Irán. Los amarillos y ocres, con antimonio.

Nabucodonosor II y la gran reconstrucción de Babilonia

Nabucodonosor II (reinó 605-562 a.C.), el rey bíblico que destruyó Jerusalén en 587 a.C. y deportó a los judíos a Babilonia, fue también un constructor compulsivo. Tras consolidar el imperio que había heredado de su padre Nabopolasar, dedicó décadas y recursos enormes a reconstruir Babilonia como capital monumental. Levantó o amplió templos y palacios, restauró los muros exteriores con circuitos dobles que según Heródoto eran lo bastante anchos para que pasaran dos cuadrigas, construyó un nuevo palacio con sus célebres Jardines Colgantes —cuya existencia real sigue en debate—, y rehízo por completo la Puerta de Ishtar en el 575 a.C., documentando la obra con una inscripción cuneiforme en ladrillo que se recuperó en las excavaciones y que hoy se expone junto a la propia puerta en Berlín.

La inscripción dice, en resumen: «Fortifiqué la puerta, coloqué toros salvajes y dragones furiosos en sus umbrales, la decoré con esplendor para que todos los pueblos contemplen con asombro». Es propaganda real en estado puro, pero también una declaración funcional: la puerta combinaba amenaza y seducción, un marketing arquitectónico perfectamente calculado para impresionar a embajadores, ejércitos extranjeros y súbditos recién incorporados al imperio.

Koldewey, Berlín y la reconstrucción del Pergamonmuseum

Las excavaciones de Koldewey, financiadas por la Deutsche Orient-Gesellschaft, empezaron en 1899 y se prolongaron hasta 1917, cuando la Primera Guerra Mundial lo obligó a abandonar el sitio. Durante esas dos décadas, el equipo alemán recuperó miles de ladrillos vidriados caídos y, con el permiso del gobierno otomano, se llevaron una parte sustancial a Berlín. Los fragmentos fueron empaquetados y enviados por ferrocarril a Alepo, luego en barco por el Mediterráneo y por tren hasta Alemania, donde quedaron almacenados durante años a la espera de que alguien decidiera qué hacer con ellos.

La reconstrucción empezó en 1926, bajo la dirección del arquitecto Walter Andrae, discípulo y colaborador de Koldewey. Como los ladrillos originales no bastaban para reconstruir toda la puerta, los restauradores completaron los espacios faltantes con copias modernas cocidas en los mismos tonos, distinguibles hoy porque son ligeramente más lisas. El Pergamonmuseum abrió en 1930 y la Puerta de Ishtar se convirtió de inmediato en su estrella junto al Altar de Pérgamo y la fachada del mercado de Mileto. Sobrevivió milagrosamente a los bombardeos aliados de la Segunda Guerra Mundial y a la división de Berlín.

Lo que quedó en Irak

No todos los ladrillos viajaron a Berlín. Una buena parte permaneció en Mesopotamia y hoy se reparte entre el Museo Nacional de Irak en Bagdad, el Museo del Oriente Antiguo de Estambul, el Louvre, el Metropolitan de Nueva York, el Museo del Ermitage y colecciones de Yale, Chicago y Detroit. En el propio sitio arqueológico de Babilonia, el régimen de Saddam Hussein mandó construir en los años 80 una réplica a escala reducida de la Puerta de Ishtar en ladrillo moderno, como parte de un programa de «restauración» polémico que dañó irreversiblemente los muros originales de adobe al colocar estructuras pesadas sobre ellos. Tras las guerras de 2003 y la ocupación militar del sitio, Babilonia fue incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 2019, con importantes recomendaciones de conservación.

Legado: el azul que todos reconocen

La Puerta de Ishtar es probablemente la imagen más reproducida del arte mesopotámico, más incluso que la Estela de Hammurabi o los toros androcéfalos de Nínive. Su impacto visual —ese azul profundo, esa sintaxis de animales repetidos y ordenados— ha pasado a libros escolares, ilustraciones de la Biblia, cómics, videojuegos y carteles turísticos de Berlín. Pero conviene recordar que lo que vemos hoy en el Pergamonmuseum es solo una fracción modesta de un conjunto mucho mayor, pensado para ser recorrido a pie en una procesión ritual y no contemplado en una sala interior.

Durante los 47 años que siguieron a la muerte de Nabucodonosor, Babilonia cayó en manos de los persas de Ciro el Grande (539 a.C.), luego de Alejandro Magno (331 a.C.) —que quiso morir en ella— y finalmente fue perdiendo importancia bajo los seléucidas y los partos. Cuando Koldewey empezó a excavar en 1899, la gran puerta estaba sepultada bajo varios metros de polvo y basura babilónicos y lo único que sobresalía era una loma sin nombre.

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Preguntas frecuentes sobre la Puerta de Ishtar

¿Qué es la Puerta de Ishtar?

La octava puerta monumental de la muralla interior de Babilonia, dedicada a la diosa Ishtar y construida por Nabucodonosor II en el 575 a.C. Estaba decorada con ladrillos vidriados azules con relieves de toros, leones y el dragón mušḫuššu, y abría el Camino Procesional por donde desfilaban las estatuas de los dioses durante el festival del Akitu (Año Nuevo babilónico).

¿Dónde está hoy la Puerta de Ishtar?

La reconstrucción principal está en el Pergamonmuseum de Berlín, donde se expone desde 1930 como una de las piezas centrales de la Isla de los Museos. Fue ensamblada con los ladrillos originales que Robert Koldewey excavó entre 1899 y 1917 y completada con copias modernas. Otros fragmentos se conservan en el Museo Nacional de Irak, el Louvre, el Metropolitan y varias colecciones más.

¿Quién la construyó?

Nabucodonosor II, rey neobabilónico que gobernó entre 605 y 562 a.C. y que es también célebre por destruir Jerusalén en el 587 a.C. y deportar a los judíos. Dedicó décadas a reconstruir Babilonia como capital monumental: levantó templos, restauró las murallas, construyó palacios y, en el 575 a.C., rehízo por completo la puerta norte de la ciudad.

¿Qué animales aparecen en sus relieves?

Tres: el toro, emblema del dios Adad (del clima y la tormenta); el león, animal consagrado a la propia Ishtar; y el mušḫuššu, un dragón fantástico con cuerpo de serpiente, patas de felino y ave rapaz y cabeza cornuda, símbolo del dios Marduk patrón de Babilonia. Los leones aparecen sobre todo en los muros del Camino Procesional, los toros y dragones en la puerta propiamente dicha.

¿Cómo obtenían el color azul?

Con un esmalte vidriado rico en óxido de cobalto, mineral raro y caro importado probablemente desde el oeste de Irán. Los ladrillos se modelaban con su relieve, se cocían una primera vez, luego se aplicaba el esmalte por zonas y se cocían de nuevo para vitrificarlo. Los amarillos y ocres se obtenían con antimonio. Cada animal era un mosaico de decenas de ladrillos individuales ensamblados en la pared.

¿Por qué está en Berlín y no en Irak?

Porque las excavaciones las dirigió entre 1899 y 1917 el arqueólogo alemán Robert Koldewey con permiso del gobierno otomano, y Alemania se llevó a Berlín una parte importante de los ladrillos caídos. La reconstrucción se montó en el Pergamonmuseum en los años 20 y 30. Irak conserva otros fragmentos originales y levantó una réplica a escala reducida en el propio sitio arqueológico de Babilonia en los años 80.