Los fenicios fueron los mayores navegantes de la Antigüedad: un pueblo que, desde una estrecha franja costera del actual Líbano, exploró y colonizó todo el Mediterráneo, alcanzó las costas de África occidental y, según Heródoto, circunnavegó el continente africano veintiún siglos antes que los europeos. Mientras los griegos navegaban con precaución de isla en isla sin perder de vista la costa, los fenicios cruzaban mar abierto de noche orientándose por las estrellas. Los griegos llamaban a la Estrella Polar «la Estrella Fenicia» porque eran los fenicios quienes les habían enseñado a usarla para navegar.

Los barcos fenicios: tecnología naval superior
La supremacía naval fenicia se basaba en dos tipos de barco especializados. El gaulos (barco redondo) era un carguero de casco ancho y profundo, propulsado principalmente por vela cuadra, diseñado para transportar grandes cantidades de mercancías a través del mar abierto. El pentecontera era un navío de guerra largo y estrecho, propulsado por remos, rápido y maniobrable, antecesor de las trirremes griegas.
Los fenicios construían sus barcos con madera de cedro del Líbano, un material excepcionalmente resistente a la putrefacción por agua salada. El cedro libanés era tan apreciado que los faraones egipcios, los reyes asirios y los persas lo importaban para sus construcciones más importantes. La sobreexplotación milenaria redujo los bosques de cedro del Líbano desde extensiones enormes hasta los pequeños reductos que sobreviven hoy. Los cascos se impermeabilizaban con brea y se reforzaban con cuadernas de roble.
La red colonial: de Chipre a las Columnas de Hércules
Los fenicios fundaron una red de colonias y factorías comerciales que se extendía por todo el Mediterráneo. Chipre fue colonizada hacia el siglo IX a.C., seguida por Malta, Sicilia occidental, Cerdeña y las costas del norte de África. La colonia más importante fue Cartago (fundada por Tiro hacia el 814 a.C.), que eventualmente superaría a su metrópoli y se convertiría en la mayor potencia del Mediterráneo occidental.
En la Península Ibérica, los fenicios fundaron Gadir (la actual Cádiz) hacia el 1104 a.C. según la tradición, lo que la convertiría en la ciudad más antigua de Europa occidental aún habitada. También fundaron Malaka (Málaga), Sexi (Almuñécar) y Abdera (Adra). Estos asentamientos servían como puntos de intercambio con las poblaciones locales, que proporcionaban plata, estaño y cobre a cambio de productos manufacturados fenicios: cerámica, vidrio, joyas, tejidos y vino.
Más allá del Mediterráneo: la circunnavegación de África
Heródoto relata que hacia el 600 a.C. el faraón egipcio Necao II envió una expedición de marinos fenicios con la orden de circunnavegar África partiendo del mar Rojo y regresando por las Columnas de Hércules (estrecho de Gibraltar). La expedición duró tres años: cada otoño los marinos desembarcaban, sembraban trigo, esperaban la cosecha y continuaban la navegación. Heródoto añade un detalle que él mismo no creía: «Al navegar hacia el oeste alrededor del extremo sur de Libia [África], tenían el sol a su derecha.» Este detalle, que Heródoto consideraba absurdo, es exactamente lo que ocurriría navegando hacia el oeste al sur del trópico de Capricornio, y constituye uno de los argumentos más fuertes a favor de la veracidad del relato.
Otro viaje extraordinario fue el de Hannón de Cartago (siglo V a.C.), quien navegó con 60 barcos y 30.000 colonos por la costa atlántica africana, fundando asentamientos y explorando territorios que probablemente incluían la actual Sierra Leona o incluso el golfo de Guinea. Su relato, el Periplo de Hannón, describe gorilas (que los cartagineses llamaron «gorillai»), volcanes activos (posiblemente el monte Camerún) y paisajes tropicales que ningún europeo volvería a ver hasta los navegantes portugueses del siglo XV.
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