La Reina Roja de Palenque: el enigma maya descubierto junto a Pakal

En mayo de 1994, el arqueólogo mexicano Arnoldo González Cruz y su equipo excavaban un templo menor de Palenque, el Templo XIII, adyacente al célebre Templo de las Inscripciones que ya había rendido la tumba de Pakal cuarenta años antes. Habían localizado una escalera obstruida que bajaba al corazón de la pirámide. Tras semanas de retirar los rellenos, llegaron a una pequeña cámara sellada. Al levantar la losa vieron, en el resplandor de sus linternas, un sarcófago de caliza cubierto de polvo rojo. Dentro había un esqueleto completo acompañado de máscara funeraria de malaquita, un collar de jade, concha y hueso, una diadema y 700 piezas de jade esparcidas. Todo estaba teñido de cinabrio, el mineral rojo usado ritualmente. A la desconocida la llamaron enseguida, por ese color, la Reina Roja.

Máscara De La Reina Roja De Palenque
Máscara De La Reina Roja De Palenque

No tenía nombre. A diferencia del sarcófago de Pakal, profusamente inscrito, el suyo no llevaba glifos que la identificaran. Y, sin embargo, por su ubicación —justo al lado del gran rey— y por la riqueza del ajuar, los arqueólogos supieron desde el primer minuto que estaban frente a una mujer de la más alta nobleza maya, alguien muy próximo al círculo de Pakal. Descubrir quién era iba a llevar más de una década de análisis.

Una tumba casi intacta

El Templo XIII es una pirámide modesta al oeste del Templo de las Inscripciones. Hasta 1994 los arqueólogos creían que era un edificio secundario, un simple adosado al de Pakal. Nadie esperaba que en su interior hubiera una tumba real intacta: los saqueos coloniales y las raíces de árboles habían destruido la mayoría de los depósitos funerarios mayas. Pero aquí el acceso estaba sellado desde el siglo VII d.C. y la humedad tropical, enemiga habitual del material orgánico, había respetado asombrosamente los restos.

Zona arqueológica de Palenque, Chiapas
Vista general de la zona arqueológica de Palenque, Chiapas, con el Templo XIII donde se descubrió la tumba de la Reina Roja en 1994. Wikimedia Commons — CC BY-SA.

Dentro del sarcófago, el esqueleto estaba extendido sobre la espalda con los brazos a los lados. La máscara de malaquita —un mosaico de 116 piezas verdes sobre una base de estuco— le cubría el rostro. Llevaba dos colgantes de jade, pendientes, un pectoral compuesto, un tocado con diadema de cuentas y una pequeña figurita de bulto redondo que representaba a un murciélago, animal asociado al inframundo maya. Bajo el sarcófago se encontraron los restos de un niño de unos 11 años y de una mujer joven de unos 20, ambos sacrificados al parecer para acompañarla al más allá —una práctica rara pero documentada en entierros reales mayas de élite.

¿Quién era ella? Dos candidatas

Los epigrafistas conocían dos figuras femeninas de alto rango en el círculo de Pakal por los textos jeroglíficos conservados en los edificios del Grupo de las Cruces y del Palacio. Una era Ix Sak K’uk’, la madre de Pakal, regente política hacia 612 d.C. en un momento excepcional en que una mujer ejerció el poder entre los mayas. La otra era Ix Tz’akbu Ajaw, también transliterada como Tz’akbu Ajaw o Tsakbu Ajaw, esposa principal de Pakal, madre de sus cuatro hijos conocidos y reina consorte hasta su muerte hacia 672 d.C. La pregunta inmediata fue: ¿cuál de las dos estaba en el sarcófago?

Los primeros análisis osteológicos apuntaron a una mujer de entre 35 y 45 años al morir, alrededor de 1,58 metros de estatura, con los huesos de una persona acostumbrada al privilegio —sin signos de trabajo manual duro, con dientes cuidados que incluían incrustaciones decorativas de pirita y jade, marca de estatus entre la nobleza maya—. Esa edad era compatible con las dos candidatas pero problemática: Sak K’uk’, de la que los textos dicen que murió hacia 640 d.C., habría tenido alrededor de 60 al fallecer, mientras que Tz’akbu Ajaw habría muerto hacia 672 d.C. con unos 60 años también. Los huesos hablaban de una mujer más joven.

El ADN y la solución

La clave llegó con los análisis bioarqueológicos y, sobre todo, con la comparación del ADN antiguo. En 2012, un equipo dirigido por Constanza Cortes (del Museo Nacional de Antropología) logró extraer ADN mitocondrial de los huesos de la Reina Roja y compararlo con el de los hijos de Pakal —en particular con muestras de su hijo Kan Bahlam II—. El resultado fue claro: los perfiles mitocondriales no coincidían con los de la descendencia directa de Pakal a través de la línea materna. Dicho de otro modo, la Reina Roja no era la madre de Kan Bahlam. Por tanto, no podía ser Sak K’uk’ (que sí era abuela materna de Kan Bahlam).

Por descarte y por consistencia con la datación del entierro (hacia 672 d.C., coincidente con la muerte documentada epigráficamente de la reina consorte), el consenso actual identifica a la Reina Roja con Ix Tz’akbu Ajaw, esposa de Pakal y madre de sus hijos —aunque la no coincidencia del ADN mitocondrial con Kan Bahlam II plantea sus propias dudas que siguen discutiéndose—. La atribución más aceptada en la literatura mayista actual es Tz’akbu Ajaw, y así se la presenta hoy en el Museo de Sitio de Palenque.

Por qué el polvo rojo

El sarcófago estaba literalmente teñido de rojo. El mineral utilizado es cinabrio, sulfuro de mercurio, extraído probablemente de las minas guatemaltecas del Alta Verapaz o de fuentes mexicanas. El cinabrio era caro, raro y ritualmente significativo: el rojo evocaba la sangre, la sangre era la esencia del k’ul (el alma divina), y cubrir el cuerpo del muerto con cinabrio equivalía a asegurar su renacimiento. Los mayas de élite reservaban el cinabrio para los entierros reales; aparece también, aunque en menor cantidad, en la tumba de Pakal.

El dato arqueológicamente problemático es que el mercurio contenido en el cinabrio es tóxico. Los conservadores que abrieron la tumba en 1994 trabajaron con máscaras y equipos de protección, y durante los años siguientes se hicieron estudios para descartar contaminación en los tejidos todavía detectables. Paradójicamente, el cinabrio que protegió simbólicamente a la reina en el más allá también ayudó a preservar los huesos hasta nuestros días: sus propiedades antibacterianas inhibieron la descomposición orgánica de las fibras textiles adheridas al esqueleto.

La Reina Roja hoy

La máscara de malaquita, los collares, los pendientes, las piezas de jade y la propia osamenta se exhiben hoy en el Museo de Sitio «Alberto Ruz Lhuillier» de Palenque, inaugurado en 1994 precisamente el año del hallazgo y ampliado después con la sala dedicada a la Reina Roja. La máscara es una de las pocas máscaras mortuorias mayas hechas con malaquita —el verde dominaba las de jade—, lo que la convierte en una pieza singular y reconocible por su color.

Su descubrimiento reorientó parcialmente el estudio de las figuras femeninas del mundo maya. Durante décadas, la arqueología maya había prestado muchísima atención a los reyes y poca a las reinas consorte, a pesar de que los textos jeroglíficos mencionan con frecuencia a mujeres nobles en actos políticos, rituales y diplomáticos. La Reina Roja dio rostro físico a una de ellas y empujó a los epigrafistas a releer con más cuidado los pasajes donde aparecen Tz’akbu Ajaw, Sak K’uk’ y otras soberanas mayas documentadas en Yaxchilán, Naranjo o Calakmul.

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Preguntas frecuentes sobre la Reina Roja de Palenque

¿Quién es la Reina Roja?

El nombre popular del entierro femenino hallado en 1994 en el Templo XIII de Palenque, un sarcófago cubierto de polvo rojo (cinabrio) que contenía a una mujer de alta nobleza maya, máscara de malaquita, collares, pendientes y 700 piezas de jade. Se la identifica hoy con Ix Tz’akbu Ajaw, esposa principal del rey Pakal el Grande, aunque el debate no está cerrado del todo.

¿Quién la descubrió?

El arqueólogo mexicano Arnoldo González Cruz, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, junto a su equipo, durante la excavación del Templo XIII en mayo de 1994. El hallazgo fue casualidad: localizaron una escalera obstruida mientras estudiaban un edificio considerado secundario junto al Templo de las Inscripciones.

¿Por qué se llama «roja»?

Porque todo el interior del sarcófago y los restos estaban teñidos de un rojo intenso producido por el cinabrio (sulfuro de mercurio), un mineral reservado a los entierros reales más importantes del mundo maya. El rojo evocaba simbólicamente la sangre, la esencia del alma divina (k’ul), y aseguraba rituallmente el renacimiento del difunto en el más allá.

¿Es Tz’akbu Ajaw o Sak K’uk’?

La atribución más aceptada hoy es Ix Tz’akbu Ajaw, esposa principal de Pakal y madre de sus hijos. Los análisis de ADN mitocondrial realizados en 2012 descartaron que fuera Sak K’uk’, la madre de Pakal, porque los perfiles genéticos no coincidían con los de la línea materna de sus descendientes. La identificación con Tz’akbu Ajaw es consistente también con la datación del entierro hacia 672 d.C.

¿Qué hay con ella en la tumba?

Una máscara mortuoria de malaquita de 116 piezas, un collar compuesto de jade, concha y hueso, una diadema con cuentas, pendientes de jade, una figurita de murciélago (animal asociado al inframundo) y alrededor de 700 piezas de jade esparcidas. Bajo su sarcófago yacían los restos de un niño de unos 11 años y una mujer joven, sacrificados al parecer para acompañarla al más allá.

¿Dónde se exhibe hoy?

En el Museo de Sitio «Alberto Ruz Lhuillier» de Palenque, Chiapas, dentro del propio Parque Nacional. La máscara de malaquita, el ajuar completo y una réplica del sarcófago se exhiben en una sala dedicada específicamente a la Reina Roja, inaugurada poco después del hallazgo.