Justiniano y Teodora: el emperador que reconstruyó Roma desde Constantinopla

Justiniano I (482-565 d.C.) es el emperador que soñó con restaurar el antiguo Imperio Romano desde su capital en Constantinopla, y estuvo más cerca de lograrlo que cualquier otro gobernante después de la caída de Roma. Durante sus casi cuarenta años de reinado (527-565), reconquistó el norte de África, Italia y el sur de Hispania, codificó todo el derecho romano en una obra que sigue siendo la base del derecho civil europeo, y construyó Santa Sofía, la iglesia más grande del mundo durante mil años. Pero nada de esto habría sido posible sin Teodora, su esposa, una ex actriz de circo que se convirtió en la mujer más poderosa del mundo antiguo.

Justiniano y Teodora: el Emperador Que Reconstruyó Roma Desde Constantinopla
Justiniano y Teodora: el Emperador Que Reconstruyó Roma Desde Constantinopla

De campesino a emperador

Justiniano nació como Petrus Sabbatius en Tauresium, una aldea de la actual Macedonia del Norte, hijo de una familia de campesinos de habla latina. Su tío Justino, un soldado analfabeto que había ascendido desde las filas más bajas del ejército hasta la guardia imperial, lo adoptó y le proporcionó la educación que él nunca tuvo. Cuando Justino fue proclamado emperador en 518, a los 66 años y sin hijos propios, Justiniano se convirtió en su mano derecha y heredero de facto. Gobernó en la sombra durante casi una década antes de asumir formalmente el trono en 527.

Lo primero que hizo Justiniano fue cambiar la ley para poder casarse con Teodora. Las leyes romanas prohibían el matrimonio entre senadores y actrices —y Teodora había sido actriz de mimo en el hipódromo de Constantinopla, un oficio asociado con la prostitución—. Justiniano hizo que su tío Justino derogara la ley, y en 525 se casaron. Los senadores se escandalizaron. La historia les dio la razón a los recién casados.

Teodora: la emperatriz que salvó el trono

Teodora demostró su valía en enero de 532, durante la revuelta de Niká, la insurrección urbana más peligrosa de la historia bizantina. Las facciones del hipódromo (los Verdes y los Azules), normalmente enfrentadas entre sí, se aliaron contra el gobierno y proclamaron un nuevo emperador. Constantinopla ardía. Justiniano, aterrorizado, preparó un barco para huir. Fue Teodora quien lo detuvo con un discurso que Procopio recoge y que se ha convertido en uno de los más citados de la historia: «La púrpura imperial es la mejor mortaja. El que ha nacido emperador no puede sobrevivir a la pérdida de su imperio».

Justiniano se quedó. Envió a sus generales Belisario y Narsés al hipódromo, donde los rebeldes se habían congregado, y masacraron a entre 30.000 y 35.000 personas. La revuelta fue aplastada, el trono salvado, y Justiniano aprovechó la destrucción de la ciudad para reconstruirla a una escala sin precedentes. Sin el discurso de Teodora, Justiniano habría huido y el mayor reinado de la historia bizantina nunca habría ocurrido.

La reconquista del Mediterráneo

Justiniano emprendió la renovatio imperii, la restauración del Imperio Romano, con una serie de campañas militares que devolvieron temporalmente el Mediterráneo al control imperial. En 533-534, Belisario conquistó el reino vándalo del norte de África con solo 15.000 hombres, una campaña relámpago que recuperó Cartago, Cerdeña y las Baleares. Entre 535 y 554, las fuerzas bizantinas reconquistaron Italia, incluyendo Roma y Rávena, tras veinte años de guerras devastadoras contra los ostrogodos. En 552, una expedición recuperó el sureste de Hispania de los visigodos.

El coste fue inmenso. Italia quedó arruinada por dos décadas de guerra, y su población se desplomó. Roma, que había sido capturada y recapturada cinco veces durante la Guerra Gótica, quedó reducida a unas pocas decenas de miles de habitantes. Las conquistas fueron efímeras: los lombardos invadieron Italia apenas tres años después de la muerte de Justiniano, y las posesiones hispánicas se perdieron en pocas décadas.

El Corpus Iuris Civilis: la herencia legal de Roma

El legado más perdurable de Justiniano no fueron sus conquistas sino su codificación del derecho romano. El Corpus Iuris Civilis, compilado entre 529 y 534 por una comisión dirigida por el jurista Triboniano, organizó mil años de legislación romana en cuatro obras: el Código (recopilación de leyes imperiales), el Digesto (extractos de juristas clásicos), las Instituciones (manual de estudio) y las Novelas (nuevas leyes de Justiniano). Esta codificación rescató del olvido el pensamiento jurídico romano y se convirtió en la base del derecho civil de la mayoría de países europeos y latinoamericanos. Cuando un estudiante de derecho en Madrid, Buenos Aires o Ciudad de México estudia derecho romano, estudia esencialmente lo que Triboniano compiló por orden de Justiniano.

El legado de una pareja extraordinaria

Teodora murió de cáncer en 548, diecisiete años antes que Justiniano. El emperador, devastado, nunca se recuperó emocionalmente y nunca volvió a casarse. Tras la muerte de Teodora, el gobierno perdió energía y las reformas se estancaron. Justiniano murió en 565, a los 83 años, habiendo gobernado más tiempo que cualquier otro emperador romano o bizantino. Les sobrevivió el derecho romano codificado, Santa Sofía y la memoria de una época en la que Constantinopla fue, brevemente, el centro del mundo.

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