El Imperio Gupta (320-550 d.C.) fue la edad de oro de la civilización india: un período de esplendor cultural, científico y artístico que produjo avances que transformarían el mundo. Los matemáticos gupta inventaron el sistema numérico decimal con el cero que hoy usamos todos, los astrónomos calcularon que la Tierra giraba sobre su eje y era esférica, los médicos realizaron cirugías plásticas y cataratas, los poetas compusieron las obras maestras de la literatura sánscrita y los artistas crearon un estilo de escultura que se convertiría en el canon del arte budista e hinduista de toda Asia.

Chandragupta I y la unificación del norte
El Imperio Gupta fue fundado por Chandragupta I (no confundir con Chandragupta Maurya, tres siglos anterior) hacia el 320 d.C. mediante una combinación de conquista militar y alianza matrimonial. Su matrimonio con Kumaradevi, princesa de la poderosa confederación Lichchhavi, le dio la legitimidad y los recursos para expandirse desde su base en Magadha (el actual Bihar) hasta controlar gran parte del valle del Ganges. Chandragupta inauguró la era Gupta, un calendario propio que señalaba la ambición dinástica de la nueva casa real.
Fue su hijo Samudragupta (335-375) quien transformó el reino en un imperio. Conocido como el «Napoleón de la India» por el historiador V.A. Smith, Samudragupta emprendió campañas militares que lo llevaron desde el Himalaya hasta el río Narmada en el sur. El Pilar de Allahabad, una inscripción en un pilar de la era Ashoka reutilizado, enumera las victorias de Samudragupta con una precisión inusual: nueve reyes del norte derrotados y sus reinos anexados, doce reyes del sur derrotados y restaurados como vasallos, y tributos recibidos de Sri Lanka y el sudeste asiático.
Chandragupta II y la cima del poder
El apogeo del imperio llegó con Chandragupta II (375-415), conocido como Vikramaditya («Sol del Valor»), cuyo reinado es recordado como el más brillante de la historia india. Chandragupta II derrotó a los sakas (escitas) del oeste, obteniendo acceso a los puertos del golfo de Cambay y conectando el imperio con las redes comerciales marítimas del Mediterráneo y el sudeste asiático. Su corte atrajo a los mejores artistas, científicos y literatos del subcontinente, y la tradición le atribuye las «nueve joyas» (navaratna): nueve genios que adornaban su corte.
El monje budista chino Faxian, que viajó por la India entre 399 y 414, dejó un testimonio invaluable del imperio en su apogeo. Describió ciudades prósperas, caminos seguros, hospitales gratuitos y una sociedad donde la violencia era rara y el vegetarianismo dominante. «En todo el país», escribió, «la gente no mata ningún ser vivo, no bebe vino y no come cebolla ni ajo». Su relato, aunque idealizado, retrata una sociedad estable y culta que impresionó profundamente al viajero.
La revolución matemática: el cero y los números que usas hoy
El legado más transformador del período Gupta es el sistema numérico decimal posicional con cero. Aryabhata (476-550), el mayor matemático de la era Gupta, trabajó en la universidad de Nalanda y escribió el Aryabhatiya, un tratado que incluía el concepto del valor posicional, las funciones trigonométricas de seno y coseno, y el cálculo del número pi como 3,1416 (un valor correcto a cuatro decimales). Aryabhata también propuso que la Tierra giraba sobre su eje, explicando así la rotación aparente de las estrellas, una idea que Copérnico no plantearía en Europa hasta mil años después.
El concepto del cero como número (shunya, «vacío»), y no simplemente como marcador de posición, fue desarrollado por Brahmagupta en el siglo VII, pero sus raíces están en la era Gupta. Este sistema numérico fue adoptado por los matemáticos árabes (que lo llamaron «números hindúes»), transmitido a Europa por Fibonacci en el siglo XIII y es, literalmente, el sistema que el mundo entero usa hoy para contar, calcular, programar computadoras y medir el universo.
Arte, literatura y el canon estético de Asia
El arte Gupta estableció el canon estético que definiría el arte religioso de toda Asia durante siglos. Las esculturas de Buda de Sarnath y Mathura, con su serenidad idealizada, sus ojos semicerrados en meditación y sus ropajes transparentes, se convirtieron en el modelo que imitarían los artistas de Tailandia, Camboya, Indonesia, China, Corea y Japón. Los frescos de las cuevas de Ajanta, pintados durante el período Gupta, son considerados la obra maestra de la pintura india antigua.
La literatura sánscrita alcanzó su cumbre con Kalidasa, el mayor poeta de la lengua sánscrita y contemporáneo de Chandragupta II. Su obra Shakuntala, un drama de amor y destino, fue traducida al inglés en 1789 y fascinó a Goethe, que la comparó favorablemente con cualquier obra de la literatura occidental. El Kamasutra de Vatsyayana, a pesar de su fama moderna como manual erótico, es en realidad un tratado exhaustivo sobre la vida social, las relaciones y la estética del período Gupta.
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Datos complementarios
Kalidasa, la cumbre de la literatura sánscrita clásica, vivió durante el período Gupta. Su obra Shakuntala fue traducida al alemán por Georg Forster en 1791 y fascinó a Goethe hasta el punto de escribir: «Si quieres nombrar el cielo y la tierra en una sola palabra, digo Shakuntala.»
La arquitectura hindú de templos de piedra nace como forma independiente en el período Gupta: las primeras estructuras con shikhara (torre curvilínea sobre el santuario), pórtico de entrada y esculturas de divinidades en las fachadas establecen un canon que gobernaría la arquitectura sagrada india durante siglos.
