Nínive fue la capital del Imperio Neoasirio en su momento de máxima extensión, la ciudad más grande del mundo en el siglo VII a.C. y uno de los centros urbanos más espectaculares de toda la Antigüedad. Situada en la orilla oriental del río Tigris, frente a la moderna ciudad de Mosul en el norte de Irak, Nínive alcanzó una población estimada de 150.000 habitantes bajo el reinado de Senaquerib (705-681 a.C.), una cifra que no sería superada por ninguna ciudad occidental hasta la Roma imperial. Su destrucción en el 612 a.C. fue tan completa y su olvido tan profundo que cuando el soldado griego Jenofonte pasó por sus ruinas doscientos años después, no supo identificarlas.

Senaquerib y la transformación de Nínive
Aunque Nínive había sido un asentamiento importante durante milenios —con evidencia de ocupación desde el sexto milenio a.C. y un templo dedicado a la diosa Ishtar desde al menos el tercer milenio—, fue Senaquerib quien la convirtió en la capital imperial y la transformó en una metrópoli sin precedentes. Senaquerib trasladó la capital desde Dur-Sharrukin, la ciudad que su padre Sargón II había construido desde cero, y volcó los recursos del imperio más poderoso del mundo antiguo en hacer de Nínive una urbe digna de su ambición.
Las murallas de la ciudad formaban un perímetro de aproximadamente doce kilómetros, con quince puertas monumentales flanqueadas por colosos de piedra. Cada puerta tenía un nombre ceremonial: la Puerta de Nergal, la Puerta de Shamash, la Puerta de Adad. Los muros tenían una anchura suficiente para que un carro de guerra circulara por su parte superior y estaban protegidos por un foso alimentado por el río Khosr, un afluente del Tigris que Senaquerib desvió para que atravesara la ciudad.
El Palacio sin Rival: arte y propaganda en piedra
El logro arquitectónico más impresionante de Senaquerib fue su palacio real, al que llamó sin modestia alguna «El Palacio sin Rival» (ekal sha shanina la ishu). Las cifras son asombrosas: más de ochenta salas y pasillos decorados con aproximadamente tres kilómetros lineales de relieves de alabastro tallados con una precisión y un detalle que representan la cumbre del arte asirio. Los relieves narraban las campañas militares del rey con una viveza casi cinematográfica: el asedio de Laquis en Judá (701 a.C.) se representó en una secuencia continua que mostraba desde el avance de las rampas de asedio hasta la deportación de los prisioneros.
Los relieves asirios no eran mero adorno: eran propaganda de Estado diseñada para intimidar a los visitantes extranjeros. Los embajadores de naciones sometidas que esperaban audiencia con el rey debían recorrer salas cuyos muros mostraban, con detalle gráfico, ciudades siendo destruidas, prisioneros empalados, reyes derrotados encadenados. El mensaje era claro: resistir a Asiria era inútil y las consecuencias, terribles.
El sistema hidráulico: ingeniería adelantada a su tiempo
Uno de los logros menos conocidos pero más extraordinarios de Senaquerib fue su sistema de abastecimiento de agua. Para alimentar los jardines, fuentes y canales de su nueva capital, construyó un acueducto de más de cincuenta kilómetros que traía agua desde las montañas del norte. El punto más espectacular del sistema es el acueducto de Jerwan, un puente de piedra de 280 metros de longitud y 22 metros de anchura que salvaba un valle a quince metros de altura. Construido con más de dos millones de bloques de piedra caliza y sellado con betún, es el acueducto de piedra más antiguo conocido del mundo, anterior a los acueductos romanos en varios siglos.
Este sistema ha alimentado una de las controversias más fascinantes de la arqueología reciente: la investigadora Stephanie Dalley ha propuesto que los famosos Jardines Colgantes, tradicionalmente atribuidos a Babilonia, estaban en realidad en Nínive. Su argumento se basa en que ninguna fuente babilónica menciona los jardines, mientras que los relieves de Senaquerib muestran jardines elevados con sistemas de riego por tornillo de Arquímedes, y su sistema hidráulico tenía la capacidad técnica para alimentarlos. La teoría sigue siendo debatida, pero ha ganado considerable apoyo académico.
La Biblioteca de Asurbanipal: el primer archivo universal
El nieto de Senaquerib, Asurbanipal (668-627 a.C.), fue el último gran rey asirio y, paradójicamente, el más culto. Asurbanipal era una rareza entre los monarcas antiguos: sabía leer y escribir cuneiforme, una habilidad que normalmente se reservaba a los escribas profesionales. Su pasión por el conocimiento lo llevó a crear en Nínive la mayor colección de textos del mundo antiguo: más de 30.000 tablillas de arcilla que abarcaban la totalidad del saber mesopotámico.
La biblioteca contenía textos literarios (incluida la versión más completa de la Epopeya de Gilgamesh), tratados médicos, textos astronómicos, presagios, rituales religiosos, diccionarios bilingües sumerio-acadios, correspondencia diplomática, tratados matemáticos y listas de plantas y animales. Asurbanipal no se limitó a coleccionar los textos que ya existían en Nínive: envió escribas por todo el imperio con órdenes de copiar cualquier tablilla de valor que encontraran en templos y archivos privados. Algunas tablillas llevan un colofón que dice: «Palacio de Asurbanipal, rey del universo, rey de Asiria, a quien los dioses Nabu y Tashmetu dieron oídos atentos y ojos agudos».
Los relieves de la cacería de leones
Entre los tesoros artísticos de Nínive, los relieves de la cacería de leones de Asurbanipal, hoy en el Museo Británico, son considerados por muchos historiadores del arte como la obra maestra absoluta de la escultura del Próximo Oriente antiguo. Las escenas muestran al rey cazando leones desde su carro y a pie, con un realismo anatómico y una intensidad emocional que no tienen paralelo en el arte antiguo.
Lo más sorprendente es la representación de los animales. Los leones heridos se retuercen de dolor con una expresión casi humana de agonía: una leona con la espina dorsal rota arrastra sus patas traseras paralizadas mientras ruge; un león moribundo vomita sangre mientras intenta levantarse por última vez. Hay una compasión en la representación del sufrimiento animal que contrasta radicalmente con la frialdad con que los mismos artistas representaban el sufrimiento de los prisioneros humanos en los relieves militares. Los leones no eran salvajes: se criaban en cautividad y se liberaban en arenas cerradas para la cacería ritual del rey, un acto que simbolizaba el poder del monarca sobre las fuerzas del caos.
La caída: 612 a.C.
Tras la muerte de Asurbanipal, el imperio asirio se desintegró con una velocidad asombrosa. Una coalición formada por los medos del rey Ciáxares y los babilonios de Nabopolasar asedió Nínive en el verano del 612 a.C. Según la Crónica Babilónica, el asedio duró tres meses. La tradición dice que unas inundaciones extraordinarias del Tigris destruyeron parte de las murallas, permitiendo a los atacantes entrar en la ciudad. El último rey asirio, Sin-shar-ishkun, murió en las llamas de su propio palacio.
La destrucción fue sistemática y total. Los conquistadores no se limitaron a saquear: incendiaron los palacios, desfiguraron los relieves, derribaron los colosos guardianes de las puertas. La ironía es que el incendio preservó la biblioteca de Asurbanipal: las tablillas de arcilla, que el fuego habría destruido si fueran de papiro o pergamino, se cocieron y endurecieron, conservándose durante 2.500 años bajo los escombros hasta que el arqueólogo británico Austen Henry Layard y su asistente asirio Hormuzd Rassam las desenterraron entre 1845 y 1854.
El profeta bíblico Nahúm celebró la caída de Nínive con un poema de venganza feroz: «¡Ay de la ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y rapiña!». Para los pueblos sometidos por Asiria durante siglos, la destrucción de Nínive fue un acto de justicia cósmica. Para la historia, fue la pérdida de una de las ciudades más extraordinarias que la humanidad ha construido.
Descubre más sobre Mesopotamia: la cuna de la civilización, sus reyes, dioses y las ciudades que inventaron la escritura.
- La Biblioteca de Asurbanipal contenía 30.000 tablillas cuneiformes: fue la primera biblioteca sistemática del mundo, con obras organizadas por tema.
- Las tablillas de Nínive incluían diccionarios bilingües sumerio-acadio, textos médicos y la Épica de Gilgamesh.
- Cuando Nínive cayó en 612 a.C., el incendio del palacio cocció accidentalmente las tablillas de barro, preservándolas para siempre.
