Cuando Mansa Musa I emprendió su peregrinación a La Meca en 1324, el mundo islámico conoció por primera vez la verdadera riqueza del África subsahariana. El noveno rey del Imperio de Mali viajó con una comitiva que incluía 60.000 hombres, 12.000 esclavos vestidos de seda y brocado, y 80-100 camellos cargados de polvo de oro. Su paso por El Cairo fue tan generoso —distribuyó tanto oro a los pobres y a los funcionarios— que el precio del metal se desplomó en todo el Mediterráneo y tardó una década en recuperarse. Mansa Musa es, según los economistas modernos que han calculado su patrimonio ajustado a la inflación, posiblemente el ser humano más rico que ha existido.

El Imperio de Mali: la fuente del oro del mundo
El Imperio de Mali controlaba las minas de oro de Bambuk y Bure, en el actual Senegal y Guinea, que producían la mayor parte del oro que circulaba en el mundo mediterráneo medieval. También controlaba las salinas de Taghaza en el Sahara, cuya sal valía literalmente su peso en oro en los mercados del sur. El comercio transahariano —oro y marfil hacia el norte, sal y productos manufacturados hacia el sur— pasaba por el territorio malí, y los mansas cobraban impuestos en cada transacción.
La peregrinación a La Meca: el mundo se entera
La peregrinación (hajj) a La Meca era una obligación religiosa para los musulmanes con medios para realizarla. Mansa Musa cumplió su obligación de una forma que ningún peregrino antes ni después pudo igualar. Su comitiva de 60.000 personas —entre ellos 500 esclavos cada uno portando una vara de oro de 2 kg, ministros, soldados, poetas y esclavos— atravesó el Sahara, pasó por El Cairo (donde el sultán mameluco lo recibió con todos los honores) y continuó hacia Arabia.
En El Cairo, Mansa Musa fue tan generoso con sus distribuciones de oro que el metal se depreció en toda la región. Los comerciantes y prestamistas cairenas, que habían acumulado reservas de oro a precios altos, vieron desplomarse el valor de sus activos. Décadas después, los economistas medievales de la región aún recordaban «el año de Musa» como un episodio de inflación sin precedentes.
Tombuctú: las universidades y los manuscritos
De regreso de La Meca, Mansa Musa trajo consigo al arquitecto Abu Ishaq al-Sahili, a quien encargó la construcción de mezquitas y palacios en su capital y en Tombuctú. La mezquita de Djingareyber (1327), aún en pie con su característica arquitectura de barro y madera, fue construida por al-Sahili. Mansa Musa convirtió Tombuctú en un centro de aprendizaje islámico: la ciudad atrajo a sabios de todo el mundo islámico y sus bibliotecas acumularon cientos de miles de manuscritos.
El legado de Mansa Musa va más allá de su riqueza personal. Consolidó el Islam como religión de la élite gobernante del África Occidental, integró el Imperio de Mali en las redes comerciales e intelectuales del mundo islámico y demostró al mundo mediterráneo que existían potencias de primera magnitud al sur del Sahara. El Atlas Catalán de 1375 lo muestra sentado en su trono, con una corona de oro y una pepita de oro en la mano, en el mapa del mundo conocido. Era el único gobernante africano subsahariano representado en los mapas medievales europeos.
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- La peregrinación de Mansa Musa a La Meca en 1324 con 60.000 personas y 100 camellos cargados de oro hundió la economía de Egipto durante años.
- Mansa Musa construyó una nueva mezquita cada viernes durante su peregrinación, en cualquier ciudad donde rezara.
- Actualmente se estima que su riqueza equivaldría a 400.000 millones de dólares, convirtiéndolo en la persona más rica de la historia.
