Sobre el campo de batalla, invisibles para casi todos, cabalgan mujeres armadas que deciden quién vive y quién muere. Son las valquirias —en nórdico antiguo valkyrja, literalmente «la que elige a los caídos»—, las servidoras de Odín encargadas de seleccionar entre los muertos en combate a los mejores guerreros y conducirlos al Valhalla, donde se convertirán en einherjar: el ejército que Odín acumula para la batalla final del Ragnarök. En la sala dorada, además, son ellas quienes sirven el hidromiel a los caídos, un doble papel —ángel de la muerte y anfitriona— que resume su naturaleza ambigua.

La imagen popular de la valquiria —rubia, con casco alado, coraza y lanza, cantando a pleno pulmón— debe más a Wagner y a la ópera del siglo XIX que a las fuentes medievales. La valquiria de los poemas éddicos es una figura mucho más inquietante: un espíritu de la carnicería que teje el destino de los ejércitos con vísceras humanas en un telar de lanzas, pero también una doncella luminosa capaz de desobedecer a Odín por amor y ser castigada por ello. Este artículo recorre qué dicen realmente las fuentes: su nombre y función, las valquirias con nombre propio, su lado oscuro, sus historias de amor con héroes mortales y el largo viaje que las llevó del telar sangriento de las sagas al escenario de Bayreuth.
Qué es una valquiria: etimología y función
El término valkyrja (plural valkyrjur) se compone de valr, «los muertos en el campo de batalla», y el verbo kjósa, «elegir»: la valquiria es, con precisión gramatical, «la que elige a los caídos». La elección tiene dos caras. En su versión más elaborada —la de la Gylfaginning de Snorri Sturluson—, las valquirias cabalgan al campo de batalla por encargo de Odín, deciden qué guerreros mueren y reparten la victoria; después escoltan a los elegidos hasta el Valhalla. Pero la selección no era exclusiva de Odín: según el poema Grímnismál, la mitad de los caídos pertenece a Freya, que los recibe en su propio campo, Fólkvangr —un reparto que las fuentes nunca terminan de aclarar y que sigue alimentando debates entre especialistas.
En el Valhalla, las valquirias cambian la lanza por el cuerno: Snorri las describe sirviendo bebida y cuidando la vajilla de los einherjar, y el poema Eiríksmál (c. 954) las muestra preparando la sala para recibir a un rey recién caído, Erik Hacha Sangrienta. Esa domesticidad no debe engañar: cuando los poetas escaldos querían decir «batalla», usaban kennings como «tormenta de valquirias», y cuando querían decir «cadáveres», «cosecha de la valquiria». Para el guerrero nórdico, ver a la valquiria era ver su propia muerte —y a la vez su única forma de inmortalidad aceptable.
Cuántas eran y cómo se llamaban
No hay un número canónico. Los poemas las presentan en grupos de tres, nueve o trece, y las listas de nombres —los þulur y el Grímnismál— suman varias docenas en total. Lo revelador son los propios nombres, que no dejan duda sobre su naturaleza: casi todos significan batalla, estruendo o lanza. La tabla recoge los más citados en las fuentes:
| Valquiria | Significado del nombre | Dónde aparece |
|---|---|---|
| Brynhildr (Brunilda) | «Cota de malla de batalla» | Ciclo de Sigurd: la valquiria castigada por Odín, prometida y traicionada |
| Sigrdrífa | «La que impulsa a la victoria» | Sigrdrífumál: despertada por Sigurd, le enseña runas y consejos |
| Gunnr | «Batalla» | Piedra rúnica de Rök (s. IX), poemas éddicos, Darraðarljóð |
| Skögul y Geirskögul | «Agitadora» / «Agitadora de lanza» | Hákonarmál: recogen al rey Hakón el Bueno tras su última batalla (961) |
| Hildr | «Combate» | Leyenda de Heðinn y Högni: resucita cada noche a los muertos para que la batalla no acabe jamás |
| Sváva / Sigrún / Kára | — | Poemas de Helgi: la misma valquiria amante reencarnada tres veces |
| Þrúðr | «Fuerza» | Hija de Thor, citada sirviendo cerveza en el Valhalla |
La nómina muestra algo importante: la frontera entre valquiria, diosa menor y heroína mortal era porosa. Þrúðr es hija de un dios; Brunilda y Sigrún son a la vez valquirias e hijas de reyes humanos; Hildr da nombre a una leyenda donde la batalla eterna es un castigo. Los mitógrafos modernos prefieren hablar de una categoría de seres femeninos ligados al destino y la guerra —emparentadas con las nornas que hilan el destino y con las dísir protectoras del clan— antes que de un «cuerpo» organizado con número fijo.
El lado oscuro: el telar de vísceras de la Darraðarljóð
La pieza más estremecedora sobre valquirias no está en las Eddas sino en la saga de Njál: el poema Darraðarljóð. La mañana del Viernes Santo de 1014 —día de la batalla de Clontarf, en Irlanda—, un hombre llamado Dörruð ve a doce jinetes entrar en una cabaña. Al asomarse, descubre a doce mujeres tejiendo en un telar espantoso: las pesas son cráneos, la trama son intestinos humanos, las lanzaderas son flechas y los batanes, espadas. Mientras tejen, cantan quién morirá ese día y qué rey caerá, y al terminar despedazan la tela, montan a caballo y se dispersan —seis hacia el sur, seis hacia el norte— a repartir la muerte que acaban de tramar.
El poema, probablemente del siglo XI, conserva la capa más antigua de la creencia: la valquiria como demonio de la carnicería, pariente de las keres griegas y de la Morrígan irlandesa, que no premia al guerrero sino que fabrica su destino con sus propios despojos. Los textos anglosajones contemporáneos usan la palabra emparentada wælcyrge para glosar a las Furias romanas y a las brujas, señal de que en el mundo germánico occidental la figura nunca perdió ese filo siniestro. La valquiria luminosa del Valhalla y la tejedora de vísceras de Clontarf son la misma figura vista desde los dos lados del campo de batalla: desde el bando que gana y desde el que muere.
Valquirias enamoradas: Brunilda, Sigrún y las novias cisne
El tercer rostro de la valquiria es el romántico, y es el que conquistó la literatura medieval. En el ciclo del héroe Sigurd (el Sigfrido germánico), el héroe atraviesa una muralla de escudos y llama y despierta a una valquiria dormida con la armadura puesta: Sigrdrífa en la versión éddica, fundida después con Brunilda en la saga de los Völsungos. Odín la había castigado con el sueño mágico por conceder la victoria al rey equivocado —por elegir ella, en vez de ejecutar la elección del dios—, condenándola además a casarse como una mortal. El encuentro acaba en juramentos de amor, y su ruptura —Sigurd, hechizado, se casa con otra— desencadena la tragedia entera: Brunilda ordena matar a Sigurd y se arroja a su pira funeraria. Wagner construyó sobre esta historia los dos últimos dramas de su Anillo.
El patrón se repite en los poemas de Helgi, donde la valquiria Sigrún protege en el aire al héroe que ama, se casa con él contra la voluntad de su familia y, cuando Helgi muere, entra en su túmulo para abrazar al muerto —una de las escenas más extraordinarias de la poesía nórdica—. Y en la Völundarkviða, tres valquirias con «vestidos de cisne» viven nueve años con tres hermanos herreros antes de volar de vuelta a las batallas: el origen nórdico del motivo universal de la doncella cisne. En todos estos relatos late la misma idea: la valquiria que ama a un mortal transgrede su función, y la transgresión se paga —con el sueño, con el destierro del campo de batalla o con la tragedia.
¿Existieron guerreras reales? La tumba de Birka y las fuentes
La pregunta inevitable es si detrás del mito hubo mujeres guerreras reales. El caso más discutido es la tumba Bj 581 de Birka (Suecia): un enterramiento del siglo X con espada, hacha, lanza, flechas, dos caballos y un juego de estrategia —el ajuar de un mando militar— cuyo ocupante resultó ser, según el análisis de ADN publicado en 2017, una mujer. El hallazgo no prueba la existencia de «valquirias humanas», y los propios autores del estudio advierten contra la lectura literal, pero obligó a revisar la suposición automática de que tumba con armas equivale a varón. A ello se suman las skjaldmeyjar o doncellas escuderas de las sagas legendarias —como la Lagertha que Saxo Gramático asocia a Ragnar Lodbrok— y pequeñas figuras de plata como la de Hårby (Dinamarca, c. 800), que representa a una mujer con moño, espada y escudo: la imagen material más cercana a una valquiria que ha dado la arqueología.
El consenso actual es prudente: la sociedad nórdica fue mayoritariamente patriarcal y la guerra, cosa de hombres; pero el imaginario reservó a lo femenino el control del destino bélico —valquirias, nornas, dísir—, y algunos casos excepcionales de mujeres con armas pudieron existir y alimentar la leyenda. La valquiria funcionaría así como la proyección mítica de un hecho social real: en un mundo donde los hombres morían lejos, eran las mujeres quienes administraban la memoria, la herencia y el relato de esa muerte.
De Wagner al cine: la cabalgata que no cesa
La valquiria moderna nace en 1870, cuando Richard Wagner estrena Die Walküre y compone para el tercer acto la Cabalgata de las valquirias, probablemente los ocho minutos de música más reconocibles del siglo XIX. Wagner rediseñó la figura a su gusto —sus nueve valquirias son hijas de Wotan (Odín), y Brunilda es castigada por desobedecer, en un eco fiel del mito de Sigrdrífa— y fijó la estética de casco alado y lanza que el cómic, la publicidad y el cine repetirían sin descanso, de Apocalypse Now a las Kate Beckinsale y Tessa Thompson de Hollywood. La pintura romántica escandinava hizo el resto: los lienzos de Peter Nicolai Arbo y John Charles Dollman convirtieron la cabalgata nocturna en icono visual.
Que la figura siga viva mil años después de componerse la Völuspá no es casualidad. La valquiria condensa una tensión que ninguna época ha resuelto: la muerte violenta necesita sentido, y dárselo exige alguien que elija. Los nórdicos pusieron esa elección en manos de mujeres a caballo entre el cielo y el barro del campo de batalla. Para seguir el hilo, la puerta natural es el Valhalla al que conducían a sus elegidos —y el Ragnarök, la batalla final para la que Odín los reclutaba.
Preguntas frecuentes sobre las valquirias
¿Qué significa la palabra valquiria?
Viene del nórdico antiguo valkyrja: valr («los caídos en batalla») + kjósa («elegir»). Significa literalmente «la que elige a los caídos»: su función es seleccionar entre los muertos en combate a los guerreros dignos del Valhalla.
¿Cuál era la función de las valquirias?
Doble: en el campo de batalla, ejecutar la voluntad de Odín repartiendo victoria y muerte, y escoltar a los caídos elegidos hasta el Valhalla; en la sala de Odín, servir el hidromiel a los einherjar, los guerreros muertos que formarán el ejército del Ragnarök. Según el Grímnismál, la mitad de los caídos correspondía a la diosa Freya, no a Odín.
¿Quién es la valquiria más famosa?
Brunilda (Brynhildr), protagonista del ciclo de Sigurd: castigada por Odín con un sueño mágico por conceder la victoria al rey equivocado, despertada por el héroe Sigurd y desencadenante de la tragedia de los Völsungos. Wagner la convirtió en el personaje central de su tetralogía El anillo del nibelungo.
¿Las valquirias eran diosas?
No exactamente. Son seres femeninos sobrenaturales al servicio de Odín, emparentados con las nornas (que hilan el destino) y las dísir (espíritus protectores del clan), pero varias fuentes las presentan a la vez como hijas de reyes mortales. La frontera entre valquiria, semidiosa y heroína humana es deliberadamente difusa en los poemas.
¿Existieron valquirias reales?
Las valquirias son míticas, pero el debate sobre mujeres guerreras nórdicas es real: la tumba Bj 581 de Birka (Suecia, s. X), con ajuar completo de mando militar, resultó pertenecer a una mujer según el ADN analizado en 2017, y las sagas hablan de skjaldmeyjar (doncellas escuderas) como Lagertha. Fueron, en todo caso, excepciones en una sociedad donde la guerra era masculina.
Fuentes
- Britannica — Valkyrie (Norse mythology)
- World History Encyclopedia — Valkyrie
- Hedenstierna-Jonson et al., «A female Viking warrior confirmed by genomics» — American Journal of Physical Anthropology (2017)
Sigue explorando
- Valhalla — El Paraíso de los Guerreros Vikingos
- Loki — El dios tramposo de la mitología nórdica
- El Ragnarök — El fin del mundo en la mitología nórdica
- Vikingos
