De la meseta iraní al mayor imperio del mundo antiguo
El Imperio persa aqueménida fue el más grande que el mundo había conocido: desde Libia hasta el río Indo, desde el Cáucaso hasta Etiopía. Su centro era la meseta iraní.
- Capitales: Pasargada (fundacional), Persépolis (ceremonial), Susa (administrativa), Ecbatana (verano).
- Extensión: ~5,5 millones de km² bajo Darío I: desde Egipto y Libia hasta el actual Pakistán y Asia Central.
- Satrapías: 20-30 provincias gobernadas por sátrapas, conectadas por la Vía Real (2.700 km de Susa a Sardes).
550 – 330 a.C. (Imperio aqueménida, 220 años)
El Imperio Persa aqueménida fue el mayor estado que el mundo había visto hasta entonces: en su apogeo bajo Darío I (c. 500 a.C.) se extendía desde los Balcanes y Libia por el oeste hasta el noroeste de India por el este, abarcando unos 5,5 millones de km² y gobernando a más de 35 millones de personas —entre el 35 y el 44% de la población mundial de la época. Fue también el primer estado de la historia en proclamar la libertad de religión y en conceder derechos a sus pueblos conquistados, según atestigua el Cilindro de Ciro, considerado el primer documento de derechos humanos.
El Imperio Persa fue fundado por Ciro el Grande (559–530 a.C.) de la dinastía aqueménida, con capital en Persépolis (actual Irán). Abarcó territorios de los actuales Irán, Irak, Siria, Turquía, Egipto, Israel, Jordania, Afganistán, Pakistán, partes de Grecia, Bulgaria y Asia Central, hasta su conquista por Alejandro Magno entre 334 y 323 a.C.
Sobre Persia
Zoroastrismo, templos del fuego y religión del Imperio Persa
Artículos sobre Persia
¿Dónde se ubicó el Imperio Persa?
El Imperio Persa aqueménida se extendía por tres continentes. En Asia: el actual Irán (núcleo del imperio), Irak (antigua Mesopotamia), Siria, Líbano, Israel y Palestina, Jordania, Afganistán, partes de Pakistán (antigua Bactria y Gedrosia), partes de Asia Central (Uzbekistán, Tayikistán), Armenia y Azerbaiyán. En África: Egipto y Libia oriental. En Europa: Tracia (actual Bulgaria y nordeste de Grecia) y Macedonia. Las capitales del imperio eran múltiples y rotativas según las estaciones: Persépolis (capital ceremonial, en el actual Fars, Irán), Susa (capital administrativa, en el actual Juzestán), Ecbatana (capital de verano, actual Hamadán) y Babilonia (capital de invierno). Una extraordinaria red de carreteras, la Royal Road de más de 2.500 km, conectaba Sardes (Turquía) con Susa, con estaciones de relevos que permitían transmitir mensajes en cuestión de días.
Historia del Imperio Persa
Ciro el Grande (559–530 a.C.) fundó el Imperio Persa conquistando el Imperio Medo, Lidia y Babilonia (539 a.C.), donde liberó a los judíos cautivos de Nabucodonosor. Su sucesor Cambises II añadió Egipto (525 a.C.). Darío I el Grande (522–486 a.C.) organizó el imperio en 20 satrapías (provincias), estandarizó la moneda, construyó Persépolis y comenzó la primera guerra contra Grecia, frenada en la Batalla de Maratón (490 a.C.). Su hijo Jerjes I intentó nuevamente conquistar Grecia: cruzó el Helesponto con un ejército de cientos de miles, incendió Atenas, pero fue derrotado en las batallas navales de Salamina (480 a.C.) y Platea (479 a.C.). Tras este fracaso, el Imperio Persa se mantuvo poderoso durante 150 años más. Alejandro Magno invadió Persia en 334 a.C., derrotó a Darío III en las batallas de Gránico, Iso y Gaugamela, e incendió Persépolis en 330 a.C., poniendo fin a la dinastía aqueménida. Sin embargo, la cultura persa sobrevivió y renació bajo los imperios parto (247 a.C.–224 d.C.) y sasánida (224–651 d.C.).
Legado del Imperio Persa
El legado de la civilización persa es profundo y duradero. El zoroastrismo, la religión de los persas, fue la primera religión monoteísta o cuasimonoteísta de la historia, con conceptos de bien y mal, juicio final y salvación que influyeron directamente en el judaísmo, el cristianismo y el islam. El cilindro de Ciro (539 a.C.), inscrito con la proclamación de libertades para los pueblos conquistados, es considerado por muchos historiadores el primer documento de derechos humanos. La arquitectura de Persépolis, con sus enormes columnas, relieves y frisos de delegaciones de todos los pueblos del imperio, influyó en el arte helenístico y más tarde en el arte islámico iraní. La lengua persa (farsi) sobrevive como idioma de Irán, Afganistán y Tayikistán, y produjo una de las literaturas más refinadas del mundo medieval, con poetas como Rumi, Hafiz y Omar Khayyam.
Las tres grandes dinastías de Persia
Lo que llamamos «Persia» comprende en realidad tres imperios sucesivos con características muy diferentes. El Imperio Aqueménida (550-330 a.C.) fue fundado por Ciro el Grande, que liberó a los judíos del cautiverio babilónico, y alcanzó su máxima extensión bajo Darío I y Jerjes I, llegando desde el Egeo hasta el Indo, desde Egipto hasta el Asia central. Fue el mayor imperio que el mundo había conocido y su organización administrativa —las satrapías, el sistema postal imperial, el «camino real» entre Susa y Sardis, la moneda estándar, la lengua franca aramea— sentó el modelo para todos los imperios posteriores del Oriente Próximo. Alejandro Magno lo conquistó en 334-330 a.C. El Imperio Parto (247 a.C.-224 d.C.) surgió tras la decadencia del dominio griego-seléucida y gobernó Persia durante casi cinco siglos, enfrentándose repetidamente al Imperio Romano en una rivalidad que duraría siglos. Los partos derrotaron al propio Craso en Carras (53 a.C.), una de las peores derrotas militares romanas. El Imperio Sasánida (224-651 d.C.) se proclamó heredero directo de los aqueménidas, restauró el zoroastrismo como religión oficial, alcanzó grandes victorias contra Roma (el emperador Valeriano fue capturado vivo por Shapur I en 260 d.C.) y continuó la rivalidad romano-persa hasta el siglo VII, cuando fue derrocado por la conquista árabe-islámica.
El zoroastrismo y la influencia persa
La contribución más original de Persia a la historia religiosa del mundo fue el zoroastrismo, la religión fundada por el profeta Zaratustra (o Zoroastro) en algún momento entre el 1500 y el 600 a.C. Sus enseñanzas, contenidas en el libro sagrado Avesta, introdujeron conceptos que influirían profundamente en las religiones posteriores: el dualismo cósmico entre una divinidad suprema del bien (Ahura Mazda) y un principio del mal (Ahriman); la noción de juicio final, resurrección de los muertos y recompensa o castigo eterno; los conceptos de cielo, infierno y paraíso; la importancia del libre albedrío en la elección moral. Muchas de estas ideas pasaron al judaísmo durante el cautiverio babilónico (cuando los persas liberaron a los judíos en 539 a.C.) y de allí al cristianismo y al islam. El propio concepto occidental de «mago» deriva de los magos, la casta sacerdotal zoroástrica, y los tres «Reyes Magos» que visitan al niño Jesús en el evangelio de Mateo eran probablemente sacerdotes persas zoroástricos. El zoroastrismo sigue siendo practicado hoy por unas 200.000 personas en el mundo, principalmente en Irán y en la comunidad parsi de India (descendientes de zoroastras que huyeron de Persia tras la conquista árabe). Más allá de su pervivencia directa, sus ideas han moldeado las grandes religiones monoteístas del mundo mediterráneo y del Oriente Próximo.
