En el verano de 1960, el explorador noruego Helge Ingstad y la arqueóloga Anne Stine Ingstad recorrían la costa norte de Terranova preguntando a los pescadores locales si conocían alguna ruina antigua. En el pueblo de L’Anse aux Meadows, un viejo llamado George Decker los llevó hasta unos montículos cubiertos de hierba que la gente del lugar conocía como «el viejo campamento indio». Las ocho temporadas de excavación que siguieron sacaron a la luz las paredes de césped de ocho casas, una herrería, una carpintería y un alfiler de bronce nórdico. Por primera vez existía la prueba arqueológica de que los vikingos llegaron a América alrededor del año 1000, casi 500 años antes que Cristóbal Colón.

Aquel asentamiento, datado por radiocarbono y posteriormente refinado por dendrocronología hasta el año 1021, era el primer eslabón físico de un relato que durante siglos se había considerado mera leyenda: las sagas de Vinlandia. Lo que parecía una fantasía islandesa medieval se reveló como crónica histórica de un episodio asombroso: la expansión nórdica desde Groenlandia hasta el continente americano, una colonia efímera que duró apenas una década y que cayó en el olvido hasta que la tierra de Terranova devolvió sus pruebas mil años después.
Las sagas: Eiríks saga rauða y Grœnlendinga saga
Casi todo lo que sabemos sobre los viajes vikingos a Vinlandia procede de dos textos escritos en Islandia en el siglo XIII, doscientos años después de los hechos: la Eiríks saga rauða («Saga de Erik el Rojo») y la Grœnlendinga saga («Saga de los Groenlandeses»). Ambas narran cómo, hacia el año 985 o 986, un mercader llamado Bjarni Herjólfsson fue desviado por una tormenta camino de Groenlandia y avistó tierras boscosas al oeste, sin llegar a desembarcar. Quince años después, Leif Erikson —hijo de Erik el Rojo, fundador de la colonia groenlandesa— compró el barco de Bjarni y partió a verificar aquellas costas.

Las sagas describen tres tierras sucesivas: Helluland («tierra de losas planas»), identificada hoy con la isla de Baffin; Markland («tierra de bosques»), probablemente la costa de Labrador; y Vinland («tierra del vino» o «tierra de pastos», según la etimología), donde Leif construyó unas casas y pasó el invierno. La saga menciona uvas silvestres, salmón abundante, días invernales más largos que en Groenlandia y madera codiciada en una colonia donde no crecían árboles altos. Tras Leif vinieron expediciones de su hermano Thorvald —muerto por una flecha indígena—, de su hermana Freydís y del islandés Thorfinn Karlsefni, que intentó establecer una colonia permanente con unos 160 hombres y mujeres y ganado.
L’Anse aux Meadows: la prueba en el suelo
El yacimiento que confirmó las sagas se halla en el extremo norte de la península Great Northern, en Terranova, frente al estrecho de Belle Isle. Las excavaciones de los Ingstad entre 1961 y 1968, ampliadas después por equipos de Parks Canada, identificaron ocho estructuras de paredes de césped sobre armazón de madera, idénticas a las casas largas (langhús) de Islandia y Groenlandia del siglo XI. Tres eran viviendas grandes con hogares centrales, capaces de albergar entre 70 y 90 personas; las otras cinco eran talleres: una herrería con escoria de hierro y un yunque de piedra, una carpintería con virutas de madera trabajada con hachas de hierro, y cobertizos para reparación de barcos.
Los objetos diagnósticos fueron pocos pero inequívocos: un alfiler de bronce de cabeza anular de tipo nórdico, una rueca de piedra esteatita con un diseño escandinavo característico, una aguja de hueso, remaches de hierro forjado y una pequeña cuenta de vidrio. Ni una sola pieza de cerámica indígena. La datación por carbono 14 dio fechas centradas en el año 1000, pero el avance decisivo llegó en 2021, cuando un equipo dirigido por Margot Kuitems y Michael Dee de la Universidad de Groninga aplicó el método del pico cósmico de radiocarbono del año 993 a tres trozos de madera trabajada con herramientas metálicas. El resultado: los árboles fueron talados exactamente en el año 1021 d.C. Por primera vez existe una fecha precisa para la presencia europea en América.
¿Base, taller o capital de Vinlandia?
La función exacta de L’Anse aux Meadows ha generado debate. La ausencia de cementerio, de establos de ganado y de objetos personales sugiere que no era una colonia familiar permanente, sino una base estacional o un campamento de paso. La hipótesis más aceptada hoy, defendida por la arqueóloga Birgitta Wallace de Parks Canada, es que el sitio funcionaba como cabeza de puente y taller de reparación de barcos desde el cual partían exploraciones más al sur. Lo apoyan tres restos de nueces de mariposa (Juglans cinerea, butternut) halladas en el yacimiento: esa especie no crece en Terranova y en el siglo XI solo se daba al sur de Nuevo Brunswick, lo que demuestra que los vikingos llegaron al menos hasta el golfo de San Lorenzo en busca de recursos.
Las uvas silvestres mencionadas en las sagas refuerzan esa expansión: la vid solo crece de forma natural a partir de Nuevo Brunswick hacia el sur. Si tomamos al pie de la letra el topónimo Vinland, la auténtica «tierra del vino» estaría en algún punto del golfo o más al sur, y L’Anse aux Meadows sería simplemente la puerta de entrada. Otros investigadores prefieren leer Vin- con la i corta del nórdico antiguo, «tierra de prados», lo que devuelve el topónimo a Terranova. El debate sigue abierto.
Encuentros con los skrælingar
Las sagas son explícitas sobre un detalle que las excavaciones también respaldan: los vikingos no encontraron una tierra vacía. Los textos llaman skrælingar a los nativos —probablemente antepasados de los pueblos beothuk, innu o algonquinos— y describen primero un episodio de comercio, en el que los nórdicos intercambiaban tela roja por pieles, y luego un enfrentamiento violento que terminó en muertes por ambos bandos. Thorvald Erikson murió en una de esas escaramuzas, alcanzado por una flecha. Karlsefni, según la Eiríks saga, decidió finalmente abandonar la empresa porque vivir rodeado de hostilidad era inviable para una colonia tan pequeña y aislada de su base groenlandesa, a más de 3.000 kilómetros de navegación.
El abandono debió de producirse hacia 1020-1030. Los vikingos se replegaron sobre Groenlandia, y los viajes esporádicos a Markland en busca de madera continuaron al menos hasta 1347, fecha en que un anal islandés registra la llegada de un barco groenlandés a Islandia «de vuelta de Markland». Pero ninguna otra colonia se intentó. La distancia, el frío, la escasez de gente y la resistencia indígena pusieron techo a la aventura.
Por qué Vinland se olvidó (y Colón no)
El «descubrimiento» vikingo no transformó Europa porque ocurrió en silencio. No había imprenta, no había monarquías expansivas dispuestas a financiar nuevas flotas, no había mercados ávidos de plata o especias del otro lado del Atlántico, y la propia Groenlandia desapareció como sociedad europea hacia el siglo XV víctima del clima y del aislamiento. Las sagas circularon en pergaminos islandeses leídos por unos pocos hasta el siglo XIX, cuando filólogos escandinavos los redescubrieron y la idea de una América vikinga pasó a ser cuestión de fe nacionalista… hasta 1960, cuando la pala de los Ingstad la convirtió en hecho.
L’Anse aux Meadows fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1978, el primer sitio cultural en recibir esa categoría. Hoy puede visitarse: hay reconstrucciones de las casas largas de césped, talleres con artesanos vestidos a la usanza nórdica y un centro de interpretación que explica cómo se ataron sagas, suelo y radiocarbono.
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Preguntas frecuentes sobre Vinland
Los pueblos indígenas la habitaban desde hacía más de 15.000 años. Entre los europeos, los primeros documentados son los vikingos liderados por Leif Erikson hacia el año 1000, cuya presencia ha quedado probada arqueológicamente en L’Anse aux Meadows, Terranova, casi 500 años antes que Cristóbal Colón en 1492.
Vinland es el nombre que las sagas islandesas dan a las tierras exploradas por los vikingos en América. El único asentamiento confirmado arqueológicamente está en L’Anse aux Meadows, al norte de Terranova (Canadá), pero los hallazgos de nueces butternut sugieren que llegaron al menos hasta Nuevo Brunswick o el golfo de San Lorenzo.
En 2021, un equipo de la Universidad de Groninga aplicó el método del pico cósmico de radiocarbono del año 993, visible en los anillos de los árboles, a tres maderos cortados con herramientas metálicas en el yacimiento. Contando hacia fuera desde ese anillo se obtuvo una fecha de tala exacta: 1021 d.C., la fecha europea más antigua confirmada en América.
Es el nombre que los vikingos daban a los pueblos nativos americanos con los que se cruzaron. Según el contexto geográfico, podían ser ancestros de los beothuk de Terranova, los innu de Labrador o los pueblos algonquinos del golfo de San Lorenzo. Las sagas describen tanto episodios de trueque como enfrentamientos violentos.
Por una combinación de factores: el aislamiento extremo respecto a su base en Groenlandia, la pequeña población disponible, las hostilidades con los pueblos indígenas locales y la falta de un incentivo económico que justificara mantener una colonia tan distante. Tras una década de intentos, los nórdicos se replegaron, aunque siguieron viajando esporádicamente a Markland a por madera hasta el siglo XIV.
Sí. Es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1978 y un Parque Histórico Nacional de Canadá. El sitio cuenta con casas largas de césped reconstruidas, un centro de interpretación y restos originales del asentamiento vikingo, además de paseos guiados por arqueólogos durante la temporada estival.
