Hacia el año 500 a.C., una flota de sesenta penteconteros y unas treinta mil personas zarpó de Cartago hacia el oeste, atravesó las columnas de Hércules y se perdió por la costa atlántica de África. Al mando iba Hannón, miembro de la poderosa familia Magónida y, según el único testimonio que conservamos, basileus —rey o sufete— de Cartago. Su misión: fundar colonias en el África occidental y, según las interpretaciones más audaces, circunnavegar el continente. A su regreso, depositó en el templo de Baal Hammon una inscripción en púnico relatando el viaje: el llamado Periplo de Hannón, que sobrevivió en una traducción griega del siglo III a.C. y es uno de los documentos exploratorios más enigmáticos de la Antigüedad.

El Periplo de Hannón el Navegante es un texto cortísimo —apenas 18 párrafos en la versión griega— que ha generado dos siglos de debate. Para algunos historiadores, Hannón llegó a Camerún o incluso a Gabón, dejando atrás unos 6.000 km de costa. Para otros, no pasó del actual Marruecos o Senegal. Lo único seguro es que los cartagineses estaban explorando el Atlántico africano casi 2.000 años antes que los portugueses de Enrique el Navegante.
Quién era Hannón y por qué Cartago miraba al Atlántico
Hannón pertenecía a la dinastía Magónida, que dominó Cartago entre los siglos VI y IV a.C. y orientó la política exterior hacia la expansión comercial occidental. Tras la derrota cartaginesa en la batalla de Hímera (480 a.C.) frente a Siracusa, los Magónidas comprendieron que el Mediterráneo oriental les estaba prácticamente vetado. Su respuesta fue mirar hacia el Atlántico: refundaron Gadir (Cádiz), reforzaron las rutas hacia las minas de plata de Tartessos y, sobre todo, intentaron asegurar el acceso al oro de Guinea y al estaño africano por la costa atlántica.
En ese contexto se entiende por qué Cartago armó una expedición tan masiva. Hannón no era un explorador romántico, sino un comerciante imperial enviado a fundar puntos comerciales fortificados en una costa hasta entonces poco conocida. Las cifras del Periplo —60 barcos, 30.000 hombres y mujeres, ganado y víveres— suenan exageradas y posiblemente lo sean, pero la escala apunta a un proyecto colonizador planificado, no a un viaje de aventura.
El Periplo: ruta paso a paso
El texto comienza explicando la misión: «Los cartagineses decidieron que Hannón navegara más allá de las columnas de Hércules y fundara ciudades de líbico-fenicios». Tras pasar el estrecho de Gibraltar, la flota viró al sur y, según el Periplo, fundó sucesivamente las colonias de Timiaterion, Caricón Teijos, Gitta, Acra, Melita y Arambis, todas en lo que hoy es Marruecos. La identificación moderna sitúa varias en la zona de Mehdia, Larache y Essaouira.
Después la expedición remontó un gran río al que llamaron Lixos —probablemente el Draa o el Sénégal—, donde se encontraron con los lixitas, un pueblo amistoso que les sirvió de intérpretes. Tomaron a algunos a bordo y siguieron costeando hacia el sur. Pasaron por una isla que llamaron Cerne (posiblemente la isla de Herne en la costa del Sáhara Occidental), donde fundaron un puesto comercial permanente. Desde Cerne hicieron varias incursiones río arriba y describieron cocodrilos e hipopótamos, prueba inequívoca de que habían entrado en el África subsahariana.
Continuando hacia el sur durante doce días más, vieron una costa «habitada por etíopes» y, finalmente, llegaron a una región volcánica donde la tierra ardía de noche con fuegos espectaculares. Los cartagineses lo llamaron el «Carro de los Dioses» (Theōn ochēma), una montaña gigantesca que vomitaba llamas hasta el cielo. Para muchos investigadores se trata del monte Camerún, un volcán activo de 4.040 metros visible desde el mar. Tras esto, encontraron una isla llena de criaturas peludas y agresivas que los intérpretes lixitas llamaron gorillai. Los cartagineses capturaron tres hembras, las desollaron y llevaron las pieles a Cartago, donde aún se exhibían en el templo de Tanit en tiempos de Plinio el Viejo. La palabra gorila que hoy usamos viene literalmente del Periplo: el zoólogo Thomas Savage la rescató en 1847 al describir el primate africano.
¿Hasta dónde llegó realmente Hannón?
El debate es viejísimo y las posiciones se han endurecido en los últimos cincuenta años. La interpretación maximalista, defendida en los años sesenta por Raymond Mauny y por arqueólogos franceses como Jean-Gabriel Demerliac, sitúa el «Carro de los Dioses» en el monte Camerún y la isla de los gorilas en la bahía de Corisco (Gabón). Sería un viaje de unos 6.000 km, equivalente a la mitad de la costa atlántica africana. La interpretación minimalista, defendida por Raymond Carpenter y más recientemente por Duane Roller, recorta drásticamente el alcance: la última colonia identificable estaría en el sur de Marruecos o, como mucho, en el Senegal, y los volcanes serían incendios estacionales de sabana.
Lo que complica el análisis es que el texto griego que conservamos no es el original púnico. Es una traducción posterior, posiblemente abreviada, posiblemente censurada para no desvelar los secretos comerciales de Cartago. Muchos especialistas sospechan que los cartagineses publicaron deliberadamente una versión vaga, alterando distancias y nombres, para que ningún rival griego pudiera replicar el viaje. Era práctica conocida: los cartagineses tenían fama de hundir sus propios barcos antes que dejar que un competidor descubriera sus rutas. Estrabón cuenta el caso de un capitán púnico que prefirió encallar su nave en un bajío antes que permitir que una nave romana lo siguiera hasta las islas Casitérides.
¿Llegaron a circunnavegar África?
Aquí entra el otro gran relato de exploración africana antigua: el viaje de los fenicios al servicio del faraón Necao II (610-595 a.C.), descrito por Heródoto en Historias IV.42. Según el griego, Necao envió una expedición fenicia que partió del mar Rojo, navegó hacia el sur durante tres años, sembrando trigo y cosechándolo cada año en costas distintas, hasta volver al Mediterráneo por las columnas de Hércules. Heródoto añade un detalle que considera increíble pero que prueba la veracidad del relato: los marinos contaban que, navegando hacia el oeste, «el sol salía a su derecha», es decir, al norte —exactamente lo que sucede cuando se cruza el ecuador.
Hannón, en cambio, no completó ninguna circunnavegación: el Periplo dice expresamente que «viéndose sin víveres, dimos la vuelta». Lo que hizo fue una expedición exploratoria y colonizadora de la costa atlántica desde Cartago hasta, como mínimo, las costas del actual Marruecos meridional o el Sáhara Occidental, y posiblemente mucho más al sur. Aunque no diera la vuelta a África, su viaje fue el más documentado del mundo antiguo en el Atlántico africano y el modelo que siguieron, mucho después, los portugueses del siglo XV.
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Preguntas frecuentes sobre Hannón el Navegante
Hannón fue un sufete o gobernante cartaginés de la familia Magónida que, hacia el año 500 a.C., dirigió una expedición de unos 60 barcos y 30.000 personas para colonizar la costa atlántica africana. Su viaje quedó registrado en el Periplo de Hannón, una inscripción depositada en el templo de Baal Hammon en Cartago.
No. El propio Periplo dice que la expedición regresó a Cartago por falta de víveres, sin completar la vuelta al continente. Quien sí parece haber circunnavegado África, según Heródoto, fue una expedición fenicia anterior enviada por el faraón Necao II hacia 600 a.C., que navegó del mar Rojo al Mediterráneo en tres años.
Las interpretaciones varían. La hipótesis maximalista la lleva hasta Camerún o Gabón (unos 6.000 km de costa), basándose en el «Carro de los Dioses» como descripción del monte Camerún en erupción. La minimalista la sitúa en Senegal o, como mucho, en el sur del Sáhara Occidental. La mayoría de los historiadores acepta hoy una posición intermedia: al menos hasta el Senegal, y probablemente más al sur.
Del Periplo de Hannón. Los intérpretes lixitas que acompañaban a la expedición llamaron gorillai a unos seres peludos y agresivos que encontraron en una isla africana, posiblemente chimpancés o babuinos. En 1847 el zoólogo estadounidense Thomas Savage retomó la palabra para nombrar al gran simio africano que acababa de describirse científicamente.
No. El original era una inscripción púnica colgada en el templo de Baal Hammon en Cartago, destruida cuando los romanos arrasaron la ciudad en 146 a.C. Solo conservamos una traducción al griego del siglo III a.C. en un manuscrito bizantino del siglo IX (el Codex Palatinus Graecus 398). Es un texto breve y posiblemente alterado a propósito por los propios cartagineses.
Porque tras perder influencia en el Mediterráneo oriental contra los griegos, necesitaban asegurar nuevas rutas comerciales hacia el oro de Guinea, el estaño del Atlántico Norte y la plata ibérica. La expansión hacia el sur del estrecho de Gibraltar era estratégica: control comercial, materias primas y fundación de factorías permanentes.
