El Popol Vuh es el libro sagrado de los mayas k’iche’, el relato más completo que se conserva de la cosmogonía, la mitología y la historia de los pueblos mayas de las tierras altas de Guatemala. Escrito en lengua k’iche’ con alfabeto latino poco después de la Conquista española, el texto preserva una tradición oral milenaria que abarca desde la creación del mundo hasta la fundación de los linajes reales k’iche’. Es, al mismo tiempo, un génesis maya, una epopeya heroica y un documento político que legitimaba el poder de la nobleza indígena.

El manuscrito: una historia de supervivencia improbable
El Popol Vuh que conocemos no es el texto original prehispánico. Los autores anónimos que lo escribieron entre 1554 y 1558, miembros de la nobleza k’iche’ de Q’umarkaj (la capital del reino, destruida por los españoles en 1524), declararon explícitamente que estaban transcribiendo un texto más antiguo que ya no podían mostrar abiertamente: «Esto lo escribiremos ya dentro de la palabra de Dios, en la Cristiandad; lo sacaremos a luz porque ya no se ve el Popol Vuh, así llamado». Ese texto original, probablemente un códice pintado con glifos, se ha perdido.
El manuscrito k’iche’ permaneció oculto durante más de un siglo hasta que el fraile dominico Francisco Ximénez lo descubrió hacia 1701 en la parroquia de Santo Tomás Chichicastenango. Ximénez copió el texto k’iche’ y lo tradujo al español en columnas paralelas, creando el único testimonio del Popol Vuh que ha llegado hasta nosotros. El manuscrito de Ximénez pasó por varias manos: fue adquirido por la Universidad de San Carlos de Guatemala, después trasladado a Europa por el abate Brasseur de Bourbourg en el siglo XIX, y finalmente terminó en la Biblioteca Newberry de Chicago, donde se conserva actualmente.
Las cuatro creaciones: el hombre de barro, de madera y de maíz
La cosmogonía del Popol Vuh comienza en un mundo de agua y silencio. Solo existían el cielo y el mar, y sobre las aguas flotaban los dioses creadores Tepeu y Gucumatz (la Serpiente Emplumada, equivalente al Kukulkán yucateco y al Quetzalcóatl mesoamericano). Los dioses decidieron crear la tierra y los seres que la habitarían, pero el proceso fue largo y lleno de fracasos.
Primero crearon a los animales: venados, jaguares, serpientes, pájaros. Pero los animales no podían hablar ni pronunciar los nombres de sus creadores, y por tanto no podían rezar ni ofrecer sustento espiritual a los dioses. Fueron condenados a ser cazados y comidos. Después, los dioses intentaron crear seres humanos de barro, pero las figuras eran blandas, se deshacían con el agua y no podían sostener la cabeza. Fueron destruidos.
El tercer intento produjo los hombres de madera: podían hablar, multiplicarse y poblar la tierra, pero carecían de corazón y de memoria, no recordaban a sus creadores y no les ofrecían sustento. Los dioses enviaron un diluvio para destruirlos, y los objetos domésticos se rebelaron contra ellos: las piedras de moler les trituraron las caras, las ollas les quemaron, los perros que habían maltratado los mordieron. Los sobrevivientes huyeron a los árboles y se convirtieron en monos, que según el Popol Vuh son el recuerdo viviente de esta humanidad fallida.
Finalmente, los dioses descubrieron el material correcto: el maíz. Con masa de maíz blanco y amarillo moldearon a los primeros cuatro hombres verdaderos: Balam-Quitzé, Balam-Acab, Mahucutah e Iqui-Balam, los ancestros fundadores de los cuatro linajes k’iche’. Estos hombres podían hablar, recordar, agradecer y rezar. Pero eran demasiado perfectos: su visión alcanzaba los confines del universo y su comprensión igualaba a la de los dioses. Preocupados, los creadores les empañaron los ojos «como cuando se sopla sobre la superficie de un espejo», limitando su percepción al mundo inmediato. Es por esto, dice el Popol Vuh, que los humanos no pueden ver la totalidad de la realidad.
Los Héroes Gemelos: el descenso al inframundo
El corazón narrativo del Popol Vuh es la historia de los Héroes Gemelos, Hunahpú e Ixbalanqué, que constituye el relato de aventuras más antiguo y más rico de las Américas. La historia comienza una generación antes, con sus padres Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú, que fueron convocados por los señores de Xibalbá (el inframundo maya) para jugar al juego de pelota. Los señores de la muerte los engañaron con una serie de pruebas imposibles y los sacrificaron, colgando la cabeza de Hun-Hunahpú en un árbol de jícara.
La doncella Ixquic, hija de uno de los señores de Xibalbá, se acercó al árbol por curiosidad. La cabeza de Hun-Hunahpú le escupió en la mano, y quedó embarazada de los Gemelos. Expulsada de Xibalbá, Ixquic subió a la superficie del mundo donde dio a luz a Hunahpú e Ixbalanqué. Los Gemelos crecieron como cazadores excepcionales y jugadores de pelota prodigiosos, y su juego, tan ruidoso como el de sus padres, atrajo de nuevo la atención de los señores de Xibalbá.
Convocados al inframundo, los Gemelos enfrentaron las mismas pruebas que habían matado a sus padres, pero armados con astucia las superaron una por una. En la Casa de la Oscuridad, encendieron luciérnagas en lugar de antorchas. En la Casa del Frío, encendieron fuego de piñas de ocote. En la Casa de los Jaguares, les arrojaron huesos para distraerlos. En la Casa de los Murciélagos, se escondieron dentro de sus cerbatanas. Cuando Hunahpú perdió la cabeza por el murciélago asesino Camazotz, Ixbalanqué la reemplazó temporalmente con una calabaza.
El episodio culminante es el triunfo definitivo sobre la muerte. Los Gemelos se dejaron sacrificar voluntariamente, sus huesos fueron molidos y arrojados al río, pero renacieron primero como peces y luego como artistas ambulantes que realizaban milagros: se mataban mutuamente y resucitaban. Los señores de Xibalbá, fascinados, pidieron ser sacrificados y resucitados ellos también. Los Gemelos los mataron, pero no los resucitaron. Así fue derrotada la muerte por la astucia. Hunahpú e Ixbalanqué ascendieron al cielo y se convirtieron en el sol y la luna.
El Popol Vuh como documento político
La cuarta parte del Popol Vuh abandona el mito y entra en la historia: narra las migraciones de los pueblos k’iche’, la fundación de Q’umarkaj, las guerras contra los pueblos vecinos y las genealogías de los linajes gobernantes hasta la víspera de la Conquista. Esta sección revela la función política del texto: el Popol Vuh no era solo un libro sagrado sino un instrumento de legitimación del poder. Los gobernantes k’iche’ descendían de los cuatro hombres de maíz y, a través de ellos, de los dioses creadores. Gobernar no era un derecho adquirido sino una herencia divina inscrita en el orden del cosmos.
Para los mayas k’iche’ contemporáneos, que suman más de un millón de personas en Guatemala, el Popol Vuh sigue siendo un texto vivo. Los sacerdotes-contadores del tiempo (ajq’ij) siguen usando el calendario Cholq’ij de 260 días que estructura el relato, y los rituales en los altares de montaña incorporan elementos que se remontan directamente a las prácticas descritas en el texto. Guatemala reconoció el Popol Vuh como Patrimonio Cultural Intangible de la Nación en 2012, y esfuerzos de repatriación buscan devolver el manuscrito de Ximénez desde Chicago.
Descubre más sobre los Mayas: su calendario, sus ciudades y su fascinante civilización mesoamericana.
- El Popol Vuh fue copiado en secreto alrededor de 1554 por nobles mayas quichés que querían preservar su tradición ante la destrucción española de libros sagrados.
- El fraile Ximénez encontró el manuscrito en su parroquia de Chichicastenango hacia 1701 y lo transcribió: el original quiché desapareció.
- La historia del diluvio en el Popol Vuh es diferente a la bíblica: en la versión maya, la inundación destruyó a los hombres de madera que eran insensibles y olvidaban a sus creadores.
