Las relaciones entre el Imperio Bizantino y las Cruzadas son una de las historias más amargas de la historia medieval. Bizancio había pedido ayuda militar a Occidente frente a los turcos selyúcidas en 1095; lo que llegó con las Cruzadas fue una alianza complicada que terminó en traición. En 1204, la Cuarta Cruzada —en lugar de dirigirse a Jerusalén— saqueó la ciudad más rica y civilizada del mundo cristiano: Constantinopla.

El llamado de Bizancio
En 1095, el emperador Alejo I Comneno envió embajadores al papa Urbano II solicitando mercenarios occidentales para recuperar las provincias de Anatolia perdidas ante los turcos selyúcidas tras la desastrosa batalla de Manzikert (1071). Lo que llegó no fueron mercenarios controlables sino un ejército de cruzados con sus propias agendas, que atravesó el territorio imperial dejando un rastro de saqueos y que exigía juramentos y concesiones territoriales a cambio de su cooperación.
Las tres primeras cruzadas (1096-1192) fueron, desde la perspectiva bizantina, una mezcla de cooperación forzada y rivalidad constante. Los cruzados y los griegos se miraban mutuamente con desconfianza y desprecio: los latinos consideraban a los griegos refinados pero afeminados y pérfidos; los griegos veían a los latinos como bárbaros codiciosos e incontrolables.
El saqueo de 1204: la peor traición de la historia cristiana
La Cuarta Cruzada (1202-1204) partió de Venecia con destino a Egipto pero nunca llegó allí. Desviada por deudas con los venecianos y por la intervención de un pretendiente al trono de Bizancio, la cruzada llegó a Constantinopla en 1203. Tras varios meses de intrigas, en abril de 1204 los cruzados asaltaron y saquearon la ciudad durante tres días. Templos, palacios y bibliotecas fueron arrasados. Las reliquias sagradas y las obras de arte acumuladas durante siglos fueron robadas.
El papa Inocencio III, que había intentado detener el desvío de la cruzada, condenó el saqueo —pero aceptó los hechos consumados. Los cruzados crearon el Imperio Latino de Constantinopla (1204-1261), un Estado artificial que duró menos de 60 años antes de ser expulsado por el Imperio de Nicea, el exilio griego que continuó la tradición imperial. Pero la herida nunca cicatrizó: cuando los otomanos sitiaron Constantinopla en 1453, el recuerdo de 1204 fue una de las razones por las que la ciudad rechazó la ayuda occidental que habría podido salvarla.
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- La Cuarta Cruzada (1204) nunca llegó a Tierra Santa: los cruzados desviaron la expedición para saquear la ciudad cristiana de Constantinopla.
- El botín del saqueo de 1204 incluyó reliquias como la corona de espinas, que acabó en la Sainte-Chapelle de París.
- El Imperio Latino fundado por los cruzados en Constantinopla solo duró 57 años (1204-1261), cuando Miguel VIII Paleólogo recuperó la ciudad.
