El 29 de mayo de 1453, el ejército otomano del sultán Mehmed II entró en Constantinopla tras un asedio de 53 días. Caía así el Imperio Romano de Oriente —conocido como Imperio Bizantino— después de 1.123 años de historia ininterrumpida desde la fundación de Constantinopla por Constantino I en 330 d.C. La caída de Constantinopla es uno de los hitos convencionales que marcan el final de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna.

El Imperio Bizantino: Roma que no murió
El Imperio Bizantino fue la continuación directa del Imperio Romano Oriental. Sus habitantes se llamaban a sí mismos Romaioi (romanos), su moneda era el solidus romano, su lengua oficial era el griego (desde el siglo VII, aunque antes era el latín), y su Emperador era el sucesor legítimo de los Césares. Para los europeos occidentales medievales, que habían perdido el Imperio Romano de Occidente en 476, Bizancio era «el Imperio» por antonomasia.
En su apogeo, bajo Justiniano I (527-565), el Imperio Bizantino controlaba el Mediterráneo oriental, el norte de África, Italia y partes de España. Pero siglos de guerras contra persas, árabes, búlgaros y turcos selyúcidas fue reduciendo su territorio. Para 1453, el «Imperio» no era más que la ciudad de Constantinopla y sus inmediaciones.
El asedio: cañones contra murallas milenarias
Las murallas de Teodosio, construidas en el siglo V, habían resistido durante mil años todos los asedios. Mehmed II las enfrentó con la artillería más avanzada de su época: los grandes cañones diseñados por el ingeniero húngaro Urbano, capaces de disparar balas de piedra de 500 kg. Tras semanas de bombardeo, las murallas comenzaron a ceder.
El último emperador, Constantino XI Paleólogo, rechazó la oferta de Mehmed de capitular a cambio de su vida y la de la población. En los últimos momentos del asedio, según la leyenda, se quitó la púrpura imperial y se lanzó a combatir como soldado raso. Su cuerpo nunca fue encontrado. Los griegos le recuerdan como el «Rey de Mármol» que dormirá bajo Constantinopla hasta que llegue el día de la reconquista.
El legado: la herencia griega llega a Occidente
La caída de Constantinopla impulsó la migración de intelectuales griegos hacia Italia, donde llevaron consigo manuscritos de los autores clásicos griegos que habían sido conservados en las bibliotecas bizantinas. Esta afluencia de textos y de eruditos griegos fue uno de los factores que alimentaron el Renacimiento italiano. En este sentido, la destrucción de Bizancio contribuyó paradójicamente al renacimiento cultural de Occidente.
Mehmed II se proclamó «Kayser-i-Rum» (César de Roma) y continuó muchas de las tradiciones administrativas y culturales del Imperio que había conquistado. El Imperio Otomano heredó en muchos sentidos la función de potencia imperial en el Mediterráneo oriental que Bizancio había desempeñado durante más de un milenio.
Descubre más sobre el Imperio Bizantino: la continuación del Imperio Romano en Oriente, su arte, su derecho y su influencia en la civilización occidental y ortodoxa.
Lee también: Constantino el Grande: el fundador de la ciudad que caería en 1453.
- Cuando los turcos tomaron Constantinopla el 29 de mayo de 1453, el último emperador Constantino XI combatió y murió en la brecha de la muralla.
- Las murallas de Teodosio resistieron 55 asedios durante mil años: ningún ejército pudo tomarlas hasta la invención del cañón.
- La caída de Constantinopla llevó a miles de eruditos griegos a huir a Italia, desencadenando el Renacimiento italiano.
