Dioses nórdicos
Odín sacrificó un ojo para beber del pozo de la sabiduría. Se colgó nueve días de Yggdrasil para descubrir las runas. Envía a sus cuervos a recorrer el mundo cada mañana para saber qué ocurre en los nueve reinos. Y aun así, sabe que perderá en el Ragnarök. Los dioses nórdicos no son omnipotentes ni eternos: son mortales como los hombres, solo que más poderosos. Esta es quizás la mitología más humana de la Antigüedad.
La mitología nórdica nos ha llegado principalmente a través de dos fuentes islandesas del siglo XIII: la Edda Poética (colección de poemas anónimos) y la Edda en Prosa de Snorri Sturluson. Ambas recogen tradiciones orales de la Era Vikinga (c. 790-1100 d.C.), aunque fueron escritas siglos después de la cristianización de Escandinavia.
Artículos sobre Dioses nórdicos
Los Ases y los Vanir: las dos familias divinas
Los dioses nórdicos se dividen en dos grupos: los Ases (Æsir), dioses de la guerra y el poder — Odín, Thor, Loki, Tyr, Baldr — y los Vanir, dioses de la fertilidad y la prosperidad — Freyr, Freya, Njörðr. Ambas familias libraron una guerra primordial que terminó en tablas: intercambiaron rehenes y desde entonces coexistieron en Asgard.
Odín (Allfather) era el dios de la sabiduría, la guerra, la muerte, la magia y la poesía. Tenía dos cuervos (Huginn y Muninn, Pensamiento y Memoria) que le informaban de todo lo que ocurría en el mundo. Dos lobos (Geri y Freki) comían la comida que Odín rechazaba, pues él solo bebía vino. Montaba a Sleipnir, el caballo de ocho patas. Residía en Valhalla, el salón de los guerreros caídos, a quienes las Valkirias transportaban desde los campos de batalla.
Thor, el pelirrojo dios del trueno, era el más amado por el pueblo llano. Protegía a los humanos de los gigantes con su martillo Mjölnir. Loki era el dios tramposo: ni bueno ni malo, sino caótico. Ayudaba a los dioses con su ingenio y los ponía en peligro con sus travesuras. Fue él quien causó la muerte de Baldr, el dios de la luz, provocando el inicio del camino hacia el Ragnarök. Freya, la más poderosa de los Vanir, era la diosa del amor, la fertilidad, la guerra y la magia. Tenía el primer derecho sobre los guerreros caídos en batalla, antes que el propio Odín.
Yggdrasil: el árbol del universo
Yggdrasil era un fresno inmenso cuyas raíces y ramas conectaban los nueve mundos de la cosmología nórdica: Asgard (los dioses), Midgard (los humanos), Jötunheim (los gigantes), Niflheim (el reino de la muerte fría), Muspelheim (el reino del fuego), Alfheim (los elfos de luz), Svartalfheim (los enanos y elfos oscuros), Vanaheim (los Vanir) y Helheim (el reino de Hel). Tres pozos se abrían bajo sus raíces: el pozo de Urð (el destino), el de Mímir (la sabiduría) y el de Hvergelmir (origen de los ríos).
El Ragnarök: el fin del mundo y el renacimiento
El Ragnarök (el crepúsculo de los dioses) es la profecía del fin del mundo nórdico. Comenzará con el Fimbulwinter, un invierno de tres años sin verano. Loki y sus hijos monstruosos —Fenrir el lobo, Jörmungandr la serpiente del mundo y Hel— se liberarán de sus prisiones. Los dioses pelearán su batalla final: Odín será devorado por Fenrir, Thor matará a Jörmungandr pero morirá envenenado, Freyr morirá luchando contra el gigante de fuego Surtr sin su espada mágica. Sin embargo, el Ragnarök no es el fin absoluto: la tierra resurge del mar, varios dioses sobreviven y la humanidad renace de una pareja que se refugió en el árbol Yggdrasil.
