Vida cotidiana en Roma
Los romanos ponían garum en todo. El garum era una salsa elaborada fermentando entrañas de pescado con sal durante semanas al sol — su olor era tan brutal que estaba prohibido fabricarlo dentro de las ciudades. Y sin embargo, era el condimento más popular del Imperio Romano, el equivalente a su salsa de soja o su ketchup. Los mejores garum llegaban de las costas de Hispania (actual España) y se vendían en todo el Mediterráneo en ánforas selladas con la marca del fabricante. La vida cotidiana en Roma estaba llena de estos detalles que la hacen simultáneamente familiar y extraña.
Roma en su apogeo (siglo II d.C.) era una megalópolis de más de un millón de habitantes — la ciudad más grande del mundo hasta que Bagdad la superó siglos después. Tenía barrios ricos con mansiones (domus) y barrios pobres con bloques de pisos de seis plantas (insulae) que se derrumbaban o ardían con frecuencia. Tenía mercados, tabernas, termas, teatros, anfiteatros y una red de alcantarillado que no sería igualada en Europa hasta el siglo XIX.
Artículos sobre Vida cotidiana en Roma
Los gladiadores: no todos morían
Los gladiadores eran esclavos, prisioneros de guerra o voluntarios que se entrenaban en escuelas especiales (ludi). Contrariamente al cliché, la mayoría no moría en cada combate: un gladiador era una inversión cara que no convenía desperdiciar. Los combates podían terminar sin muerte si el perdedor mostraba valor, y la decisión final correspondía al editor (el organizador del espectáculo) o al público. Los gladiadores exitosos eran celebridades populares cuyos retratos aparecían en mosaicos, lámparas de aceite y souvenirs. Algunos acumulaban suficiente dinero para comprar su libertad.
Las termas y la vida pública romana
Las termas eran el corazón de la vida social romana. No eran solo baños: tenían bibliotecas, jardines, gimnasios, tiendas y salas de conversación. El precio de entrada era mínimo o gratuito cuando un político las financiaba. Los bañistas pasaban por una secuencia de salas: el frigidarium (fría), el tepidarium (templada) y el caldarium (caliente), como una sauna antigua. Las termas de Caracalla (inauguradas en 217 d.C.) podían acoger a 1.600 bañistas simultáneos y ocupaban 11 hectáreas.
