Arte y arquitectura romana
En el año 79 d.C., el Vesubio entró en erupción y sepultó bajo metros de ceniza las ciudades de Pompeya y Herculano. Cuando los arqueólogos las desenterraron siglos después, encontraron algo extraordinario: una imagen congelada de la vida romana ordinaria. Tiendas con el menú del día pintado en la pared. Frescos eróticos en los burdeles. Grafitos políticos en las calles. Cuerpos sorprendidos en sus quehaceres cotidianos. Pompeya es el mejor museo del mundo sobre la vida cotidiana romana, precisamente porque no fue construida para durar — fue destruida por accidente.
El arte y la arquitectura romanos no fueron simples copias del arte griego: los tomaron como punto de partida y los desarrollaron en direcciones propias, con una escala, una funcionalidad y una ambición sin precedentes. El arco de medio punto, el hormigón romano (opus caementicium) y la bóveda de cañón permitieron a los ingenieros romanos construir estructuras que los griegos no habrían podido imaginar.
Artículos sobre Arte y arquitectura romana
El Coliseo y los grandes monumentos de Roma
El Coliseo (inaugurado en 80 d.C.) podía albergar entre 50.000 y 80.000 espectadores. Tenía 80 entradas numeradas, un sistema de toldos para proteger del sol, y un complejo subterráneo (hypogeum) con jaulas de animales, montacargas y túneles. Los espectadores podían evacuarlo completamente en minutos — un sistema de circulación que los diseñadores de estadios modernos siguen estudiando. El Panteón (125 d.C.) tiene una cúpula de hormigón de 43,4 metros de diámetro — mayor que la de San Pedro del Vaticano — con un óculo de 9 metros abierto al cielo. Es el edificio mejor conservado de la Roma antigua y sigue siendo la cúpula de hormigón no reforzado más grande del mundo.
Los acueductos: ingeniería para millones
Roma en el siglo II d.C. tenía más de un millón de habitantes y consumía unos 1.000 millones de litros de agua al día, suministrados por 11 acueductos con una longitud total de más de 400 kilómetros. El agua llegaba a las termas públicas (donde todo ciudadano podía bañarse por una moneda), a las fuentes de los barrios y a las casas de los ricos. Los acueductos usaban solo la gravedad — sin bombas — con una pendiente calculada con precisión milimétrica. Algunos siguen en uso hoy: el Acqua Vergine de Roma sigue siendo operativo, alimentando la Fontana di Trevi.
