Zoroastro (también conocido como Zaratustra, c. 1500-1000 a.C. o c. 628-551 a.C., según la corriente académica) fue el profeta iraní que fundó el zoroastrismo, una de las primeras religiones monoteístas de la historia y posiblemente la religión que más influyó en el desarrollo del judaísmo, el cristianismo y el islam. Sus enseñanzas sobre el bien y el mal, el libre albedrío, el juicio final y la resurrección anticipan conceptos que serían centrales en las grandes religiones abrahánicas.

El profeta del bien y el mal
Según las escrituras zoroástricas, Zoroastro recibió una revelación del dios supremo Ahura Mazda («El Señor Sabio») a los 30 años. La revelación le reveló que el mundo es el campo de batalla entre dos principios cósmicos: Ahura Mazda, la fuerza del bien, la luz y la verdad, y Angra Mainyu (también llamado Ahriman), la fuerza del mal, la oscuridad y la mentira. Los seres humanos tienen libre albedrío para elegir entre los dos.
Esta visión dualista del universo —bien vs. mal, luz vs. oscuridad— es un concepto que los académicos rastrean en el pensamiento judío tardío (especialmente en los textos de los esenios del Mar Muerto), en el pensamiento cristiano (el diablo como adversario de Dios) y en la tradición islámica (Iblis/Shaytan como opositor de Alá).
Los Gathas: los himnos originales
Los textos más antiguos del zoroastrismo son los Gathas, 17 himnos compuestos en una forma arcaica del iranio antiguo que se atribuyen directamente a Zoroastro. Forman parte del Avesta, la escritura sagrada del zoroastrismo. Los Gathas son notablemente personales: Zoroastro habla de sus dudas, de la oposición que encontró al predicar, de su soledad. «¿A qué tierra iré? ¿A quién acudiré? Me apartan tanto de los señores como del pueblo vulgar», pregunta en uno de los himnos.
El zoroastrismo y el Imperio Persa
El zoroastrismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Aqueménida. Las inscripciones reales de Darío I y Jerjes invocan constantemente a Ahura Mazda como el dios que les dio el poder. Sin embargo, los aqueménidas mantuvieron una notable tolerancia religiosa: en Babilonia veneraban a Marduk, en Egipto respetaban a los dioses egipcios, en Judea protegían el culto a Yahvé.
El fuego es el símbolo central del zoroastrismo. Los templos del fuego mantienen una llama sagrada que representa a Ahura Mazda y nunca debe extinguirse. Algunos templos del fuego iraníes llevan ardiendo (con interrupciones) desde hace más de mil años. La tradición de los Magos —los sacerdotes zoroástricos— es la que da origen a la palabra «magia» en las lenguas europeas y a los Reyes Magos del relato navideño cristiano.
Legado: de Nietzsche a los parsis
El zoroastrismo sobrevivió a la conquista islámica de Persia en el siglo VII d.C., pero sus seguidores fueron reducidos a una minoría perseguida. Muchos emigraron a la India, donde sus descendientes son conocidos como parsis y han contribuido de forma desproporcionada a la vida intelectual y empresarial del subcontinente (los fundadores de la empresa Tata, el músico Freddie Mercury y el director de orquesta Zubin Mehta son parsis). En Irán, la minoría zoroástrica sigue existiendo aunque en número muy reducido.
En 1883, Friedrich Nietzsche eligió a Zaratustra como portavoz de su filosofía en Así habló Zaratustra. No porque siguiera el zoroastrismo, sino porque le parecía poético que el mismo hombre que inventó la moral basada en el bien y el mal fuera quien la superara. También dio nombre a uno de los poemas sinfónicos más famosos de Richard Strauss (1896), inmortalizado a su vez como la banda sonora de 2001: Odisea del espacio.
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- El zoroastrismo es una de las primeras religiones en proponer un solo dios supremo: Ahura Mazda.
- Los parsis de India son los descendientes directos de los zoroastristas persas que huyeron del islam en el siglo VII.
- Muchos elementos del judaísmo moderno, como los ángeles y el juicio final, llegaron durante el cautiverio babilónico bajo influencia persa.
