Los templos del fuego (atashkadeh) eran los centros religiosos del Imperio Persa. El fuego sagrado representaba a Ahura Mazda, el dios de la luz y la verdad, y debía mantenerse encendido permanentemente. Los sacerdotes (magi) alimentaban la llama con maderas específicas y oraciones rituales cinco veces al día.

El templo más importante era el de Adur Gushnasp en Takht-e Suleiman (Irán), donde los reyes sasánidas peregrinaban tras su coronación. Había tres categorías de fuegos sagrados: el fuego del rey, el fuego de los sacerdotes y el fuego del pueblo, cada uno con su propio templo y ritual.
Algunos templos del fuego llevan siglos con la llama encendida: el templo de Yazd (Irán) conserva un fuego que, según la tradición, lleva ardiendo desde el año 470 d.C. Los parsis de India mantienen sus propios templos del fuego en Bombay y Gujarat, herederos directos de la tradición persa.
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- El fuego del templo de Yazd (Irán) lleva supuestamente ardiendo de forma continua desde el año 470 d.C.: más de 1.500 años.
- Un Atash Bahram (fuego sagrado de máximo grado) se crea combinando 16 fuentes de fuego diferentes, incluido un rayo natural.
- Los sacerdotes zoroastristas cubrían su boca con un paño (padan) al rezar ante el fuego para no contaminarlo con su aliento.
