Ramsés II: el faraón que redefinió la gloria de Egipto
Ramsés II, conocido como Ramsés el Grande, gobernó Egipto durante 66 años (c. 1279-1213 a.C.) y se convirtió en el símbolo más duradero del poder faraónico. Fue el guerrero que luchó en Qadesh contra los hititas y luego firmó el primer tratado de paz internacional conocido de la historia. Fue el constructor que cubrió Egipto de templos, estatuas y obeliscos con su nombre y su imagen. Fue el propagandista que convirtió su propia vida en mito. Y fue, según las fuentes, el esposo que amó a Nefertari con una intensidad que dejó huella en piedra durante más de tres milenios.

La batalla de Qadesh: el combate que ninguno ganó pero ambos celebraron
En el año 1274 a.C., Ramsés II lideró un ejército de 20.000 hombres hacia el norte para enfrentarse al rey hitita Muwatalli II en la ciudad siria de Qadesh. Fue la mayor batalla de carros de la historia: se estima que participaron más de 5.000 carros de guerra. Y fue un desastre casi catastrófico para Ramsés, que cayó en una emboscada hitita y estuvo a punto de ser derrotado completamente.
Sin embargo, Ramsés la convirtió en una victoria propagandística monumental. En los templos de Abu Simbel, Karnak, Luxor y el Ramesseum, hizo grabar escenas épicas de sí mismo derrotando a los hititas prácticamente en solitario, invocando a Amón y arrollando a sus enemigos. La realidad era más prosaica: ni Egipto ni el Imperio Hitita ganaron decisivamente, y ambos firmaron en el año 1259 a.C. el Tratado de Qadesh — una placa de plata cuya versión cuneiforme se conserva en el Museo de Estambul y cuya copia moderna cuelga en la entrada de la sede de la ONU en Nueva York como símbolo de la paz diplomática.
Nefertari: «la más hermosa de todas»
De las más de 200 esposas que Ramsés II tuvo a lo largo de su larguísima vida, una ocupó un lugar absolutamente singular: Nefertari Meryenmut («La bella que ha sido amada por Mut»). Era su Gran Esposa Real, la primera y principal, a quien desposó cuando ambos eran jóvenes, probablemente antes de que Ramsés ascendiera al trono. No se conoce su origen familiar con certeza, aunque algunos investigadores sugieren una conexión con la dinastía anterior.
La devoción de Ramsés por Nefertari se expresa en piedra de formas que no tienen paralelo en la historia egipcia. Le construyó el templo más bello de Abu Simbel — el Templo Pequeño, dedicado a Hathor y a la propia Nefertari, equiparándola con la diosa. Las estatuas de Nefertari flanquean la fachada del templo al mismo tamaño que las del faraón: una rareza absoluta en el arte egipcio, donde los soberanos se representaban siempre más grandes que los demás. Y le construyó la tumba más espectacular del Valle de las Reinas (QV66): sus frescos, restaurados a finales del siglo XX en una operación de conservación internacional, son considerados la cumbre de la pintura mural egipcia.
Las inscripciones de amor: palabras eternas
Las inscripciones del Templo de Abu Simbel contienen algunas de las expresiones de amor más directas y emotivas que nos han legado los faraones. Ramsés II hace grabar sobre la fachada del Templo Pequeño: «Para Nefertari, amada de Mut, el sol brilla por ti» y el templo es «para cuya amor el Sol sale». En la tumba QV66, los textos de los frescos invitan a Nefertari a tomar la mano de Osiris, describiendo su belleza con términos que mezclan lo religioso y lo personal de un modo inusualmente íntimo para el arte funerario egipcio.
Nefertari murió hacia el año 1255 a.C., probablemente con poco más de 40 años. Ramsés la sobrevivió más de cuatro décadas. Nunca dejó de honrarla: en las cartas diplomáticas intercambiadas con los reyes hititas, menciona explícitamente a Nefertari junto a su propio nombre, tratándola como igual en el protocolo internacional. La última mención a Nefertari en los registros históricos data de c. 1254 a.C., en una carta al rey hitita Hattusili III.
Abu Simbel: el milagro de la arquitectura y la salvación moderna
Los dos templos de Abu Simbel, tallados directamente en la roca de una colina de arenisca en el sur de Egipto, son la obra maestra arquitectónica de Ramsés II. El Templo Grande, dedicado a Ra-Horajti, Amón y Ptah (y al propio Ramsés deificado), tiene cuatro colosales estatuas del faraón sentado de 20 metros de altura. Dos veces al año — el 22 de febrero y el 22 de octubre — los rayos del sol naciente penetran 60 metros por el corredor central e iluminan las estatuas de los dioses en el sanctasanctórum, excepto a la de Ptah (dios de la oscuridad), que permanece siempre en sombra.
En los años 60 del siglo XX, la construcción de la presa de Asuán amenazaba con sumergir Abu Simbel bajo las aguas del lago Nasser. En una operación sin precedentes coordinada por la UNESCO, los dos templos fueron desmontados en bloques numerados y trasladados 65 metros más arriba, a una nueva colina artificialmente construida, manteniéndose la misma orientación solar. La operación costó 80 millones de dólares y participaron ingenieros de 50 países — un esfuerzo comparable en dificultad técnica a la construcción original.
La momia de Ramsés II y la moderna ciencia forense
La momia de Ramsés II es una de las mejor preservadas de la historia y ha revelado datos asombrosos. Vivió hasta los 90 años aproximadamente, una longevidad extraordinaria para la época. Sufrió artritis severa en sus últimos años, tenía caries (consecuencia de una dieta rica en pan de harina gruesa), y análisis de ADN han detectado hematopoyesis en sus huesos, señal de que padeció anemia. Un estudio del año 2021 encontró trazas de tabaco en su momia, lo que generó debate científico sobre el comercio transatlántico precolombino.
Ramsés II tuvo al menos 96 hijos varones y 60 hijas, según los registros arqueológicos. De ellos, los primeros cuatro hijos varón nacidos de Nefertari eran los de más alto rango: Amenhirjepeshef fue el príncipe heredero durante muchos años. Sin embargo, su larga vida (90 años) significó que sobrevivió a al menos 12 de sus hijos mayores. Finalmente fue sucedido por su decimotercer hijo, Merneptah, quien tenía ya unos 60 años al subir al trono.
La identificación de Ramsés II como el faraón del Éxodo bíblico es popular pero históricamente no está probada. Los textos bíblicos mencionan la ciudad de «Ramesés» como lugar de construcción, lo que sugiere alguna conexión con la XIX Dinastía. Sin embargo, no existe ninguna evidencia arqueológica de la presencia de una población israelita esclava en Egipto de la escala descrita en el Éxodo, ni de una catástrofe de plagas durante el reinado de Ramsés II. Muchos investigadores consideran el relato del Éxodo una narrativa fundacional teológica, no un registro histórico literal.
La construcción de la presa de Asuán en los años 60 habría sumergido los templos de Abu Simbel bajo el lago Nasser. En 1959, Egipto y Sudán lanzaron un llamamiento a la UNESCO para salvar los monumentos amenazados. Entre 1964 y 1968, una operación internacional sin precedentes desmontó los dos templos en más de 1.000 bloques de hasta 20 toneladas, los trasladó 65 metros más arriba y 200 metros tierra adentro, y los reconstruyó en una colina artificial manteniendo la misma orientación astronómica. Fue una de las operaciones de rescate patrimonial más complejas de la historia.
La tumba de Nefertari (QV66) se encuentra en el Valle de las Reinas, en la orilla occidental de Luxor (antigua Tebas). Fue descubierta en 1904 por el arqueólogo italiano Ernesto Schiaparelli. Sus frescos son considerados la cumbre de la pintura mural egipcia: muestran a Nefertari en el viaje al más allá, interactuando con los dioses en escenas de extraordinaria belleza y color. La humedad del ambiente y la presencia de turistas deterioraron gravemente los frescos; entre 1988 y 1992 se llevó a cabo una restauración internacional. Hoy la tumba está abierta al público con acceso limitado y muy controlado.
