Basilio II (958-1025 d.C.), apodado el Bulgaroktonos («el matador de búlgaros»), fue el más poderoso de los emperadores macedonios y probablemente el más capaz gobernante que el Imperio Bizantino tuvo después de Justiniano. Durante sus 49 años de reinado efectivo (976-1025) llevó el Imperio a su mayor extensión desde las conquistas de Justiniano, aplastó al Imperio Búlgaro en la batalla de Kleidion con una brutalidad que quedó en la memoria colectiva durante siglos, y dejó las arcas imperiales llenas con las reservas de oro más grandes de la historia del Imperio.

El comienzo turbulento: las revueltas de los generales
Basilio heredó el trono a los 18 años pero el poder real lo ejercían los poderosos generales de la familia Phocas y Skleros, que se alzaron en rebelión sucesivamente. Basilio sobrevivió y venció gracias en parte a la ayuda militar de Vladimir I de Kiev, que envió 6.000 guerreros varegos a cambio de recibir en matrimonio a la hermana de Basilio, la princesa Ana —un matrimonio sin precedentes, ya que la familia imperial nunca había dado una porfirogenita en matrimonio a un «bárbaro». Vladimir se bautizó, y con él Rusia entera. La conversión de Kiev al cristianismo ortodoxo en 988 fue una de las consecuencias más duraderas del reinado de Basilio.
La batalla de Kleidion y los 15.000 ciegos
El Imperio Búlgaro bajo el zar Samuel había resistido durante décadas las campañas de Basilio. En la batalla del paso de Kleidion (1014), el ejército búlgaro fue sorprendido y aplastado por los griegos. Basilio capturó a 15.000 prisioneros y ordenó cegarlos a todos: a cada cien hombres dejó uno con un ojo para que pudiera guiar a los demás de regreso al zar Samuel. Cuando Samuel vio regresar a su ejército ciego, sufrió un ataque y murió dos días después. El Imperio Búlgaro se desintegró en pocos años.
El acto fue de una crueldad calculada que conmocionó incluso a sus contemporáneos. Pero fue también un acto de propaganda deliberada: demostró a cualquier potencial rebelde lo que podía esperar de Basilio. El apodo de «matador de búlgaros» que le dio la historia es la medida del horror que inspiró.
El legado: el Imperio en su cénit
Cuando Basilio murió en 1025, el Imperio Bizantino controlaba los Balcanes, Anatolia, el Cáucaso y el sur de Italia. Sus sucesores inmediatos despilfarraron el tesoro que él había acumulado y perdieron en pocas décadas la mayor parte de lo que él había conquistado. La batalla de Manzikert (1071), donde los turcos selyúcidas destruyeron al ejército imperial, sería impensable en tiempos de Basilio. El «matador de búlgaros» fue el último gran emperador de una Roma que sobrevivió cuatro siglos más antes de caer ante los otomanos.
Descubre más sobre el Imperio Bizantino: la continuación del Imperio Romano en Oriente, su arte, su derecho y su influencia en la civilización occidental y ortodoxa.
- Basilio II reinó durante 50 años, el reinado más largo de la historia del Imperio Bizantino.
- Tras la batalla de Kleidon (1014), cegó a 15.000 prisioneros búlgaros, dejando un ojo a cada centésimo para que guiara a los demás de vuelta.
- Murió sin casarse ni tener hijos: dedicó toda su vida a la guerra y la administración del imperio.
