Persépolis fue la capital ceremonial del Imperio Aqueménida, la ciudad más magnífica del mundo antiguo en su época y el símbolo más poderoso del poder y la riqueza de los reyes persas. Fundada por Darío I hacia 518 a.C. y ampliada por Jerjes I y Artajerjes I, fue destruida e incendiada por Alejandro Magno en 330 a.C. en uno de los actos más controvertidos de su campaña de conquista. Sus ruinas, en la actual provincia de Fars (Irán), son hoy Patrimonio de la Humanidad.

La ciudad en la roca
Persépolis fue construida sobre una plataforma artificial —la Terraza— excavada parcialmente en la montaña de Kuh-e Rahmat. La plataforma mide 450 x 300 metros y se eleva entre 5 y 13 metros sobre el nivel de la llanura circundante. Su construcción requirió décadas de trabajo de decenas de miles de artesanos, muchos de ellos traídos de todo el imperio: griegos jonios, fenicios, egipcios, babilonios y, por supuesto, persas.
Los textos cuneiformes hallados en el lugar (las llamadas «tablillas de Persépolis») revelan que los trabajadores eran pagados en plata y raciones de alimentos, no esclavizados —otro signo de la política laboral relativamente avanzada de los aqueménidas. Las tablillas registran pagos a mujeres trabajadoras con salarios iguales a los de los hombres en algunas categorías, un hecho notable para el mundo antiguo.
El Apadana: la sala de las cien columnas
El edificio más impresionante de Persépolis era el Apadana, la gran sala de audiencias donde el Gran Rey recibía a los embajadores y delegaciones de tributos. Medía 60 x 60 metros y sus 36 columnas de piedra caliza (6 metros de circunferencia en la base, 19 metros de altura) sostenían un techo de cedro del Líbano. Las escalinatas de acceso están decoradas con relieves de una finura excepcional: delegaciones de 23 pueblos diferentes del imperio desfilan llevando sus productos locales —marfil, caballos, telas, vasijas— ante el Gran Rey.
Los relieves del Apadana son una fuente histórica invaluable: permiten identificar los trajes, las armas, los animales y los bienes de pueblos que de otra forma conoceríamos solo a través de textos. Los escitas con sus gorros puntiagudos, los etíopes con sus largas lanzas y sus jirafas, los indios con sus elefantes, los árabes con sus camellos: el mundo entero desfilaba por las escalinatas de Persépolis.
Nawruz: la Fiesta del Año Nuevo
Persépolis no era una capital administrativa permanente (eso era Susa o Ecbatana) sino una capital ceremonial donde se celebraban los grandes rituales del calendario imperial. El más importante era el Nawruz (Año Nuevo persa, en el equinoccio de primavera), cuando los reyes de todos los pueblos del imperio llegaban a Persépolis para rendir homenaje al Gran Rey y presentar los tributos anuales. Esta tradición del Nawruz sigue siendo la fiesta más importante en Irán y en muchos países de Asia Central hoy.
La destrucción por Alejandro
En enero de 330 a.C., Alejandro Magno entró en Persépolis tras derrotar al ejército persa en Gaugamela. La ciudad fue entregada a sus tropas durante días. Según las fuentes antiguas, el incendio del palacio real fue deliberado: Alejandro lo habría ordenado como venganza por la destrucción persa de Atenas en 480 a.C., posiblemente instigado por la hetaira ateniense Tais durante una fiesta. Otros autores dicen que fue un accidente. Las excavaciones modernas confirman que el incendio fue selectivo (los almacenes se salvaron) y deliberado. La mayor civilización de bronce del mundo antiguo ardió en una noche.
Descubre más sobre el Imperio Persa: sus grandes reyes, sus batallas contra Grecia y la civilización aqueménida que dominó el mundo antiguo.
- Las escaleras de Persépolis fueron diseñadas con una inclinación tan suave que los caballos podían subir por ellas.
- Alejandro Magno quemó Persépolis en una noche de borrachera. Las ruinas revelaron más de 30.000 tablillas en elamita.
- Los relieves de Persépolis muestran delegaciones de 23 naciones trayendo tributos: el primer registro visual de la globalización.
