Ciro el Grande: el fundador del Imperio Persa y el primer defensor de los derechos humanos

Ciro el Grande (c. 600-530 a.C.) fue el fundador del Imperio Aqueménida y el conquistador más respetado de la Antigüedad. En menos de dos décadas construyó el mayor imperio que el mundo había conocido hasta entonces, extendido desde el Mediterráneo oriental hasta Asia Central. Pero lo que distingue a Ciro de los otros grandes conquistadores no es solo la magnitud de sus victorias militares sino la forma en que trató a los pueblos conquistados.

Relieve persa de la época de Ciro el Grande
Relieve persa de la época de Ciro el Grande

El ascenso de Persia

Ciro era rey de Anshan, un pequeño estado persa vasallo del poderoso reino de Media en el Irán occidental. En 553 a.C. se rebeló contra su suzerano, el rey medo Astiages, y en 550 a.C. conquistó Media, unificando persas y medos bajo su mando. No vengó la derrota: trató a los medos con respeto, mantuvo a sus nobles en posiciones de poder y adoptó muchas de sus tradiciones administrativas.

La caída de Media fue el preludio de una serie de conquistas que reescribieron el mapa del mundo antiguo. En 547 a.C. derrotó a Creso, el legendariamente rico rey de Lidia (en la actual Turquía), apoderándose de las costas jonias del Egeo. En 539 a.C. tomó Babilonia, la ciudad más grande y rica del mundo, sin prácticamente resistencia: el pueblo babilonio lo recibió como liberador del impopular rey Nabónido.

El Cilindro de Ciro: el primer documento de derechos humanos

Tras conquistar Babilonia, Ciro ordenó inscribir en un cilindro de arcilla un texto que declaraba su política de gobierno: libertad religiosa para todos los pueblos del imperio, permiso para los deportados de regresar a sus tierras, prohibición de la esclavitud forzada por deudas y reparación de los templos destruidos. Ordenó específicamente que los judíos deportados a Babilonia por Nabucodonosor II pudieran regresar a Judea y reconstruir el Templo de Jerusalén.

El Cilindro de Ciro (hoy en el Museo Británico) es celebrado como el primer documento de derechos humanos de la historia, aunque los historiadores advierten que su propósito principal era legitimar el dominio persa presentando a Ciro como el gobernante elegido por el dios babilónico Marduk. Independientemente de su motivación, la política de tolerancia religiosa y cultural que representa fue extraordinariamente inusual en la Antigüedad y contribuyó a la estabilidad del Imperio Persa durante generaciones.

La muerte y el legado

Ciro murió en 530 a.C. en una campaña contra los masagetas, un pueblo nómada al este del mar Caspio. La reina masageta Tomyris, según Heródoto, habría mandado sumergir su cabeza en un odre de sangre humana diciéndole: «Te saciaste de sangre durante toda tu vida; ahora sáciate de ella.» La historia tiene todos los visos de ser legendaria, pero captura bien la dimensión épica que los contemporáneos daban a Ciro.

Su tumba en Pasargada (Irán) fue construida por él mismo durante su vida. Cuando Alejandro Magno la visitó en 330 a.C. durante su conquista de Persia, dejó instrucciones de que fuera respetada y restaurada. Que el mayor conquistador del mundo griego rindiera homenaje a la tumba de Ciro dice mucho sobre la reputación que este mantuvo incluso entre sus enemigos durante siglos.

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💡 Curiosidades
  • 🐾 El Cilindro de Ciro (539 a.C.) es considerado la primera declaración de derechos humanos de la historia.
  • 🐾 Ciro liberó a los judíos cautivos en Babilonia y los dejó regresar a Judá: por eso la Biblia lo llama el Ungido de Dios.
  • 🐾 Su imperio abarcó más de 2 millones de km²: desde el Mediterráneo hasta el río Indo en solo 10 años.