El escudo redondo del hoplita griego, el aspis, pesaba aproximadamente 7 kilogramos y tenía más de 90 centímetros de diámetro. Era tan pesado y voluminoso que un guerrero no podía protegerse solo con él: la mitad izquierda del escudo protegía al compañero del lado derecho. Esta interdependencia obligatoria fue la clave del sistema de combate más efectivo del mundo antiguo: la falange hoplita.
El hoplita: el soldado ciudadano de la antigua Grecia
El hoplita era el soldado de infantería pesada característico de las ciudades-estado griegas desde aproximadamente el siglo VII a.C. El término proviene del aspis hoplon, el gran escudo redondo que lo identificaba. Los hoplitas no eran soldados profesionales en la mayoría de las polis: eran ciudadanos que se autofinanciaban su propio equipo (el panoplia completo costaba entre 75 y 100 dracmas, el equivalente a varios meses de salario de un trabajador medio). Solo podían ser hoplitas quienes tenían suficiente riqueza para costearse la armadura, lo que en términos políticos los convirtió en la clase social que sustentaba la democracia griega: los ciudadanos que defendían la polis tenían derecho a votar en sus asambleas. En Esparta, sin embargo, los hoplitas (los spartiates) eran guerreros profesionales que entrenaban desde los 7 años en el agoge, el durísimo sistema educativo espartano diseñado para forjar soldados perfectos.
El aspis y el dory: el escudo y la lanza de la falange
El aspis (también llamado hoplon) era el gran escudo circular que daba nombre al hoplita. Estaba hecho principalmente de madera, con una fina chapa de bronce en la cara exterior (a veces solo en el borde) y una doble empuñadura interior única: el porpax, una abrazadera de bronce o cuero para el antebrazo central, y el antilabe, una agarradera para la mano en el borde. Este sistema de doble sujeción (la llamada empuñadura argólica) permitía al hoplita manejar el escudo con más movilidad que los sistemas anteriores y liberar la mano derecha para el arma. El aspis medía más de 90 cm de diámetro y pesaba unos 7 kg. El dory era la lanza principal del hoplita: medía entre 2 y 3 metros, con punta de hierro en un extremo y un regatón de bronce en el otro (el sauroter, la cola de lagarto), que servía como contrapeso y como arma secundaria si la lanza se partía.
La falange macedónica y la sarissa de Filipo II
La falange hoplita tradicional fue revolucionada por Filipo II de Macedonia (padre de Alejandro Magno) en el siglo IV a.C. La innovación clave fue la sarissa: una pica de entre 5,5 y 7 metros de longitud, fabricada en dos piezas de madera de cornejo que se unían con un manguito de hierro. Su enorme longitud hacía que las puntas de las sarissas de las primeras cinco filas sobresalieran del frente de la formación simultáneamente, creando una barrera de picas imposible de penetrar. Los soldados de las filas posteriores sostenían las sarissas en ángulo ascendente, lo que desviaba proyectiles enemigos. La desventaja era que la sarissa requería ambas manos y el soldado llevaba un escudo más pequeño (la pelta) colgado del antebrazo. Este sistema, unido a la caballería hetairoi (compañeros) de Alejandro, fue la combinación que permitió conquistar el Imperio Persa.
Otras armas griegas: el xiphos, el kopis y la artillería
Además del aspis y el dory, el hoplita llevaba una espada corta como arma secundaria. El xiphos era una espada recta de doble filo con hoja de entre 45 y 60 cm, similar en concepto al gladius romano posterior. El kopis era una espada de hoja curva, más pesada, con el filo en el lado interior de la curva, usada para golpes de corte descendente; Alejandro Magno la usó en sus campañas asiáticas. Los peltastas eran infantería ligera que usaba la pelta (escudo ligero de mimbre o cuero) y el akon (jabalina ligera), ideales para escaramuzas y hostigamiento. La máquina de guerra griega también incluía artillería: la gastraphetes (ballesta abdominal), inventada según las fuentes antiguas en Siracusa hacia el 400 a.C., fue el antecedente de las catapultas y balistas que Dionisio I de Siracusa y luego los macedonios y romanos desarrollarían ampliamente.
Curiosidades sobre las armas griegas
- Abandonar el escudo en batalla era una de las mayores deshonras para un griego, porque significaba abandonar también al compañero del lado. En Esparta, el dicho tradicional que las madres despedían a sus hijos era «con él o sobre él» (refiriéndose al escudo): volver victorioso con el escudo o morir y ser traído sobre él.
- La caballería griega clásica era comparativamente débil porque los griegos no tenían estribos (no se inventaron en Europa hasta el siglo VII d.C.), lo que hacía muy difícil mantener el equilibrio para luchar desde el caballo con efectividad.
- Los cascos griegos evolucionaron desde el tipo corintio (que cubría toda la cara excepto los ojos y la boca) al tipo calcídico (con mejillas articuladas) y luego al tipo frigio. El casco corintio, tan icónico, dificultaba tanto la visión periférica que los hoplitas lo solían empujar hacia atrás cuando no combatían.
- Alejandro Magno llevaba siempre consigo un ejemplar de la Ilíada de Homero, anotado por Aristóteles, que guardaba bajo su almohada junto a su espada. Consideraba a Aquiles su modelo heroico.
- La Batalla de las Termópilas (480 a.C.) con los 300 espartanos de Leónidas es el ejemplo más famoso de cómo la falange hoplita podía compensar una enorme desigualdad numérica aprovechando el terreno adecuado.
Preguntas frecuentes
¿Qué armas usaba un hoplita griego?
El equipamiento estándar de un hoplita incluía: el aspis (escudo circular de madera y bronce, más de 90 cm de diámetro), el dory (lanza de 2-3 metros), el xiphos o kopis (espada corta de 45-60 cm como arma secundaria), el casco (generalmente de bronce, tipo corintio o calcídico), el linothorax o coraza de bronce (thorax) y las grebas (knemides) para proteger las espinillas.
¿Qué era la falange griega?
La falange era la formación de infantería pesada en la que los hoplitas se alineaban en filas compactas, generalmente de 8 filas de profundidad, con los escudos superpuestos formando una pared continua. Cada hoplita protegía con su escudo el lado izquierdo de su compañero de la derecha, creando una interdependencia que hacía la formación extremadamente sólida frontalmente, aunque vulnerable por los flancos.
¿Qué era la sarissa macedónica?
La sarissa era una larga pica de entre 5,5 y 7 metros introducida por Filipo II de Macedonia en el siglo IV a.C. Era tan larga que las puntas de las sarissas de las primeras cinco filas de la falange sobresalían simultáneamente del frente, creando una barrera de hierro impenetrable. Requería ambas manos para manejarse, por lo que los soldados llevaban un escudo más pequeño colgado del antebrazo.
