En el año 490 a.C., un ejército ateniense de apenas 10.000 hombres derrotó a una fuerza persa que triplicaba su número. La victoria en Maratón no solo salvó a Atenas: salvó la civilización occidental tal como la conocemos. Y el legendario corredor que llevó la noticia murió al llegar. O eso dice el mito.

El contexto: las Guerras Médicas
La Batalla de Maratón (490 a.C.) fue el episodio más decisivo de la Primera Guerra Médica, el primer gran enfrentamiento entre el Imperio Persa y las ciudades-estado griegas. El rey persa Darío I había enviado una expedición a Grecia con dos objetivos: castigar a Atenas y Eretria por su apoyo a la Revuelta Jónica (499–494 a.C.) y extender el dominio persa sobre el Egeo.
La flota persa, comandada por los generales Datis y Artafernes, cruzó el Egeo con un ejército que las fuentes antiguas cifran entre 20.000 y 100.000 hombres —cifras probablemente exageradas; los historiadores modernos estiman entre 20.000 y 30.000 soldados—. Tras saquear e incendiar Eretria, desembarcaron en la llanura de Maratón, a unos 40 km al noreste de Atenas.
Los griegos ante el dilema: esperar o atacar
Atenas reunió un ejército de hoplitas —soldados de infantería pesada— de aproximadamente 9.000-10.000 hombres, reforzados por 1.000 guerreros de la ciudad aliada de Platea. Esparta prometió ayuda pero no llegó a tiempo (alegaron razones religiosas: debían esperar a la luna llena).
El mando recayó en diez estrategos atenienses. El debate fue encendido: algunos querían esperar refuerzos dentro de las murallas de Atenas; otros, atacar cuanto antes. El estratego Milcíades, que había luchado anteriormente en el ejército persa y conocía sus tácticas, convenció a sus colegas de salir a combatir en campo abierto. El polemarco Calímaco dio el voto decisivo a favor del ataque.
La batalla: la táctica que cambió la historia
La mañana del combate, el ejército ateniense avanzó hacia los persas a paso de carga —una táctica inusual en la época— para reducir el tiempo de exposición a la lluvia de flechas persas. La formación griega era inusual: alas reforzadas y centro deliberadamente debilitado.
Los persas rompieron el centro griego, creyendo que ganaban. Pero las alas atenienses —más fuertes— envolvieron a los persas que habían penetrado el centro. Los persas, ahora rodeados, entraron en pánico y huyeron hacia sus naves. Los griegos los persiguieron hasta el mar. La batalla fue breve y devastadora: según Heródoto, los persas perdieron 6.400 hombres; los atenienses, solo 192.
Los 192 atenienses caídos fueron enterrados en el campo de batalla en un túmulo (montículo funerario) llamado el Soros, que todavía puede visitarse hoy en la llanura de Maratón.
El mito del corredor: Filípides y el origen del maratón
La historia más famosa asociada a la batalla es la del corredor que llevó la noticia de la victoria a Atenas. Según la tradición tardía (Plutarco la recoge en el siglo I d.C., 500 años después del hecho), un mensajero llamado Filípides corrió desde Maratón hasta Atenas —unos 40 km— para anunciar «¡Nenikékamen!» («¡Hemos vencido!»), y cayó muerto al llegar.
En realidad, Heródoto menciona a Filípides en un papel diferente: fue enviado a Esparta antes de la batalla para pedir ayuda, corriendo los 240 km en dos días. La historia del corredor de la victoria parece ser una elaboración posterior. No obstante, la carrera de los Juegos Olímpicos modernos de 1896 adoptó la distancia Maratón-Atenas (42,195 km) precisamente para honrar esta leyenda.
El significado histórico de Maratón
La victoria en Maratón tuvo consecuencias que van mucho más allá del campo de batalla:
- Demostró que los persas podían ser derrotados: rompió el mito de la invencibilidad persa y transformó la moral griega para las guerras siguientes (Termópilas, Salamina, Platea).
- Consolidó la democracia ateniense: fue el pueblo-en-armas quien venció, reforzando el orgullo democrático y la identidad cívica ateniense.
- Impulsó el liderazgo político de Atenas: la ciudad pasó a ser la primera potencia del mundo griego, iniciando su Siglo de Oro.
- Protegió la cultura griega: si Persia hubiera conquistado Atenas en 490 a.C., el desarrollo de la filosofía, la democracia y el arte clásico habría tomado un rumbo radicalmente diferente.
La Batalla de Maratón tuvo lugar en el año 490 a.C., durante la Primera Guerra Médica. Fue el primer gran enfrentamiento entre el Imperio Persa del rey Darío I y las ciudades-estado griegas.
Los griegos, principalmente atenienses con apoyo de los plateos, ganaron la batalla. Según Heródoto, los persas perdieron 6.400 hombres y los atenienses solo 192, una victoria aplastante contra un enemigo numéricamente superior.
En honor a la leyenda del mensajero que corrió desde Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria. Los Juegos Olímpicos modernos de 1896 adoptaron esa distancia (42,195 km) para conmemorar el hecho, aunque la historia original es probablemente una elaboración tardía.
Milcíades fue el estratego ateniense que convenció a los demás generales de atacar a los persas en Maratón en vez de esperar. Conocía las tácticas persas por haber servido anteriormente en su ejército, y diseñó la táctica de envolvimiento que resultó decisiva.
En la llanura costera de Maratón, a unos 40 km al noreste de Atenas. El túmulo funerario (Soros) donde fueron enterrados los 192 atenienses caídos aún puede visitarse, junto a un museo arqueológico en el lugar.
Los espartanos alegaron razones religiosas: según sus leyes, no podían partir a la guerra hasta la luna llena. Cuando finalmente llegaron al campo de batalla, la batalla ya había terminado. Esta ausencia reforzó el orgullo ateniense por su victoria.
