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Bizantinos

Periodo330 d.C. — 1453 d.C.
Duración~1.123 años
CapitalConstantinopla (actual Estambul)
Población~30 millones (s. VI, bajo Justiniano)
Extensión~3,5 millones km² (máximo bajo Justiniano)
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El Imperio Bizantino sobrevivió a la caída de Roma 1.000 años más, preservando la cultura clásica hasta el Renacimiento.

El Imperio Bizantino fue el Imperio Romano de Oriente que sobrevivió mil años más que su contraparte occidental: mientras Roma caía en 476 d.C., Constantinopla (la Nueva Roma fundada por Constantino I en 330 d.C.) seguiría siendo la ciudad más grande y rica de Europa durante siglos, y el Imperio Bizantino no caería hasta 1453, cuando las tropas otomanas de Mehmed II tomaron la ciudad tras 53 días de asedio. Durante esos mil años, Bizancio fue el escudo que protegió a Europa del avance islámico y el custodio del saber griego y romano que luego alimentaría el Renacimiento occidental.

El Imperio Bizantino fue la continuación directa del Imperio Romano oriental, con capital en Constantinopla (actual Estambul, Turquía). Aunque sus habitantes se llamaban a sí mismos romanos (Rhomaioi) y hablaban griego, la historiografía moderna los denomina «bizantinos» por Bizancio, el nombre griego antiguo del emplazamiento de Constantinopla. El Imperio duró desde la fundación de Constantinopla en 330 d.C. hasta su caída ante los otomanos en 1453 d.C.

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¿Dónde se ubicó el Imperio Bizantino?

El corazón del Imperio Bizantino era la Tracia y Anatolia (actuales Turquía y Grecia), con Constantinopla —estratégicamente situada en el estrecho del Bósforo, entre Europa y Asia— como capital inexpugnable. En su máxima extensión bajo el emperador Justiniano I (c. 555 d.C.), el Imperio recuperó temporalmente gran parte del antiguo territorio romano occidental: Italia, el norte de Africa (Túnez, Argelia, Libia), el sur de España (la provincia de Spania) y parte de la Península Balcánica. A lo largo de los siglos, el Imperio fue reduciendo su tamaño por las presiones de los árabes (que le arrebataron Siria, Palestina y Egipto en el siglo VII), los eslavos y búlgaros en los Balcanes, los turcos selyúcidas en Asia Menor (siglos XI–XII) y finalmente los turcos otomanos. En sus últimos siglos, el Imperio Bizantino quedó reducido a la ciudad de Constantinopla y algunos enclaves en Grecia y la costa del Mar Negro.

Mapa del Imperio Bizantino bajo Justiniano
El Imperio Bizantino en su máxima extensión bajo el emperador Justiniano I (c. 555 d.C.). Fuente: Wikimedia Commons

Historia del Imperio Bizantino

El Imperio Bizantino surge convencionalmente en 330 d.C. cuando el emperador Constantino I fundó Constantinopla como la «Nueva Roma» en el emplazamiento de la antigua ciudad griega de Bizancio. En 395, la muerte de Teodosio I dividió definitivamente el Imperio Romano en Oriente y Occidente. El siglo VI fue el apogeo bizantino: Justiniano I (527–565 d.C.) reconquistó Africa del Norte, Italia y parte de España, codificó el derecho romano en el Corpus Juris Civilis (base del derecho continental europeo hasta hoy) y construyó la monumental basílica de Santa Sofía. En el siglo VII, el surgimiento del Islam y la conquista árabe arrebató a Bizancio Siria, Palestina, Egipto y el norte de África. Los siglos VIII–IX fueron el período de la controversia iconoclasta, una guerra civil religiosa sobre la representación de imágenes sagradas. La dinastía macedónica (867–1056) marcó un nuevo apogeo cultural y militar. La derrota ante los selyúcidas en Manzikert (1071) perdió Asia Menor. Las Cruzadas, especialmente el desastre de la Cuarta Cruzada (1204), que saqueó Constantinopla y estableció el efímero Imperio Latino, debilitaron irreversiblemente al estado. Los últimos siglos fueron de declive progresivo hasta la caída de Constantinopla el 29 de mayo de 1453, ante el sultán Mehmed II «el Conquistador».

Legado del Imperio Bizantino

El legado del Imperio Bizantino al mundo moderno es enormemente subestimado. El Corpus Juris Civilis de Justiniano es el fundamento del derecho civil en toda Europa continental y América Latina. La arquitectura de Santa Sofía (532–537 d.C.), con su enorme cúpula sobre pechinas, revolucionó la arquitectura religiosa y fue modelo para las grandes mezquitas otomanas y la cúpula de San Pedro en Roma. La cultura ortodoxa cristiana —transmitida a Rusia, Bulgaria, Serbia, Rumanía y Grecia— es directamente heredera de Bizancio: el alfabeto cirílico, creado por los misioneros San Cirilo y San Metodio bajo patrocinio bizantino, es usado hoy por más de 250 millones de personas. Cuando Constantinopla cayó en 1453, los intelectuales griegos que huyeron a Italia llevaron consigo manuscritos griegos antiguos que nutrieron el Humanismo y el Renacimiento. La palabra «griega» que designa al Imperio Oriental fue acuñada por historiadores posteriores: los propios bizantinos jamás dejaron de considerarse romanos.