La Epopeya de Gilgamesh, escrita en tablillas de arcilla hace más de 4.000 años, contiene la primera historia de amistad épica de la literatura, el primer héroe que teme a la muerte y busca la inmortalidad, y un diluvio universal que precedió en siglos al relato bíblico de Noé. Gilgamesh fue real, y su historia cambió el mundo.

¿Quién fue Gilgamesh?
Gilgamesh fue un rey histórico de la ciudad-estado sumeria de Uruk (en la actual Irak), que gobernó probablemente alrededor del 2700-2500 a.C. Su nombre aparece en la Lista Real Sumeria como quinto rey de la primera dinastía de Uruk, al que se atribuyen 126 años de reinado —claramente una exageración mítica—.
Uruk fue una de las primeras ciudades del mundo, con una población estimada de hasta 80.000 habitantes en su apogeo, rodeada de murallas monumentales que el propio Gilgamesh habría ordenado construir. Estas murallas —que en la epopeya el rey menciona con orgullo como su legado más duradero— han sido identificadas arqueológicamente.
La Epopeya de Gilgamesh: la primera gran obra literaria
La Epopeya de Gilgamesh es considerada la obra literaria más antigua del mundo conocida en forma casi completa. Se compuso originalmente en sumerio a principios del segundo milenio a.C. y fue posteriormente ampliada y reescrita en acadio. La versión más completa, conocida como la Versión Estándar, data del siglo VII a.C. y fue encontrada en la biblioteca del rey asirio Asurbanipal en Nínive.
La historia fue grabada en doce tablillas de arcilla con escritura cuneiforme. El texto fue descifrado y traducido en el siglo XIX por el asiriólogo británico George Smith, quien en 1872 reconoció con asombro la historia del diluvio universal en la tablilla XI.
El argumento: amistad, gloria y la búsqueda de la inmortalidad
La epopeya narra la vida del rey Gilgamesh, mitad dios y mitad hombre, que al principio gobierna Uruk con tiranía. Los dioses crean entonces a Enkidu, un hombre salvaje criado entre animales, para contrarrestar su poder. Cuando los dos guerreros se encuentran, combaten ferozmente y acaban haciéndose inseparables amigos.
Juntos realizan grandes hazañas: vencen al gigante del cedro Humbaba y al Toro del Cielo enviado por la diosa Ishtar en venganza. Pero los dioses decretan que Enkidu debe morir como castigo. Su muerte hunde a Gilgamesh en la desesperación y el miedo a su propia mortalidad, desencadenando la segunda parte de la epopeya: la búsqueda de la vida eterna.
Gilgamesh viaja al fin del mundo para encontrar a Utnapishtim, el único mortal al que los dioses concedieron la inmortalidad (el superviviente del gran diluvio). Utnapishtim le revela la ubicación de una planta mágica que restaura la juventud en el fondo del océano. Gilgamesh la obtiene, pero una serpiente se la roba mientras duerme. Regresa a Uruk con las manos vacías, pero comprende que su inmortalidad está en las murallas que construyó y en la historia que dejará.
El diluvio de Gilgamesh: anterior al de Noé
La tablilla XI de la epopeya narra el relato del diluvio que Utnapishtim cuenta a Gilgamesh: los dioses decidieron destruir a la humanidad con un gran diluvio. El dios Ea advirtió en secreto a Utnapishtim, quien construyó una barca enorme, cargó en ella «la semilla de todos los seres vivos» y sobrevivió al diluvio. Al retirarse las aguas, soltó una paloma, una golondrina y un cuervo para comprobar si había tierra seca.
Los paralelismos con el diluvio de Noé (Génesis 6-9) son tan evidentes que han generado siglos de debate académico y teológico. Los estudiosos coinciden en que ambos relatos beben de una tradición mitológica mesopotámica común, aunque el texto de Gilgamesh es varios siglos anterior a los textos del Génesis en su forma escrita actual.
El legado de Gilgamesh en la cultura mundial
La Epopeya de Gilgamesh ha influido en la literatura occidental mucho más de lo que generalmente se reconoce. Sus temas —la amistad, el miedo a la muerte, la vanidad de la fama, la búsqueda del sentido— son universales y permanentes. El poema fue prácticamente olvidado durante más de dos milenios hasta su redescubrimiento en el siglo XIX.
Hoy es estudiado en universidades de todo el mundo y considerado el punto de partida de la tradición literaria épica que incluye la Ilíada, la Odisea, la Eneida y el Beowulf. En 2019, se recuperó en Irak una tablilla robada que contenía una versión inédita del Jardín de los Dioses, ampliando nuestro conocimiento del texto.
Sí, Gilgamesh fue un rey histórico de la ciudad de Uruk (actual Irak), que gobernó aproximadamente entre el 2700 y el 2500 a.C. Su nombre aparece en la Lista Real Sumeria. Las murallas de Uruk que menciona la epopeya han sido identificadas arqueológicamente.
Es la obra literaria más antigua conservada en forma casi completa, grabada en tablillas de arcilla con escritura cuneiforme. Narra las hazañas del rey Gilgamesh de Uruk, su amistad con Enkidu y su búsqueda de la inmortalidad tras la muerte de su amigo.
Ambos relatos son muy similares: un dios advierte a un hombre justo de un diluvio inminente, este construye una barca y salva a los animales, y suelta aves para comprobar si hay tierra. El texto de Gilgamesh es varios siglos anterior al Génesis en su forma escrita, y ambos probablemente comparten raíces en una tradición mitológica mesopotámica común.
La versión más completa fue hallada en las ruinas de la biblioteca del rey asirio Asurbanipal en Nínive (actual Mosul, Irak), durante excavaciones del siglo XIX. Las tablillas datan del siglo VII a.C. aunque el texto es mucho más antiguo.
Enkidu fue condenado a morir por los dioses como castigo por haber matado al Toro del Cielo y al gigante Humbaba. Murió de una enfermedad lenta y agonizante, y su muerte sumió a Gilgamesh en un profundo duelo que lo impulsó a buscar la inmortalidad.
No. Gilgamesh obtuvo la planta de la eterna juventud del fondo del mar, pero una serpiente se la robó mientras dormía. La epopeya concluye con la comprensión de que la verdadera inmortalidad de los humanos está en las obras que dejan: las murallas de Uruk son el legado duradero de Gilgamesh.
