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Celtas

Periodo800 a.C. — 50 a.C.
Duración~750 años
CapitalSin capital única (cultura descentralizada)
Población~15–20 millones (toda Europa celta)
ExtensiónDe las Islas Británicas a Anatolia
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Los celtas dominaron Europa durante siglos antes de Roma, desde Irlanda hasta Turquía, hablando variantes del mismo idioma.

Los celtas fueron la primera civilización que se extendió por casi toda Europa: en el siglo III a.C., pueblos de habla celta habitaban desde Irlanda y Britania hasta Anatolia (los gálatas del Asia Menor mencionados en la Biblia), y desde el norte de España hasta los Balcanes. Aunque nunca formaron un estado unificado, compartían una lengua, una religión druídica y un arte ornamental de una belleza y sofisticación extraordinarias, visible hoy en objetos como el caldero de Gundestrup o los torques de oro.

Los celtas eran un conjunto de pueblos de lengua indoeuropea que surgieron en Europa Central hacia el 800 a.C. —período conocido como cultura de Hallstatt— y se expandieron por el continente durante los siglos siguientes. La cultura de La Tène (c. 450–50 a.C.) representa su florecimiento artístico y cultural. Aunque fueron sometidos por Roma en la mayor parte de su territorio, las lenguas y tradiciones celtas sobreviven hoy en Irlanda, Escocia, Gales, Bretaña y Cornualles.

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¿Dónde se ubicaron los Celtas?

En su máxima extensión (siglos IV–III a.C.), los pueblos celtas ocupaban un territorio vastísimo. En el oeste: Irlanda, Gran Bretaña, la Galia (actual Francia, Bélgica y parte de Suiza), la Península Ibérica (celtíberos, galaicos, astures) y el norte de Italia (galos cisalpinos, que saquearon Roma en 390 a.C.). En el centro: los actuales Austria, Alemania meridional, Bohemia y los Balcanes. En el este: los gálatas cruzaron al Asia Menor y se instalaron en la actual Turquía central. Los grandes centros de la cultura celta estaban en las regiones de Hallstatt (Austria) y La Tène (Suiza), mientras que los oppida —ciudades amuralladas— se extendían por toda Europa. Hoy, las «naciones celtas» supervivientes son Irlanda, Escocia, Gales, Isla de Man, Bretaña (Francia) y Cornualles (Inglaterra).

Mapa de los pueblos celtas en Europa
Extensión de los pueblos celtas en Europa. Fuente: Wikimedia Commons

Historia de los Celtas

La historia de los celtas comienza con la cultura de Hallstatt (c. 800–450 a.C.) en los Alpes austriacos, caracterizada por metalurgia del hierro avanzada y un rico comercio con el Mediterráneo. La fase siguiente, la cultura de La Tène (c. 450–50 a.C.) en la región del lago Neuchâtel (Suiza), representa el apogeo del arte celta: espirales, entrelazados y figuras abstractas de una originalidad incomparable. En el siglo IV a.C., los galos (celtas de la Galia) cruzaron los Alpes e invadieron Italia, saqueando Roma en 390 a.C. Otros grupos se expandieron hacia los Balcanes y atacaron Delfos en 279 a.C. La conquista romana de la Galia por Julio César (58–51 a.C.) —narrada en sus propios escritos, los Commentarii de Bello Gallico— fue el golpe definitivo para la independencia celta en el continente. En Britania, la resistencia fue liderada por figuras como Boudica, reina de los icenos, que encabezó una gran revuelta contra Roma en 60–61 d.C. Solo Irlanda y la mayor parte de Escocia escaparon a la romanización, preservando la cultura celta de forma más pura.

Legado de los Celtas

El legado celta impregna la cultura europea de formas a menudo invisibles. El calendario celta y sus festividades —Samhain (origen de Halloween), Imbolc, Beltane y Lughnasadh— sobreviven transformadas en tradiciones populares de toda Europa. El arte celta, con sus característicos entrelazados y espirales, influyó profundamente en el arte medieval europeo, especialmente en la iluminación de manuscritos como el Libro de Kells. La mitología celta, preservada en las sagas irlandesas y galesas, nutrió la leyenda artúrica y gran parte de la literatura fantástica occidental. Las lenguas celtas supervivientes —gaélico irlandés, gaélico escocés, galés, bretón, córnico y manés— son hoy lenguas oficiales o reconocidas en sus territorios. El nacionalismo cultural celta del siglo XIX y XX revitalizó estas tradiciones, creando el movimiento pancéltico que conecta a más de 10 millones de personas de descendencia celta en todo el mundo.